mujerHoy

Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

amantes-manual

Los manuales de autoayuda para ser mejores amantes

Toda maestría, e interactuar sexualmente con garantías es una de ellas, requiere formación técnica. Luego, está lo de la experiencia (eso ya tan traído, por ejemplo, de las 10.000 horas de práctica) que depende de varios factores capitales; la capacidad de aprendizaje del sujeto, el saber adaptarse y enfrentarse a nuevas situaciones que le reporten recursos operativos para su maestría así como el tener la suficiente dotación de análisis crítico y analógico como para que esa experiencia le permita crecer en su maestría. Sin esos factores, la experiencia no sirve para un pimiento.

Todos conocemos personas que llevan toda la vida realizando su oficio (el que sea, desde taxista a profesor de filosofía, de terapeuta a bombero) y siguen siendo igual de inútiles que el primer día, sencillamente porque el ejercicio de ese oficio no ha hecho más que reafirmarle en las dos o tres cosillas que aprendió un día y de ahí no se ha movido; lleva muchas horas, pero lleva muchas horas haciendo exactamente lo mismo, de la misma forma. En el arte de interactuar sexualmente, la técnica es relativamente sencilla (basta con saber dos o tres cosillas y adquirir con la existencia una buena educación sexual) y la experiencia no siempre es garantía de maestría… Muchas veces es justo lo contrario, pues alguien con mucha experiencia en estos terrenos pero sin las virtudes que señalábamos, suele ser una persona que ha “manualizado” sus relaciones eróticas. No empleamos inocentemente el término “manualizar”, pues los manuales (entre ellos, los de autoayuda que aseguran vender el éxito como amantes) consiguen básicamente tres objetivos: entorpecer el despliegue de las propias potencialidades al coartarlo ofreciendo un procedimiento donde quedarse “anclado” (es decir, el cortocircuitar el verdadero valor formativo de la experiencia), el cosificar a los sujetos (entendiendo que todos reaccionamos igual a determinado “procedimiento”, anulando las singularidades que son las que realmente aportan valor a nuestra técnica y a nuestras experiencias… (”Todos/as los/as tíos/as son iguales”) y el homogeneizar los protocolos de intervención (haciendo de un encuentro erótico algo “procedimental” y finalista).

apps-amante

Lo que da la maestría en las interacciones sexuales es la cultura, más que la técnica

En nuestras interacciones sexuales, lo que verdaderamente da la maestría, no es por tanto un conocimiento exhaustivo “técnico” (si bien se requiere un mínimo de formación) ni un manejo procedimental y “metódico” (es decir, con método) de la situación amatoria sino algo mucho más complejo de adquirir y que eleva al más alto rango de nuestra humanidad el hecho de amarnos sexualmente: la cultura. Por cultura no nos referimos a saber recitar de memoria el Quijote o el haber asistido a la última exposición de Velázquez sino el conocer la condición humana y sus múltiples variabilidades y especificaciones (para esto, sí es verdad que ayuda el haber leído, por ejemplo, a Shakespeare) y, por tanto, saber lo que puede resultar más conveniente en cada momento.

Si uno observa con detenimiento y cariño los tratados sobre el “Ars Amandi” de, por ejemplo, Ovidio y Vatsiaiana, descubrirá (por más que se haya querido hacer ahora de ellos “manuales de posturitas”) que, pese a ser recomendaciones sobre las mejores maneras de interactuar sexualmente, están muy lejos del concepto que manejamos bajo el epígrafe “manual”, pues ellos condensan mucho más que “técnicas” lo que podríamos considerar pautas de urbanidad, recomendaciones sobre el cómo tratar al prójimo (amante) y son un compendio de “educación sexual” encaminada a mejorar eso de convivir entre todos (lo que venimos en llamar moral)… Son tratados de cultura, en definitiva. Eso, tener cultura, sí que puede otorgarnos un grado de maestría cuando nos decidimos a amar y a ser amados carnalmente por alguien. El problema es que la cultura no se compra ni en unos grandes almacenes ni se obtiene por un discurso más o menos trillado que te pueda hacer un Paolo Coelho, ni se adquiere súbitamente y sin esfuerzo. Pero sus beneficios son extraordinarios, pues va a ser lo que le permita a un humano alcanzar la condición de humanidad (poder hablar, pagar una hipoteca o andar a dos patas no la asegura) y va a ser la que nos enseñe a comportarnos de manera no predeterminada (ser espontáneo) y a saber adaptarnos a cuantas nuevas situaciones se nos presenten sin por ello tener que buscar en el manual el apéndice correspondiente (no hay manuales lo suficientemente extensos en el mundo como para contener las particularidades de lo humano).

 

Nuestras interacciones sexuales se parecen más a una “jam session” que a una sinfonía clásica

Lo que no todo el mundo sabe es que las interacciones sexuales se parecen mucho más a una sesión improvisada de jazz (en las que, todo lo más, hay una melodía predeterminada sobre la que se improvisa sabiendo “frasear” con los que nos acompañan) que a la interpretación de una sinfonía clásica (donde hay una partitura preestablecida, unos tiempos pautados por el director de orquesta y una secuencialidad obligada en base a la composición que se reproduce). Pero, además, es una “jam session” entre músicos que se hacen entender, que no se toca sobre unos instrumentos (en los que sabes con la debida técnica que el Do siempre está en el mismo sitio) sino sobre un ser humano tan impredecible y variable como tú misma. Por eso, saber interactuar sexualmente es una de las más bellas y sofisticadas manifestaciones de nuestra humanidad. Si alguien cree que la va a poder alcanzar leyendo un librito de “cómo ser el mejor amante del mundo”, es que todavía está muy lejos, no ya de serlo, sino de tan siquiera entender los fundamentos de nuestro erotismo.


Además…

Así cambia tu percepción del sexo según la edad
Técnicas para acelerar el orgasmo femenino
Qué es el squirt y cuáles son las técnicas para conseguirlo

|

Comentarios