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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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¿Qué es la “post coitum tristitia”?

En el bilingüismo sexual, esa particular manera que tenemos, cada uno de los sexos, de expresarnos, y que resulta conflictiva en nuestras comunicaciones, sucede que uno de los momentos de mayor desencuentro es, a veces, justo después de la interrelación sexual.

Del mismo modo, la particular concepción emocional que los propios sexos tienen de los afectos también puede entrar en situación de conflicto justo en ese mismo momento. Por poner en situación, de una forma un tanto esquemática y tópica a lo que nos referimos; acaban de follar, él le da una palmadita y se da la vuelta para echarse a dormir, ella se siente un tanto desamparada afectivamente y utilizada sexualmente, le dice que le quiere y él musita un “y yo también” que, a ella, le suena más a un “déjame dormir” que a lo que posiblemente es, de verdad, un “te quiero”.

 

El origen de la expresión latina

A lo que propicia esa situación lo caracterizó Aristóteles o anteriormente Hipócrates con la expresión “omne animal post coitum triste est” (“todo animal está triste tras el coito”). En realidad, la idea puede ser de Aristóteles o de Hipócrates, pero la expresión literal no es de ellos, por el simple hecho de estar escrita en latín y ser ambos griegos, por lo que parece que la literalidad pertenece a Galeno, un médico romano del siglo II d.C, considerado el padre de la medicina moderna (todavía hoy en día y como cultismo, utilizamos su nombre para designar de forma genérica a un médico).

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El significado de “post coitum tristitia

La “post coitum tristitia” parece designar un estado de decaimiento, cansancio y abatimiento físico pero también de sosiego, sentimiento de culpa y melancolía, que se produce en la fase del periodo refractario que deriva del orgasmo en la secuencia de nuestra respuesta sexual.

Conviene señalar dos cuestiones en la expresión; que  habla de “todo animal”, cuando en realidad se está refiriendo mayoritariamente a los machos (pero ya sabemos que asociar “macho” con “todo” ha sido el fundamento en los órdenes de la organización patriarcal) y de “tras el coito”, cuando en realidad no arremete ese sentimiento tras el coito necesariamente, sino tras el orgasmo sea cual sea la forma o la erótica para conseguirlo (pero ya sabemos que a esa organización patriarcal le ha interesado propiciar una indisoluble sinonimia entre coito e interacción sexual).

Lo de que sólo e indefectiblemente, tras cada encuentro erótico, le suceda a los varones es algo que, pudiendo ser recurrente dista mucho de ser una ley universal; hay varones que, de momento, se sobre estimulan y euforizan para relajarse después, hay varones en los que no se manifiesta mucho o nada ese decaimiento y hay mujeres a las que les sucede lo uno y lo otro… La imposibilidad de catalogar taxativamente esa reacción tras el orgasmo y que cuando se produzca lo haga de manera exclusiva en los valores se debe, entre otros motivos, a eso que en sexología se llama el continúo de los sexos, es decir, el que todo individuo, participa en mayor o menor medida del otro sexo.

 

¿Por qué sucede?

En cualquier caso, esa melancolía post orgásmica es algo que, por producirse, ha interesado en mayor o menor medida a un buen número de estudiosos, además de los mencionados; desde el filósofo latino Boecio que se intrigaba sobre cómo la euforia previa devenía tristeza, hasta el mismísimo Freud que se interesaba por la liberación de energía libidinal que desencadenaba dicho melancólico estado, pasando por los sexólogos Havelock Ellis y Kinsey, preocupados en su origen e incidencia en el hecho sexual humano.

Así que se han formulado un buen número de teorías sobre el porqué eso sucede y que abarcan disciplinas tan diversas como la filosofía, la psicología, la medicina o la sexología. Actualmente, el paradigma que parece haberse convertido en el portador único y verdadero de la verdad es la biología, así que también en este asunto ha metido mano con sus hormonas y aminoácidos para relatarnos que lo que se produce se produce en nuestra bioquímica, tras el orgasmo, con las caídas bruscas e irrupciones súbitas de dopaminas, oxitocinas, adrenalinas y demás mejunjes narcóticos que nos rondan por las entrañas.

A servidora, que le siguen gustando más los sentidos que los enlaces bioquímicos, le gusta pensar en la melancolía que produce el haber tocado el cielo durante un instante y haber vuelto a caer en la tierra. Ese fracaso erótico del que, queriendo ser uno con el otro deviene, de nuevo, él mismo… Y es que, fuera como fuese, la “post coitum tristitia” es, ante todo, algo muy propio de ese animal humano que, de tanto que ama, se pone triste.


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