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El blog de Valérie Tasso

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El suelo pélvico de los hombres

El llamado “suelo pélvico” se puso de moda en el ámbito sexual hace unos años si bien el interés por él, especialmente por las funciones que cumple en la continencia urinaria o fecal, data de bastantes más años atrás. Arnold Kegel, el ginecólogo estadounidense que ideó a mediados del siglo XX una serie de ejercicios para fortalecerlo, buscaba esa función primordial de mejorar las dificultades de incontinencia después de un traumatismo como el dar a luz, en las mujeres, o una intervención de próstata en los hombres.

Ahora, basta mencionar los ejercicios de Kegel y se tiende a pensar en bolas chinas y cuestiones ideadas para mejorar nuestra salud sexual o nuestro rendimiento amatorio… cosa que no es un error, aunque quizá sí una simplificación.  Y es que el suelo pélvico influye en procesos tan diversos como los mencionados, de mantener el control sobre los esfínteres uretrales y anales, pero también en la prevención de prolapsos (de útero o ano), en la correcta sujeción de los órganos internos de la zona y también en el control sobre nuestra respuesta sexual (por ejemplo, ayudando a gestionar, en los hombres, las eyaculaciones no controladas). Con lo que el suelo pélvico, pese a la mayor insistencia que se ha producido en la atención que debemos prestar en él las mujeres, especialmente por las cuestiones del parto, es algo que afecta a ambos sexos.

 

¿Cómo se conforma el suelo pélvico?

Anatómicamente, el suelo pélvico está compuesto de una serie de músculos, tendones y ligamentos que se extienden desde la pelvis al coxis. Tenemos que entender que no es un conjunto aislado sino que se encuentra interconectado con la zona adjunta, abdominal y lumbar, por lo que pueden ser tratados de forma más o menos autónoma pero sin olvidar que pueden verse afectados por problemáticas adyacentes. Y esto también vale tanto para hombres como para mujeres.

Las circunstancias específicas que en los hombres pueden llevar a realizar una valoración y rehabilitación de la zona, además de las comunes que mencionábamos relacionadas, por ejemplo, con la incontinencia, son diversas, pero algunas de las más frecuentes son la prostatitis y en general el agrandamiento de la próstata que afecta la resistencia de esta zona así como dificultades eróticas como la falta de control eyaculatorio o disfunción eréctil.

Indicar, también, que es una zona muy agradecida en su fortalecimiento y rehabilitación a poco que se cuide con ejercicios muy sencillos y mencionar también que no siempre los problemas derivados de ella se deben a un debilitamiento, sino que, en ocasiones, una excesiva tensión o una hipertonía pueden ser causas de dificultades como el estreñimiento o la eyaculación retardada.

 

¿Cómo puede localizar un hombre su suelo pélvico?

Un hombre puede por sí mismo localizar su suelo pélvico y hacer una valoración somera de en qué estado se encuentra. La forma más sencilla para localizarlo es equivalente a como lo podemos hacer nosotras a través de intentar interrumpir la micción; cuando se está orinando, probar a detener el flujo sin tener que mover las piernas o los glúteos y fijarse en la zona que se activa… esa zona será el suelo pélvico.

Un hombre con un suelo pélvico hipotónico tendrá dificultades en controlar el flujo de la orina o, por ejemplo, no podrá elevar a voluntad en erección una ligera toalla de mano situada en la punta del falo. También se puede sentir simulando esa circunstancia de interrupción de la micción palpando la zona del perineo (entre los testículos o la vagina y el ano).

En los hombres, una ligera presión en esa zona con dos dedos cuando sienten la eyaculación inminente la retrasa por el simple hecho de que, desde esa parte externa del suelo pélvico, se ayuda a presionar la próstata (una contracción que, de natural, hace un varón para contener la eyaculación)  Son simples indicadores “caseros” que, en ningún caso, sustituyen una visita más detallada a un fisioterapeuta del suelo pélvico.

 

Se puede trabajar el suelo pélvico de manera sencilla siempre y cuando sepamos localizarlo correctamente

Como decíamos, y por lo general, los ejercicios de fortalecimiento del suelo pélvico son muy sencillos aunque requieran, como premisa, la correcta localización de esa zona. Eso es importante porque los ejercicios deben realizarse específicamente sobre ese grupo de músculos sin que, para ello, tengamos que mover glúteos, abdominales, piernas o ningún otro grupo muscular.

Un hombre (y una mujer), si lo hace correctamente, puede estar ejercitando el suelo pélvico sin que absolutamente nadie a su alrededor sepa que lo está haciendo, con lo que, además, los puede realizar en cualquier circunstancia en la que se encuentre (desde conduciendo a duchándose o paseando por la calle y hasta en una comprometida entrevista de trabajo).

Una vez bien localizado, se trata de realizar de manera repetitiva y en las series que le indique el terapeuta lo mismo que haríamos si quisiéramos controlar una ventosidad o la salida de la orina. Los resultados suelen ser enormemente efectivos, por ejemplo en el control de la eyaculación y en apenas unos quince días de ejercitación, por lo que es una herramienta de mucha utilidad para los terapeutas que tenemos que lidiar con estas cuestiones en consulta.

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Ante todo, ¡tranquilidad!

Lo sé, estamos todos bajos unos niveles de exigencia monstruosos y con un histerismo informativo creciente en cuanto a lo que hay que comer, lo que hay que dejar, lo que hay que hacer (y hasta lo que hay que decir o pensar) como para ponernos ahora a contraer el ano (bastante apretado lo tenemos ya la mayoría) para ejercitar el suelo pélvico.

Así que mi última recomendación sería que, entre los varones, se lo plantearan aquellos que han pasado la treintena (es muy raro, salvo traumatismos o intervenciones, que antes de esa edad presente problemas) y que tengan algunas de las dificultades o hayan padecido algunas de las circunstancias que reseñábamos.

En el caso contrario de no presentar ningún síntoma, ¡tranquilidad!: es un conjunto muscular que se debilita, como el resto, con el paso del tiempo, pero que en general suele mantenerse en condiciones suficientes (no quisiéramos, desde aquí, contribuir al cada vez más fructífero “negocio” derivado de generar hipocondría y espanto en cuestiones de salud).


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