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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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El hermafroditismo y la intersexualidad

El tema se las trae, pues cumple con todos los requisitos para ser complejo y ser complejo en muy diversos aspectos. Es complejo conceptualmente que la mayoría de personas comprenda a qué afecta en diversos ámbitos biológicos y culturales, es complejo que comprenda lo que supone para el individuo en concreto (para la construcción de sí mismo que él hace y que le “sujeta” en cuanto sujeto) y es compleja la comprensión de cuál debería ser la actuación social frente a este asunto (y no me refiero sólo a la actuación que podríamos denominar “moral” sino también la “médica”). Además, como suele suceder con las cuestiones complejas, lejos de simplificarse en su exposición, tiende a complejizarse aún más.

 

Dos términos que son a veces sinónimos y otras veces no lo son en absoluto

De partida, hay dos términos que suelen utilizarse para abordar el asunto y que, en ocasiones, se usan de manera sinonímica pero otras no. Son la “intersexualidad” y el “hermafroditismo”. Si atendemos a los diccionarios de uso común, por “hermafrodita” se entiende en su primera acepción: Que tiene los dos sexos y en la segunda “Dicho de una persona: que tiene testículos y ovarios, lo cual le da la apariencia de reunir ambos sexos”. En relación a la “intersexualidad”, la RAE la define como: cualidad por la que el individuo muestra, en grados variables, caracteres sexuales de ambos sexos. Con estas definiciones quizá uno pueda hacerse una idea vaga (muy vaga… ¡ojalá la realidad fuera tan simple!) de a lo que nos referimos, pues múltiples preguntas surgen inmediatamente; ¿es posible tener ambos sexos?, ¿qué quiere decir que le “da la apariencia” de reunir ambos sexos? (¿los tiene o no los tiene?), ¿es sólo un asunto de “apariencia”?, ¿qué quiere decir que “muestra” caracteres sexuales de ambos sexos?, etc. Si soy una mujer pero mis caracteres sexuales secundarios, como la gravedad de mi voz o el vello en las piernas, “parecen” masculinos o los terciarios (como mi fenotipo o actitudes como la agresividad) se “muestran” masculinos, ¿es que soy ya “intersexual”? Cuando respondemos a estas preguntas, vemos que las definiciones, además de vagas, son inexactas.

 

Una circunstancia que puede convertirse en una tragedia existencial

Cuando se detecta el nacimiento de un bebé intersexual (una persona intersexual no siempre es detectada al nacer), lo primero que hay que determinar es la causa de dicha intersexualidad y las manifestaciones de dicha intersexualidad (que pueden ser múltiples; desde un varón infravirilizado o hembra virilizada a una deficiencia de hormonas foliculares con insuficiencia en una mujer de cortisol o aldosterona, pasando por trastornos cromosómicos o mil alteraciones más).

El determinar esto, las causas y la manifestación, es capital, pues la vida del bebé puede depender de ello, y si se da esta circunstancia, en algunos otros casos, hay que “decidir” en base a los datos genéticos y gonadales que se disponen si el bebé es masculino o femenino y practicar una cirugía, compleja a nivel técnico y ético, de asignación de sexo. La tremenda decisión suele quedar en mano de los progenitores pero bajo el asesoramiento de genetistas, endocrinos, pediatras y cirujanos especializados… Y es una decisión que, además de lo difícil por determinante e irreversible, debe tomarse rápido. Pero, pensémoslo un momento: esa decisión sobre la sexuación de alguien se determina sin que ese alguien haya siquiera podido desarrollar su sexualidad; ¿y si asignas un sexo masculino a una mujer o al revés? La tragedia existencial de la persona está servida.

Uno de los casos más célebres y espeluznantes de una errónea asignación quirúrgica de sexo, realizada además sobre un individuo no intersexual, fue el de “los gemelos de John Money”. El neozelandés John Money, psicólogo y sexólogo, fue una de las personalidades más controvertidas de la investigación científica de finales del siglo XX; alabado por algunos y detestado por otros por sus pioneras y controvertidas tesis sobre identidad sexual y teorías de género.  En 1966, se enfrentó a un caso muy particular: a dos gemelos varones nacidos el 22 de Agosto de 1965, se les detectaron problemas de fimosis sin mayores consecuencias. Cuando se intervino de fimosis al primero de ellos, David Reimer, un error en la cirugía le supuso la extirpación del pene. Llegado el caso a sus manos, Money decidió que lo mejor para él era el realizarle una reasignación de sexo y convertir sus testículos en una vagina. A este tratamiento quirúrgico le debía seguir, según recomendación de Money, una educación sostenida por parte de la familia como si de una chica se tratase. Pero pronto, empezaron los problemas; David (que nació como Bruce, después fue llamado Brenda y finalmente adoptó el nombre de David), no era una chica.

Tras múltiples calvarios, que incluyeron con catorce años una nueva reasignación de sexo, esta vez hacia el masculino, David Reimer acabó suicidándose en 2004. Su hermano gemelo, con posibles problemas de esquizofrenia, se había suicidado dos años antes. No sabemos si la causa exclusiva del desequilibrio de David fue la temprana y errónea asignación quirúrgica de sexo, pero sí podemos asegurar que en nada le ayudó. Pero es que además, la intersexualidad, que como decimos no era el caso de Reimer, no sólo se puede manifestar o ser detectada  al nacer sino que puede mostrarse en su aspecto puramente biológico y no cultural a lo largo de la evolución vital del sujeto.

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La intersexualidad no encaja en esa categorización que se pretende universal de “hombre” o “mujer”

Imaginen por un momento que de cualquiera de las mil maneras posibles no se produce una coincidencia entre nuestro sexo genético (el determinado por los cromosomas) y nuestro sexo gonadal (el determinado por los genitales), ambos conformantes del llamado “sexo biológico”. Remarcamos esto de “sexo biológico” porque no estamos hablando ya, por tanto, de que “culturalmente”, en su “sexo social”, el individuo no halle su propio reconocimiento en las dos opciones de género (el  tremendo malestar identitario de la “transexualidad”; el que, por ejemplo, habiendo nacido niña, con genitales femeninos, educada como una niña y que, de adulta hasta puede sentir deseo sexual por los hombres…“siente” su verdadera identidad y se reconoce en la de un varón). Y es que la intersexualidad no es asunto de carácter cultural sino biológico; hablamos de que, de partida, en lo “ya dado”, en su cuerpo, no encaja en esa categorización que se pretende universal de “hombre” o “mujer”. ¿Se imaginan ni por asomo lo que supone para el individuo eso? Pues, si de verdad consiguen hacer el esfuerzo y son capaces de imaginarlo, aunque sea en su aspecto más superficial, están algo más cerca de comprender la realidad del hermafroditismo y la intersexualidad… Y se habrán dado cuenta de que el asunto da para muy poquitos chistes.


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