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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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El test de autodiagnóstico del VIH

Todas las que ya estábamos más o menos activas sexualmente, hacia finales de la década de los ochenta y especialmente durante los noventa, sabemos con cierta certeza a qué nos referimos cuando hablamos del SIDA… Y es que algo sabemos porque la vida nos iba en ello. El virus del VIH condicionaba todas y cada una de nuestras relaciones, todos los espantos (como que se rompiera un condón durante el coito), lo tenían a él como protagonista, hasta los criterios selectivos de emparejamiento contemplaban (inútilmente) esa variable de la posible o no afectación de nuestro amante. Cosa comprensible, pues la pandemia del SIDA llevaba en la primera década del 2000 más de veinticinco millones de muertos y unos cincuenta millones de afectados (equiparable, en cifras, aunque no en distribución, a la “peste negra” del siglo XIV o a la “gripe española” de principio del XX), y pocas eran las personas que no teníamos un amigo o una amiga cuya vida se había descuartizado por esa devastadora enfermedad.

Durante muchos años, lo único que podíamos hacer, las más concienciadas, era el someternos regularmente a la prueba de detección de anticuerpos… y rezar a todos los santos. Cuando creíamos que, con determinada persona, se podía establecer una relación más o menos estable, en la que el uso del preservativo iba a ir decayendo, existía un curioso ritual; ambos, como dos novios frente al altar, nos dirigíamos a alguno de los centros asistenciales que realizaban la prueba y, cuando obteníamos un resultado negativo, iniciábamos con seguridad nuestra relación. A partir de ahí, confiábamos en la honestidad del otro.

Y es que el virus de la inmunodeficiencia humana era (y es) jodido hasta para su detección. El hecho de que, en las fases iniciales, opere de manera asintomática hasta para el propio paciente, el hecho de que el organismo tarde entre 2 y 8 semanas (y con garantías, 3 meses) en generar los anticuerpos específicos (ese tiempo es lo que se llama el “periodo ventana”) que permitan su detección y hasta el hecho del horror que podía suponer, especialmente en los momentos más duros de la pandemia, el que el resultado pudiera ser positivo, y que hacía que los más hipocondríacos no se realizaran nunca las pruebas, contribuían a dificultar el tratamiento y permitían la expansión de su contagio. Todo esto hace que, aún hoy en día, se calcule que en nuestro país, un 18 % de las personas infectadas sigan sin saber que son seropositivas.

 

Una gran noticia: el autotest del VIH apareció el 22 de enero de 2018, se vende en farmacia y no necesita receta

La reciente aparición (desde el 22 de enero de 2018) de los test de autodiagnóstico o del “autotest” del VIH es una excelente noticia para intentar frenar ese altísimo porcentaje que mencionábamos. Estos test, similares en su concepción a los de, por ejemplo, el embarazo, se pueden adquirir, por un precio que, según establecimiento, ronda los 29 euros, en farmacias y sin necesidad de que sean prescritos previamente por un facultativo (es decir: se pueden comprar sin receta).

De momento, parece que en España, sólo están disponibles los de una marca en concreto que operan por un control en sangre mediante un simple pinchazo en la yema de un dedo (comparable a cómo se realiza la auto medición de glucosa) y, que yo sepa, no se comercializan aun en España los que permiten la detección por vía oral (recogiendo los fluidos de las encías con un pequeño bastoncito preparado a tal efecto). Desde el momento que se recoge la muestra sanguínea hasta que se obtiene el resultado, no transcurren más de veinte minutos y su fiabilidad es altísima; estimada en un 99’5% de acierto en casos positivos y de un 99’9 % de acierto en caso de que, frente a un resultado negativo, el sujeto no esté, efectivamente, infectado, pero siempre que se sigan algunas simples indicaciones. Por ejemplo, el seguir correctamente las instrucciones del fabricante y el preservar el mencionado “periodo ventana”; el test de autodiagnóstico, ni de hecho ninguna otra prueba, permite saber inmediatamente después de que el virus se haya efectivamente contraído el detectarlo, pues como decíamos, hay que dejar tiempo al cuerpo para que genere los anticuerpos específicos de este virus, por lo que en este caso, conviene esperar un tiempo prudencial (lo ideal son esos tres meses), desde la situación de riesgo y la realización de la prueba.

En caso de un resultado negativo (la no detección de anticuerpos y por lo tanto del virus VIH-1 ni VIH-2) y, si en el “periodo ventana” (en los meses que se ha esperado a realizar la prueba), no ha habido una nueva situación de riesgo, se puede afirmar, dada su fiabilidad, que la persona no está afectada. Si el resultado es positivo, hay que realizar una prueba en laboratorio de mayor exactitud que puede ser prescrita en un centro de salud o realizada en diversos organismos como algunas ONG’s, por lo que si el resultado del “autotest” fuera positivo, hay que encaminar ese resultado hacia estos lugares para que lo confirmen o desmientan. Un resultado no concluyente, que también puede darse debido a una mala manipulación del producto o contaminación del kit, exige el volver a realizar la prueba.

 

El autodiagnóstico de VIH: un gran avance que debería aumentar la concienciación sobre lo que supone esta enfermedad

Conviene resaltar, por último, que esta gran facilidad del autodiagnóstico, y debido al coste que tiene, no inhabilita la posibilidad de realizar las pruebas de manera confidencial y gratuita como se venían haciendo hasta ahora y en los mismos lugares reseñados a tal efecto. Un gran avance, en definitiva, que debería aumentar la concienciación sobre lo que esta enfermedad sigue suponiendo en los órdenes de vida de todos/as nosotros/as.


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