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El blog de Valérie Tasso

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Algunos consejos para llevar tus juguetes eróticos de viaje (y no morir en el intento…)

Nada más poner el título, me ha parecido que este artículo apuntaba a ser un poco simplón. Y es que, si a estas alturas de la vida, hay que explicarle a una mujer cómo llevar sus artilugios de estimulación erótica en un avión, es que no vamos bien. Porque una cosa es prestar ayuda y consejo a alguien en situaciones complicadas y otra, tratarlo como si fuera un cretino que no sabe atarse el nudo de los zapatos.

Pero lo cierto es que todavía hay un número significativo de mujeres a las que esta situación de tener que pasar unos controles de seguridad con uno o varios juguetes eróticos le causa inquietud. Inquietud que suele aposentarse en estas recurrentes historias, algunas leyendas urbanas similares a la de la niña de la curva, que relatan como a Fulanita le abrieron la maleta y empezaron a preguntarle por cada uno de los artilugios que llevaba, o a Menganita la hicieron bajar del avión porque su maleta vibraba en bodega, o a Zulanita le confiscaron un estimulador vaginal, tamaño lanzagranadas, porque consideraron que, con eso, podía herir a algún miembro de la tripulación o sembrar un lujurioso caos en pleno vuelo.

Y sí, es verdad que prácticamente todas nosotras podemos contar alguna que otra historia divertida relativa a la detección de algunos de estos cacharritos, pero también es verdad que se han solventado sin mayores consecuencias. Contribuiré con una de esas historietas aunque sólo sea por justificar el tema.

 

Mi experiencia con una amiga

Una vez, hace años, viajaba con una amiga a Nueva York, y cuando pasaron por los rayos X su maleta, pude apreciar con claridad en la pantalla algo parecido a la máscara del “Dottore Peste” (una especie de enorme protuberancia ganchuda que se sujeta por cintas). Lo malo es que no fui yo sola quien se fijó en la pantalla sino que también lo hizo el responsable de seguridad.

Quizá, si hubiéramos ido a Venecia en época de carnavales, la cosa no hubiera tenido mayor importancia, pero tratándose de los EE.UU., el celo (entendido como el “recelo” y no las ganas de follar) se acrecienta. Le hicieron abrir la maleta a mi pobre amiga y le pidieron que mostrara tan extraño artilugio. Se trataba de un arnés con un falo de plástico (que hubiera podido hacer, por su tamaño, las delicias de una yegua cartujana) que se sujetaba con unas bridas a la cintura y los glúteos.

El empleado de seguridad lo observó intrigado. Después, no sé si con un exceso de mala baba o de purita ignorancia, le hizo dar explicaciones de para lo que servía aquello. Y ella, mi amiga, entre titubeos y rastros de rubor en sus mejillas, le explicó su función. La cosa se resolvió sin mayores inconvenientes cuando le pregunté al empleado de seguridad si lo que temía era que sodomizásemos al piloto.

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Algunos consejos a tener en cuenta

Lo cierto, y como venimos anunciando, es que transportar nuestros juguetes eróticos en un viaje no representa mayor problema. Si el artilugio es un vibrador, basta con bloquearlo para que no empiece a actuar de improviso. Los bloqueos, en las firmas de juguetería erótica de calidad, desactivan la unidad central, por lo que, aunque involuntariamente se accionen algunos de los controles, éste no va a empezar en ningún caso a moverse, pues la combinación que desactiva el bloqueo es prácticamente imposible que se dé de manera involuntaria.

Si lo que nos preocupa es la seguridad de nuestro juguetito y que este resista al “cariñoso” trasiego con el que se suelen manejar las maletas, lo mejor es llevarlo en el equipaje de cabina, aunque tengamos que pasar nosotras el control con él y no facturarlo. En caso de tener que facturarlo, por ejemplo porque llevemos varios, lo mejor es colocarlos en la parte central de la maleta, protegidos por alguna funda protectora y amortiguado de impactos por la ropa que transportemos.

Tampoco conviene olvidar el cargador y si es de toma de corriente (hoy en día, la mayoría recargan por USB) tener en cuenta la toma de corriente de los países donde nos dirigimos para, en su caso, llevar con nosotras un adaptador. Y poco más. Recordar, si acaso, que lo que transportamos no es una plantación de marihuana o un arma de destrucción masiva sino un elemento que nos dignifica mucha más que nos compromete.

Y si aun así topamos con algún “puntilloso” en la zona de seguridad, recordar que no hay más restricciones para llevarlos que las absolutamente razonables (si lo tuyo es el “medical” del BDSM, no te lleves cuchillas como para afeitar a media población de destino) y que si con lo que nos topamos es con algún “cachondo”, siempre se le puede decir que lo llevamos porque el mundo está cada vez más lleno de graciosillos que nunca suelen dar la talla y a los que hay que ayudarles con algún complemento (las vitaminas no siempre son suficientes…).

¡Ah! Y buen viaje… Y si éste es de vacaciones, recordar que las buenas son las que necesitan el resto del año para reponerse de ellas. Hay juguetitos eróticos a los que nunca se les acaban las pilas y a los que sólo les falta hablar (bueno, hablar, mejor quizá que no hablen).


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