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El blog de Valérie Tasso

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La enfermedad de La Peyronie: cuidado, que vienen las curvas…

No sé yo si será por una arcaica asociación masculina entre el pene y la espada (o el espadín), pero una de sus mayores inquietudes, además de no saber desenvainarla a tiempo, es la de la falta de rectitud en la hoja. Existe, vaya Vd. a saber por qué extraña creencia, que un pene en erección (un falo) debe ser lo más recto posible, y en cuanto se detecta a cualquier edad una cierta curvatura, empiezan a entrar los sudores fríos… olvidando, por ejemplo, que el sable o la cimitarra no es que estén torcidos, es que son así. Todos los penes del mundo, en mayor o menor medida, tienen en erección alguna curvatura; la mayoría, y por cuestiones funcionales de adaptación a la cavidad vaginal, presentan una inflexión en dirección ventral y tienden ligeramente a apuntar un poco a la izquierda o a la derecha de una imaginaria línea recta… Pero hay otros tipos de curvas, torsiones y dobleces sobrevenidas que no tienen ni gracia ni virtud funcional alguna. Son las derivadas de la malformación conocida como “enfermedad de La Peyronie”.

 

¿En qué consiste esta enfermedad?

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, el pene se compone básicamente de tres cuerpos cavernosos (uno de los cuales está atravesado por la uretra) que recogen la sangre para permitir la erección. Estos tejidos cavernosos están recubiertos de una envoltura fibrosa compuesta mayoritariamente de colágeno y en mucha menor medida de elastina (que permite su extensión), conocida como “túnica albugínea”. Pues bien, este recubrimiento e incluso el cuerpo cavernoso adyacente pueden padecer una rotura (normalmente por un traumatismo estando en erección) produciendo lo que se conoce como “fractura de pene”, pero también pueden padecer progresivamente, sin que por el momento se conozcan las causas, una fibrosis benigna (una proliferación reparativa o reactiva de tejido conectivo) que genera una placa no elástica que impide que, cuando se produce la erección, esa zona afectada mantenga la elasticidad. Eso supone que, al no extenderse como el resto del falo, produzca una marcada incurvación en la dirección donde se encuentra la fibrosis (imaginen que intentan inflar un globo pero mantiene pellizcada una zona; invariablemente el globo se curvará hacia el pinzamiento). A ese proceso, se le denomina “enfermedad de La Peyronie”. El doblez que se produce en el falo por esa circunstancia suele ser doloroso, puede darse en cualquier dirección y puede llegar a imposibilitar, por el dolor pero también por el propio pliegue, cualquier tipo de interacción sexual con penetración.

Su evolución, normalmente, aunque no siempre, y desde el momento en que se detectan los primeros síntomas (la placa de la fibrosis suele detectarse con una simple palpación del miembro), suele ser el ir a peor acrecentando el ángulo de la curva. Desde los momentos iniciales hasta la consolidación final de la fibrosis, pueden pasar hasta dos años. Como decíamos, no se conoce el motivo de que esta anomalía se produzca (si bien puede tener relación con un traumatismo o con pequeños traumatismos repetidos) y su tratamiento no es sencillo y suele acabar en una intervención quirúrgica (para la que hay que esperar la estabilización de la placa), que tampoco es sencilla.

 

La Peyronie fue un cirujano francés del siglo XVIII

A modo de curiosidad, el peculiar nombre de la malformación se lo debemos a un cirujano francés del siglo XVIII, François Gigot de La Peyronie, que tuvo entre sus pacientes al mismísimo Luis XV, el que posiblemente y por su inclinación a las “carnalidades” extra e intra maritales (tuvo diecisiete hijos legítimos, si no me he descontado), no debió ser el objeto de fijación del buen cirujano en la catalogación del trastorno. Vamos, que el “cetro” de su majestad debía funcionar con cierta eficacia aunque, a más de uno, debió de “metérsela doblada”, pues no evitó sentar las bases para que se produjera la Revolución Francesa y la decapitación de su sucesor, su hijo Luis XVI. Y es que hay cirugías que cortan por lo sano…


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