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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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¿Qué es el “testículo ascensor”?

Es sabido que las cosas no siempre están en su sitio. Aunque también suele ser frecuente que no estén mucho más lejos de donde esperábamos encontrarlas. Y los testículos, especialmente en edad muy temprana, no son una excepción a esta regla. A esa situación en la que se palpa el escroto y no se localiza un testículo o ninguno, se la conoce con el nombre de criptorquidia, que simplemente significa, utilizando términos griegos, “testículo oculto”.

Es una afectación relativamente frecuente en bebés, pues ronda el tres por ciento de los nacimientos. Si afecta a un testículo (caso más frecuente), se le conoce con el nombre de criptorquidia unilateral y, a veces, como monorquidia (“un solo testículo”); en el caso de afectación en los dos, se categoriza como criptorquidia bilateral. Las causas de esta situación pueden ser múltiples y no siempre muy claras; desde trastornos hormonales hasta obstrucción en los canales de bajada, pasando por malformaciones abdominales. Lo que suele ser más frecuente es que se dé en bebés prematuros que no han tenido el tiempo suficiente de desarrollarse en la matriz y que el o los testículos afectados presenten alguna alteración en el epidídimo (el conducto que conecta los testículos con los vasos deferentes y permite la maduración y activación espermatozoica así como la circulación del semen). El problema en general de la criptorquidia se detecta con facilidad, puede resolverse en algunos casos por sí solo con el simple crecimiento del chaval y, en caso contrario, tiene diversos métodos de intervención, pero el habitual y de mayor eficacia demostrada es el quirúrgico (practicar una orquidopexia) realizado a edad temprana y que da óptimos resultados. En cualquier caso, es algo que, en sus múltiples variantes, debe seguirse y solucionarse pues puede acabar acarreando problemas de mayor índole.

 

Algunas explicaciones para entender mejor este fenómeno

Pues bien, dentro de esta situación general de la criptorquidia, pueden darse muchas particularidades; entre otras, que el testículo no descienda, que tenga un descenso incompleto (testículo distópico), que descienda por donde no tiene que descender (testículo ectópico) o que descienda y ascienda de la bolsa escrotal a la pelvis, y por tanto, a veces se palpa y localiza en el escroto y otras no… A esta circunstancia, se la conoce con el nombre de testículo ascensor o testículo retráctil. En este último caso que nos ocupa del testículo retráctil, el testículo puede subir o bajar de o a la ingle pero también hacia delante o atrás en el escroto o la propia ingle.

La causa de esa movilidad anómala dentro o fuera de su cavidad natural la tiene, al parecer, un músculo llamado “cremaster” que es el responsable del natural movimiento ascendente y descendente de los testículos. Este movimiento que decimos natural de los testículos hacia arriba y hacia abajo y, con ellos, de la bolsa escrotal que los aloja, se realiza por un motivo curioso; mantener la temperatura conveniente de la gónada masculina (el testículo en sí). De esta forma, cuando la temperatura es baja, por ejemplo al darse el individuo un chapuzón en el mar o una ducha, el conjunto sube para “pegarse” al cuerpo en busca de calor, mientras que si la temperatura es alta tiende a distenderse hacia abajo buscando alejarse del cuerpo.

Hay más circunstancias que provocan la movilidad del testículo; por ejemplo, la inminencia de la eyaculación hace que los testículos se peguen al cuerpo para facilitarla (su posición al tacto sirve, por tanto, para determinar de manera un tanto rudimentaria si en una interacción sexual el individuo está a punto de eyacular o no), pero también se retraen como medida de protección en caso de que el cuerpo anticipe la inminencia de un impacto… De ahí la expresión común de miedo que refiere de manera hiperbólica la “subida” del testículo con aquello de “los tengo de corbata” o “se me han puesto de corbata”. Pues bien, como decíamos, cuando el músculo cremaster se comporta de manera hiperactiva, puede provocar esta anomalía que, en tres de cada cuatro casos, y durante la exploración, el testículo puede descender de la ingle hasta el escroto con un simple masaje mientras que en, aproximadamente, uno de cada cuatro se queda fijo en el pubis. En ocasiones, pasa también que un testículo retráctil deja de serlo no porque se instale definitivamente en el escroto sino porque se queda “anclado” en la pelvis.

 

Una situación a vigilar y que no debe inquietar sobremanera

Como decíamos de la situación genérica de la criptorquidia, es relativamente sencillo localizarlo con pruebas exploratorias si, aun siendo retráctil, se queda en esa posición abdominal. Normalmente, si el testículo mantiene su condición de “ascensor”, acabará colocándose por sí sólo en su sitio y, mientras eso sucede, el médico realizará revisiones periódicas para ver por dónde se mueve o si se estabiliza en el escroto, pero si en la adolescencia, no hubiera descendido definitivamente, conviene tratar la situación. El tratamiento en los casos de testículos retráctiles puede ser mediante terapia hormonal o intervención quirúrgica. En cualquier caso, el testículo retráctil detectado y seguido no debe ser algo que deba inquietar en exceso al propietario del testículo ni a sus papás… Vamos, que se pueden hacer el nudo de la corbata sin interferencias.


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