mujerHoy

Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

o-WHEN-HARRY-MET-SALLY-facebook

¿Qué es el “Síndrome de Excitación Sexual Persistente”?

Bajo ese enunciado o proposición o el de sus siglas en inglés, PSAS, o bajo el más apropiado de “Trastorno de la  Excitación Genital Persistente”  (TPEG), se esconde, más que una patología con una etiología determinante definida, una serie de testimonios de mujeres (que yo sepa, no los hay de hombres) que manifiestan un malestar clínico consistente en un trastorno de la respuesta sexual que genera una súbita e involuntaria excitación (seguida, en algunos casos, de la fase meseta y del orgasmo), pero sin que dicha respuesta se inicie por el deseo. Es decir, estas mujeres manifiestan y acuden a atención clínica porque se activa en ellas una excitación genital persistente y recurrente sin que exista, aparentemente, ningún motivo para ello. Así, al producirse su respuesta sexual sin la motivación del deseo, ésta se puede producir en cualquier circunstancia de su habitual existencia, tanto en privado como en público; en el autobús, en una reunión de trabajo, cenando sushi en casa, en una ceremonia religiosa… Es decir, sin ninguna motivación ni control en la reacción que deviene puramente fisiológica (genital mucho más que sexual).

El tema, y por eso de la risa tonta que suele acompañar lo relativo a nuestros genitales, cuando se empezó a publicitar, lo hizo más en los tabloides sensacionalistas que en las revistas sexológicas especializadas, bajo titulares del tipo; una mujer norteamericana tiene trescientos orgasmos al día, una mujer sufre repentinos orgasmos secuenciales en el entierro de su padre, etcétera, etcétera. Circunstancia ésta que no ayudó precisamente a darle la oportuna credibilidad al asunto.

alimentos-ganas-sexo

No confundamos este síndrome con la hipersexualidad o la supuesta “adicción al sexo”

Los primeros que se lo toman en serio son dos sexólogos, también norteamericanos, Leiblum y Nathan (si bien la doctora en psicología y sexóloga  Sandra Leiblum es la que suele señalarse como catalogadora del padecimiento) que le asignan el nombre de “Persistent Sexual Arousal Syndrome” (PSAS). En el criterio de diagnosis de este síndrome, se suelen establecer varios criterios: el mencionado de que no existe por parte de la paciente una sensación subjetiva de que haya sido ningún deseo sexual el que lo desencadena, el que la excitación genital se mantenga de varias horas a algunos días sin que la procuración del orgasmo consiga atenuarla, la sensación de que eso que se produce es indeseado por manifestarse de forma intrusiva, injustificada y descontrolada, y que, derivado de estas causas, produce un severo malestar psicológico que repercute en múltiples y variados aspectos de su vida (incluido el sexual). Como se comprenderá, no tiene nada que ver con la llamada “hipersexualidad”, pues por frecuente, intensa y recurrente que se  presente la avidez sexual, siempre se fundamenta en el deseo (más o menos controlable, pero en el deseo). Tampoco se puede equiparar a la también llamada “adicción al sexo”; una no se hace adicta a lo que no le procura una satisfacción (por ejemplo, a la fiebre), por retorcida que ésta sea o pueda ser percibida por los demás.

 

Las posibles causas

Como decíamos, la etiología de este síndrome, es decir, las causas o las acciones que lo producen, tampoco parece estar claras a día de hoy. Tampoco parecen existir datos fiables sobre su incidencia en la población femenina y ni siquiera si las causas se podrían englobar en cuestiones de orden psicológico o puramente fisiológico, si bien parece que los esfuerzos se centran más en este segundo plano de responsabilidad. Así, traumatismos reseñados en la base de la columna, malfuncionamiento sobrevenido de los nervios sensoriales o alteración sanguínea en la comunicación genital/cerebral , variaciones en neuralgias del nervio pudendo que se extiende por la región pélvica, genitales y ano, los llamados “quistes de Tarlov” que afectan las raíces nerviosas de la parte inferior de la columna  y hasta alteraciones en los procesos hormonales o síndrome de retirada por algunos fármacos antidepresivos, son las causas que parecen captar más la atención de los investigadores. No nos queda más que desearles suerte a éstos en su tarea porque no hay mayor dolor que el placer traumático… Lo sé, esto último da para una tesis. Otro día, quizá.


Además…

La anorgasmia femenina ¿Por qué ocurre?
La diferencia entre el orgasmo femenino y el masculino
Cómo acelerar el orgasmo de una mujer

|

Comentarios