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El blog de Valérie Tasso

vaginismo

¿Qué es el vaginismo?

El vaginismo es, a nivel fisiológico, una contracción involuntaria de los músculos que rodean la cavidad vaginal, de manera que impide total o parcialmente la introducción del pene o cualquier objeto en dicha cavidad. Esa reacción, por tanto, manifiesta resistencia y opera con incomodidad, picazón, dolor y otros síntomas clínicos cuando “algo” se pretende introducir.

Ese “algo” no significa siempre “cualquier cosa” (un pene, un espéculo, un tampón o un collar de perlas cultivadas si a una le da por ahí) sino que, en ocasiones, es, pese a ser una reacción involuntaria, selectivo; tengo pacientes que no tienen ningún problema en ponerse un tampón durante la menstruación pero se crispan hasta el temblor cuando se les acerca un espéculo, y otras que permiten un análisis ginecológico con normalidad pero son incapaces de introducirse el dedo meñique.

En otros casos, ese “algo” es cualquier cosa que se aproxime a su vagina con fines introductorios. Lo que más suele inquietar de esta resistencia, por encima incluso de no poder ser examinadas ginecológicamente, es la imposibilidad o dificultad de practicar la erótica del coito, que, curiosamente, es un rechazo que suele ser común a todas las mujeres que padecen vaginismo.

Pero, más allá de esa descripción reactiva de carácter anatómico, lo que caracteriza el vaginismo es que es un rechazo. Un rechazo similar al que experimentamos cuando, por ejemplo, algo amenaza con introducirse en nuestros ojos y que se manifiesta por el cerrar involuntariamente los párpados.

Igual que sucede aquí, nuestro cuerpo puede devenir tolerable a ciertas manipulaciones que sabemos que no tienen por qué resultarnos traumáticas (por ejemplo, ponernos rímel, perfilarnos los ojos o introducir unas gotas de colirio), pero la gran diferencia entre el ojo y la vagina es que, mientras el primero tiene de natural el defenderse para protegerse (incluso sacrificando involuntariamente la mano si es necesario), la vagina no tiene porqué defenderse siempre de cualquier introducción porque está físicamente preparada para recibir algo en un mínimo de condiciones de aceptación (excitación, lubricación, dilatación…).

 

Las causas pueden ser tanto físicas como psicológicas

Cuando nos enfrentamos a un caso de vaginismo, tenemos que tener muy claro, por tanto, que su fundamento y su problemática son el rechazo. Así, si en una contractura se produce una manifestación física en la que determinados músculos se crispan involuntariamente para producir dolor de manera que el cuerpo esté obligado a detener la actividad, evitando males mayores, o una fobia nos produce una parálisis no racional frente a determinados estímulos (desde una araña a determinada altura), para evitar que el sujeto persista en esa situación y con el fin de no desestabilizarlo, en el vaginismo se suelen producir los dos rechazos; el físico, con una intervención de bloqueo muscular, pero también el psicológico (que esa situación que me angustia no eleve los niveles de mi angustia hasta límites ingestionables).

Por tanto, las causas que pueden desencadenar el vaginismo pueden ser físicas; desde una peculiar conformación de la cavidad vaginal, a problemas médicos (endometriosis, infecciones de orina, enfermedades de transmisión genital, tumores, etc.), pasando por trastornos hormonales que afecten a la lubricación (por ejemplo, los propios del climaterio) o intervenciones quirúrgicas en esa área (por ejemplo, una histerectomía total o parcial), así como tratamientos de radioterapia o de quimioterapia.

Pero también, pueden ser psicológicas, derivadas de la biografía de la paciente y la conformación de su sexualidad; desde situaciones traumáticas o de abusos, hasta miedo incontrolable a la gestación, pasando por problemas de pareja o situaciones de estrés y ansiedad emanadas del ámbito que sea (laboral, familiar, sentimental, etc.). Las causas primeras las puede determinar con cierta facilidad un examen médico de carácter ginecológico y las segundas, un/a profesional de la sexología, siendo, en algunos casos, imprescindibles una colaboración entre los dos tipos de profesionales.

 

El concepto de “atasco fantasma”: cuando la causa está resuelta pero perdura el efecto

Sucede, y esto es algo frecuente que nos encontramos en consulta con esta dificultad y muchas otras, que, una vez eliminada la causa originaria, el rechazo perdura. No sé si se habrán encontrado alguna vez en un atasco monumental y tienen la información de que se ha producido un percance unos kilómetros más adelante. Cuando llegan a ese punto kilométrico, ya no hay nada que obstaculice la vía (porque la situación ya fue resuelta) pero, sin embargo, el atasco perdura.

Esa situación de “atasco fantasma” es común en todos nosotros. O, como decía Nietzsche del enfado; es esa situación provocada por una causa que, una vez suprimida, el efecto perdura. Y es que, muchas veces, a partir de determinada causa que genera un consecuente efecto, nosotros, los humanos, “aprendemos” (y hasta nos resulta neuróticamente conveniente) el mantener el efecto aunque ya no haya causa que lo obligue.

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El vaginismo: una dificultad que tiene solución

Pese a todo lo que decimos, el vencer los desagradables y, en ocasiones, inhabilitantes efectos del vaginismo, no es una tarea ni mucho menos imposible. En sexología, contamos con múltiples herramientas que nos permiten abordarlo con garantías y sin que su tratamiento se tenga que alargar necesariamente mucho en el tiempo.

Y casi todas esas herramientas tienen un tronco común; la educación sexual que se combina con técnicas y sencillos ejercicios de aceptación progresiva de elementos introductorios. Con ello, se trata de que la mujer que padece esta dificultad conozca todos los elementos orgánicos y psicológicos que intervienen en ese rechazo y pueda intervenir con autonomía en ellos. El porcentaje de casos resueltos es muy elevado y la probabilidad de recaída se minimiza enormemente cuando la terapia ha sido abordada por el terapeuta y su paciente de forma adecuada.


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