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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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Mi pareja me ha pillado masturbándome…

El que uno o una se masturbe solo, estando en pareja, sólo es indicativo de que uno o una se masturba. El que lo haga o no con el soporte visual del porno sólo es indicativo de que se masturba. El que uno o una se masturbe tres veces al día o lo haga una vez al año, aprovechando los bisiestos, sólo es indicativo de que se masturba. El que uno o una se masturbe sin que haya impedimento alguno para interactuar sexualmente con su pareja sólo es indicativo de que se masturba. Y el que una persona se masturbe es sólo indicativo de la condición deseante de su ser erótico. El buscar indicativos de algo, de forma que este algo se ajuste a lo que presuponemos, prejuzgamos o tememos de él, es algo muy consustancial a nuestra condición de animales que tienen que comprender y dar sentido al mundo. Así, si creemos que el mundo es un patatal donde reina la injusticia y el caos, bastará con que el autobús se retrase un minuto para que eso sea un indicativo irrefutable de que tenemos razón en nuestra desesperanzada comprensión del mundo. Del mismo modo, si creemos que nuestra pareja es un elemento que sólo está esperando el momento oportuno para clavárnosla por detrás con una rubita veinteañera, el pillarlo masturbándose viendo dos jovencitas que retozan en un vídeo casero será el indicativo incontestable de que teníamos razón en nuestra sospecha. Pero, lo único que revela ese indicativo concreto es nuestro cuestionable juicio (nuestras aprensiones, inseguridades y miedos) y no la realidad (que sólo es que nuestra pareja, afortunadamente, se masturba).

 

Los motivos que producen recelo cuando nos pillan masturbándonos

La masturbación es una erótica que se puede practicar en solitario, en pareja o con todo el elenco de la sinfónica de Berlín, pero cuando se practica en solitario y especialmente dentro del ámbito doméstico, requiere unas condiciones de intimidad que prácticamente son inigualables a las que puede exigir cualquier otra actividad íntima. Mientras que hay miembros de la pareja que no sienten el mínimo pudor en ducharse, roncar, ventosear o sentarse en el retrete frente a su compañero/a, no he conocido a nadie que, cuando quiere masturbarse a solas (sin ninguna intención secundaria como la de incitar al otro), se deje ver. La causa de este recelo a ser visto, especialmente por la pareja, puede estribar, además de lo íntimo que indicábamos, en la cantidad de tópicos y memeces con fines condenatorios que rodean la masturbación. Fundamentalmente, el creer que la masturbación es una especie de sexualidad “débil” que se realiza con fines sustitutorios. Su consideración de “último recurso” o de “recurso de emergencia” hace que, ya de partida, el o la que se masturba no quiera mostrarse así frente a su pareja, es decir, aparentar debilidad o escasez de recursos. El componente sustitutorio que persigue a la masturbación como el que se la considere erróneamente como un sucedáneo de una interacción sexual (cuando es una interacción sexual en sí misma) o como dirigido a un reemplazo de la persona amada, tampoco suele ayudar a que una se exhiba frente a su pareja en estos delicados menesteres.

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Respetar la intimidad del otro y saber proteger la propia

Por lo que cuando nos pillan o pillamos a nuestra pareja con las manos en la masa, tiende a producirse una situación delicada que puede solucionarse con un poco de rubor y unas risas pero que, a veces, desencadena auténticas tormentas domésticas (habla aquí la terapeuta). Como el cambio de consideración de lo que verdaderamente es o significa el masturbarse va a costar Dios y ayuda que se produzca, lo más aconsejable es un principio que suele ser de extraordinaria eficacia en éste o muchos otros ámbitos del territorio pareja; respetar la intimidad del otro y saber proteger la propia. Y esto es también aplicable a nuestros hijos e hijas; si crees que él o ella pueden estar masturbándose, respétalos en su parcela erótica y no te inmiscuyas ni recrimines después. Y es que lo público, el valor de lo que todos haremos en relación con los otros, sólo puede forjarse convenientemente con una sólida estructura íntima… Y eso no se consigue fácilmente ni es cosa de un “quítame allá esas pajas”.


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