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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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¿Qué es una mujer “unicornio”?

En su “Naturalis Historia”, el naturalista y militar, Cayo Plinio, apodado “el viejo” (I d.C.), describe al unicornio como “una asperísima fiera […] de horrible bramido […] y en medio de la frente, un cuerno negro, de largueza de dos codos. Dicen que esta fiera no se puede tomar viva […]”. Su descripción podía basarse en la que, seis siglos antes, realizara el griego Ctesias, en la que constataba su cuerpo de caballo de color blanco, sus ojos de un azul zafiro, así como las milagrosas propiedades de su cuerno; quien bebía en él agua o vino, después de ingerir un veneno, quedaba inmunizado frente a él, del mismo modo que también le desaparecían las convulsiones epilépticas. Posiblemente, ni Ctesias ni Plinio el Viejo vieron un unicornio en toda su vida… Y es que los unicornios son raros de cojones.

 

Las mujeres “unicornios” y sus divergencias conceptuales…

De ahí el apelativo de “unicornio” a las mujeres capaces de intervenir sexual y/o sentimentalmente en una relación de pareja ya consolidada, sin que por ello la pareja se ponga en cuestión o se genere conflicto alguno, pues la “mujer unicornio” no pretende en ningún momento disolverla, ni entrar en competencia con alguno de los miembros o pretender acapararlo, es decir, sólo pretende compartir sexo y afecto sin broncas ni complicaciones.

Las complicaciones empiezan en eso de la categorización del unicornio; por ejemplo, para Plinio el Viejo, el unicornio tenía un cuerno negro y los animalistas medievales le otorgaban al cuerno un color irisado. Y lo mismo sucede con las actuales “mujeres unicornio” pues, si bien la caracterización general de arriba parece aplicable a todas, algunas se definen a sí mismas como capaces de hacer eso de manera puntual (se montan un trío con la premisa ética reseñada y luego se van con su noviete a seguir lo del fornicio), otras de manera continuada (buscan una pareja para, manteniendo la premisa, quedarse con ella una buena temporada) y algunas catalogan su “condición” de unicornio como una erótica exclusiva, es decir, que sólo (recalcar) pueden mantener relaciones sexuales con parejas (independientemente de que se queden una temporada o una media horita), renegando de cualquier interacción a dos.

También están las que se definen a sí mismas como capaces de hacer eso de conformar trío implicándose sexual y emocionalmente y las que dicen que no, que ellas, en cuanto portavoces de la “unicornía”, lo único que se pretende es sexo y “vade retro” a los sentimientos y emociones. Y claro, ante esas divergencias conceptuales, se incumple lo primero de una categorización; que todos los elementos del conjunto tengan propiedades en común. Con lo que parece que, ante la empanada, lo único genérico de “mujer unicornio” es lo de “mujer”, lo de “trío” y lo de la premisa ética.

Así que, independientemente de que afecte o no a las “mujeres unicornios”, déjenme hacer algunas consideraciones:

Montarse un trío de los de toda la vida es de los más sencillo del mundo (para eso, no hacen falta ni demasiadas alforjas ni demasiados caballitos astados), lo complicado es que ese trío se estabilice y se consolide en el ámbito doméstico. Así, si por “mujer unicornio”, nos referimos a aquella que viene, pasa y hace pasar un buen rato y se va (aunque vuelva otro día), no haría falta categorización de “excepcionalidad” alguna (como la de “unicornio”) pero, si lo que se pretende, es alguien que venga, pase y haga pasar un buen rato y además se quede, la cosa se complica. Un perfil así y una relación a tres así (y aquí habla la terapeuta pero también la mujer de mundo), es raro, raro de cojones. Lo más habitual, y hablando de animales mitológicos, es que bajo esos “tiernos”, “buenrollistas” y “poliamorosos” planteamientos de inicio, acabe aflorando una (o dos) harpías (que tampoco parece que existan pero, haberlas, haylas) y un basilisco. Y es que el sexo y los afectos se alimentan en un complejo abrevadero donde abunda eso que los antiguos griegos llamaban el “agon” (el conflicto, la competencia) y el “polemos” (el enfrentamiento, la guerra), con lo que establecer una relación a tres que se pretenda sostenida, donde dos se coordinen de maravilla y un tercero se integre sin generar tensiones ni competencias, es lo del “perro amarillo” (por cambiar de mamífero).

El mundo es plural y diverso

Pero el mundo, gracias a Dios, es plural y diverso, y si bien no parece tener cabida para los unicornios, sí parece que acepta las que podríamos llamar “unicornias” (al menos a esas del vaivén) pues, cierto es que existen muchas personas (yo conozco a algunas, con nombres y apellidos) con la suficiente curiosidad, inteligencia y claridad de principios como para hacer de la práctica del trío una erótica satisfactoria para todos en todos los ámbitos sexuales y afectivos y del mismo modo, también existen parejas que han sabido trenzarse con esas mismas características (aunque son muchas menos de las que creen serlo).

 

Vivimos en tiempos de la categorización y la pamplina presentadas como novedad

Siguiendo con las dificultades definitorias, hay personas, por lo que cuentan las crónicas, a las que lo de denominarse o que se denominen “unicornio”, no parece sentarles muy bien, pues implica cierta cosificación (una especie de juguete sexual puesto al servicio de la pareja), así como una estructura psíquica tendente a la sumisión y al desapego, mientras que otras están encantadas con haber encontrado y ejercer bajo esa denominación. A las primeras las entiendo, pues suena a chufla y a mascota, y a las segundas las respeto pues vivimos en tiempos de la categorización, el spot y la pamplina presentada como novedad, con lo que eso de los anuncios por palabras de “chica se ofrece para montar un trío” o “pareja busca chica para trío” parece haberse quedado en el Siglo de Oro y lo que ahora se lleva, es directamente ponerse en el móvil o en el perfil de las redes sociales un avatar de un inocente unicornio sonriente (que digo yo, que si lo del unicornio es raro, lo del unicornio que sonríe ya debe ser, como venimos repitiendo, raro de cojones).

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