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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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Las barreras de látex para practicar el cunnilingus

Posiblemente, el que el VIH copara todos nuestros temores en nuestras interacciones sexuales, y el hecho de que su posibilidad de contagio en las eróticas del sexo oral fueran relativamente bajas (deben darse bastantes circunstancias correlativas para que el contagio se produzca; alta carga viral, pequeñas lesiones sangrantes en genitales o cavidad bucal, etcétera) hizo que el utilizar un método profiláctico durante el sexo oral  no formara parte de nuestras prioridades. El descuido es especialmente frecuente en dos de ellas: el cunnilingus y el anilingus. La falta de un método de profilaxis establecido y de gran difusión comercial para estas prácticas (como puede ser, por ejemplo, el condón con relación al coito y la felación), tampoco ayuda a tomar la debida conciencia; hay poca oferta de estos específicos profilácticos y, por lo tanto, poca demanda o al revés, como hay poca demanda, la oferta no es grande (en las sociedades basadas en la economía de mercado como la nuestra, nunca se sabe si antes fue la gallina o el huevo).

¡Ojo! Las ETG que pueden ser transmitidas por vía oral son prácticamente las mismas que las que se pueden transmitir por vía coital

Los que me conocen un poco saben que soy tan poco dada a proclamar “alertas sanitarias” (que, normalmente, buscan mucho más problematizar el sexo o “vender” noticias que informar), como a no contribuir a que las personas adquieran en materia de educación sexual los suficientes conocimientos para que, desde su libertad, actúen en el valor de su condición sexuada como les parezca más conveniente. En esta segunda vocación, se insertaría el recordar que, las interacciones sexuales con las prácticas orales que mencionábamos, pueden entrañar ciertos riesgos (menos, por supuesto, que desplazarse en coche, vivir en una ciudad contaminada o tener como jefe un/a cretino/a).

Las ETG (“Enfermedades de Transmisión Genital”) que pueden ser transmitidas por vía oral son prácticamente las mismas que las que se pueden transmitir por vía coital (aunque, insistimos, son normalmente mayores las posibilidades de contagio por este último canal) y no se limitan al virus del VIH. Así, la gonorrea, que como ya hemos explicado en algún otro escrito, es una infección bacteriana que, por actuar en ocasiones asintomáticamente en los primeros estados, puede resultar especialmente problemática, puede transmitirse con la misma facilidad por vía oral y provocar patológicas lesiones generales y en particular en áreas como la garganta. Además, parece que los índices de infección de la gonorrea repuntan en todo el mundo y empiezan a encontrarse cepas de bacterias que se muestran inmunes a los usuales tratamientos antibióticos. Lo mismo sucede con las ETG víricas como el VPH (el virus del papiloma humano) que, aunque con menor incidencia que en los genitales, también puede transmitirse y acabar afectando con severidad a la cavidad bucal o la garganta y con el VHS (virus del herpes simple) que comporta el virulento herpes genital.

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Las barreras protectoras de látex no son muy conocidas. Ya es hora de saber cómo son y cómo funcionan…

Como decíamos al principio, las medidas comercializadas profilácticas no abundan ni son tan conocidas o accesibles como el condón pero, las más frecuentes que hay, suelen ser las barreras protectoras de látex (en algunos casos, de poliuretano). Su aspecto es el de un pequeño rectángulo (de unos 25 cm x 15 cm y suelen venir unos 4 por paquete, pues no son nunca reutilizables) que se colocan sobre los genitales o el ano (se “pegan” con facilidad a la zona y suelen quedar bien adheridas) y permiten estimularlos con la lengua o los labios sin que lleguen a entrar en contacto directo con esas zonas.

Conviene recordar que del ano a la vagina, nunca conviene pasar nada, y hay que hacer un cambio de preservativo si se va a pasar del coito anal al vaginal y lo mismo sucede con estas barreras; puede servir la misma de la vagina al ano, pero no al revés. Además de estos “mantelitos” que son más fáciles de utilizar y más satisfactorios de lo que pueda parecer a priori, hay algunas firmas que intentan comercializar, no con demasiado éxito, unas especies de mascarillas de odontólogo que se colocarían directamente sobre la boca. En caso de no disponer de esas barreras de látex, se puede construir una a partir de un preservativo al que, una vez desplegado, se le corta la punta y la base y se abre longitudinalmente a fin de obtener una superficie rectangular que cumpla esa función (Internet está lleno de tutoriales sobre cómo hacerlo). Y, como siempre, junto a esos “artilugios”, utilizar la mejor herramienta que tenemos los humanos (y que no siempre se distribuye como convendría): el sentido común. Por ejemplo, absteniéndonos si tenemos alguna herida, “pupa” (herpes), afta o una llaga en los labios o en la cavidad bucal o si observamos algún tipo de irritación local o sarpullido en los genitales de nuestra pareja. Evitando, también, el producirnos una herida o un sangrado de encías previamente a la realización de sexo oral, por ejemplo lavándonos los dientes con excesiva determinación y/o usando hilo dental o cualquier otro instrumento que pudiera resultar lesivo, comprobando la barrera dental antes de utilizarla y utilizarla adecuadamente, así como evitando en lo posible el cunnilingus durante la menstruación si consideramos que puede haber riesgo y, en definitiva, manteniendo una higiene suficiente y la atención debida, tanto sobre la vulva como sobre el ano… Y recordando que, conocer un riesgo no implica la paralización de la actividad que lo conlleva (y es que hay algunos que, ante las aprensiones, prefieren coserse la boca que disfrutar de un refinado manjar).


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