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El blog de Valérie Tasso

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Pequeño léxico sexual para profanos (Parte II)

Escribimos, unos días atrás, un primer post (“Pequeño léxico sexual”) que tenía como finalidad el esclarecer algunos conceptos que manejamos en sexología a fin de intentar conseguir en el discurso del sexo esa difícil circunstancia, por ser mucho más extraño de lo que creemos, de  “hablar de lo mismo”. Eso no significa en absoluto que se diga, se piense o se enjuicie lo mismo en materia sexual, sino que se diga y se piense lo que se estime oportuno pero desde una base común (un “idioma” compartido) que nos permita, a partir de ella, comprendernos en nuestras diferencias de criterio.

Por lo tanto, estos conceptos que allí se expusieron y los que aquí se exponen, no son un dogma inamovible (como esos que dicen que llegaron del cielo grabados en piedra tras una zarza ardiente y en forma de mandamientos), sino las bases de una gramática que, como la lengua está en fase perpetua de revisión, adecuación y modificación, “viva” en definitiva, pero que, sin el acuerdo de partida, es imposible empezar a hablar y a pensar sobre el sexo. Seguimos, por tanto, con algunos de esos conceptos elementales que permiten entendernos.

“ARS AMANDI”: Expresión latina que remite a la compleja elaboración cultural sobre las maneras de sentir, comprender y expresar las múltiples y diversas formas de amarnos en cuanto seres sexuados que se atraen, se seducen y sienten afectos. Como conjunto de “maneras” que despliegan esa atracción, seducción y afectación, se trata de un valor y no de una predisposición natural y en cuanto valor cultural puede desarrollarse, desplegarse y potenciarse. Por tanto, comprende un concepto de muchísima más amplitud que los términos biológicos referidos al “instinto natural de reproducción” con el que se ha pretendido reducir y constreñir toda la amplitud cultural de relaciones y vinculaciones de los sexos. Equivaldría, en nuestro lenguaje al uso, a hablar  de “arte de amar” o “amatoria”.

EDUCACIÓN SEXUAL: Tarea principal de la sexología que comprende los mecanismos de intervención en la comprensión, ayuda y despliegue en los sujetos biográficos de su condición sexuada y sus procesos consecuentes en cuanto al valor que son. Dentro de estos múltiples recursos se encuentran subsumidos los derivados de la “salud sexual”, normalmente preventivos y correctores, pero que, en ningún caso, pueden éstos entenderse como la totalidad de la “educación sexual”, pues eso sería equivalente, por ejemplo, a creer que educar a un niño consiste exclusivamente en prevenirle de los riesgos del mundo sin explicarle lo que es el mundo. Además, la “salud sexual” (necesaria también dentro de la educación sexual) tiene como base la condición problemática de ser sexuado mientras que la educación contempla y permite desarrollar el valor de ese ser sexuado.

HECHO SEXUAL HUMANO: Es un “hecho”, en cuanto a que es algo que nos viene dado, algo que nos conforma sin que podamos elegir que lo haga o no, es “sexual” en cuanto que es un hecho perteneciente a la irrenunciable condición de ser sexuado y es “humano” en la medida que, si bien el “hecho sexual” se da en otras especies animales, aquí se singulariza y acontece en las particularidades y complejidades de lo humano.

El “hecho sexual humano” engloba y de él se desprenden todos los procesos y formas eróticas de relación con “el otro” y los propios de conformación del individuo en cuanto a ser sexuado; de la sexuación (en cuanto estructura) a la sexualidad (en cuanto vivencias).

CONTINÚO DE LOS SEXOS: Concepto fundamental de la sexología que sostiene que no tenemos conformaciones binarias de sexo (macho o hembra) sino que todas las personas participamos en mayor o en menor medida de los “sexos” a través de las distintas conformaciones desarrolladas en nuestros procesos de sexuación y sexualidad. No existen, por tanto, elementos “puros” en los sexos  (sólo hombres o mujeres) sino tan solo “preeminencias” que, de una u otra forma y con mayor o menor intensidad, participan de lo otro. Eso supone que es absurdo hablar de un sexo sin referirse a los sexos… Por ejemplo de “hombre” si no es en referencia a la “mujer” y viceversa, pues no se pueden explicar aislados sino en su relación.

RESPUESTA SEXUAL HUMANA: Hace referencia a lo que sucede cuando, desde el “hecho sexual humano”, se produce el encuentro. La respuesta sexual humana analiza y categoriza, por tanto, los distintos modos y fases que se producen en los sexos en al momento de su encuentro erótico. El esquema que ha sido más admitido es el que se establece a partir de los estudios de Masters y Johnson, junto a las aportaciones de sexólogos posteriores y que incluiría cinco fases; Deseo, Excitación, Meseta, Orgasmo y Resolución (o fase Refractaria) y que se conocen por sus siglas D.E.M.O.R. Esta respuesta sexual es común y compartida por los sexos y es, además, una útil ayuda para determinar e intervenir en las distintas dificultades sexuales que pueden aquejar al sujeto.

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Eugenio, el célebre humorista, solía contar un chiste; un paciente se acerca al doctor y cuando éste le pregunta el motivo de su consulta, le indica que viene a instancias de su mujer porque ella sostiene que él no sabe decir “Federico”. Asombrado, el médico le pide que pronuncie la palabra “Federico” y el paciente la repite perfectamente marcando cada una de las sílabas y vocalizando con absoluta claridad, a lo que el médico le dice que no le sucede nada y que vuelva a casa tranquilo.

Cuando éste llega a su casa y su mujer le pregunta por el resultado de la visita, él le responde que el doctor lo ha encontrado estupendamente y que no hay porqué alarmarse de nada, para a continuación indicarle a su esposa; “La visita me ha dado una sed terrible, ¿puedes ir al Federico y traerme una cerveza fresquita?”. Y es que entenderse es mucho más que repetir correctamente algo cuyo significado se desconoce…


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