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El blog de Valérie Tasso

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¿Cuál es la mejor postura sexual para quedarse embarazada?

En realidad, durante una interacción sexual, casi cualquier postura coital vaginal (naturalmente, si el coito es anal o en las axilas, la cosa se dificulta…) posibilita el que se pueda producir la concepción, aunque sí es verdad que algunas pudieran ser algo más propicias. El motivo es tan sencillo como entender lo que facilita el embarazo: que el semen (lo que nos interesa es el esperma, pero hablaremos del conjunto) se conserve desde su eyección en la mayor cantidad y el mayor tiempo posible en lo que podríamos llamar su “recorrido reproductivo” y que incluiría la puerta de entrada al útero (el cérvix, situado al final de la vagina), el útero en sí, las trompas de Falopio y finalmente los ovarios. Y también, que en ese tiempo de permanencia activa allí, los espermatozoides no tengan dificultades añadidas (bastante tienen ya con las propias). Dificultades añadidas como, por ejemplo, el tener que remar cuesta arriba (los espermatozoides son habilidosos pero no son salmones) porque nos incorporemos súbitamente tras el coito, o la de verse expulsados en buen número desde la vagina, bien por contracciones voluntarias de la cavidad vaginal, bien porque nos sentemos inmediatamente después en la taza del váter a hacer pipí.

Pero conviene saber algunas cosas más. La vagina es un medio sumamente hostil para los espermatozoides. En realidad, para cualquier extraño que se aventure por sus dominios. Su PH ácido así como la abundante flora bacteriana cumplen una eficaz función defensiva frente a algunos elementos patógenos que puedan dañarla… y, también, contra los espermatozoides. Ese incómodo “umbral” que es la vagina hacia el útero lo sabe el hombre…  No es que “Pepito” o “Manolito” lo sepan necesariamente, es que su cuerpo puesto en modo “reproductivo” lo sabe.  Ese “saber” se manifiesta en varias cuestiones. Por ejemplo, desde la propia anatomía del pene (especialmente del glande), a la manía por las penetraciones profundas, pasando por emitir el semen en forma de eyaculación (dispararlo en lugar de depositarlo) o no retirarse de la vagina, normalmente, hasta que el pene ha vuelto a alcanzar su estado de flacidez.

La peculiar forma cónica del glande con una base más amplia que el tronco del pene parece, según algunos estudiosos de esto (que hasta los hay), que pudiera servir para desalojar, actuando como un émbolo, cualquier resto espermático que pudiera quedar de alguien que lo hubiera precedido. Eso de “evacuar” explicaría también el por qué hay esa sensibilidad posterior a la eyaculación que casi obliga al varón a permanecer en la vagina hasta que la erección haya desaparecido… si saliera de inmediato y en erección, podría desalojar su propio semen. Las embestidas profundas, lo de “empotrar” a una contra la pared, que nos suele hacer muy poca gracia, se debe a que el pene, especialmente en el varón inexperto, busca arrimarse al máximo siempre al cuello del útero por si una imprevista eyaculación se produjese. Y, ligado con esto, el que la salida del semen se produzca por una eyección y no se “deposite” simplemente se debe, no a que así quedan bien en las películas porno, sino a intentar evitar que el semen tenga que permanecer en la vagina y que se “pegue” o se quede lo más cerca posible del cuello del útero. Sabiendo esto, también podemos deducir que las posturas que, por ejemplo, permiten una penetración profunda, son más adecuadas a la finalidad de la concepción.

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Algunas posturas idóneas

Con todo esto, se puede deducir que, si bien la postura no es lo más determinante, sí nos puede ayudar en algo. Una de las más recomendables sería la del “misionero”, pero con las piernas de ella en alto (lo más alto posible); bien recogiendo con ellas la cintura del varón, bien con los pies sobre sus hombros (a esta variante, algunos la denominan “profunda”) o bien con los pies apoyados en su pecho de forma que él haga descender, al penetrar, nuestros muslos hasta nuestro pecho (variante que, a veces, se  llama “Indra”). Y entre las del “cara a cara”, también sería recomendable la que algunos denominan “el trapecio”: el hombre sentado frente a la mujer con las piernas estiradas y la mujer tumbada frente a él con sus piernas sobre las de él, de forma que la pelvis de ella quede elevada (que la pelvis quede elevada es buen asunto en cualquier posición).  El “coito a tergo” vaginal, es decir, por detrás (lo que muchos llaman “el perrito”) también sería recomendable, especialmente si la altura de ambos permite que ella pueda recostar la cabeza en la base que los sustenta (el colchón normalmente), formando un marcado ángulo de inclinación desde sus glúteos hasta la cabeza… Si él está detrás, porque su altura lo permite, con las piernas ligeramente levantadas y no de rodillas, la penetración es todavía más profunda (cuidado, que la profundidad puede ser molesta en el cuello del útero).

Y si ninguna de estas posturas consigue su objetivo, paciencia… Por lo menos, la espera habrá sido entretenida.


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