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El blog de Valérie Tasso

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¿Qué es ser “switch” en la erótica del BDSM?

Switch” es un término inglés que, empleado como verbo, significa “cambiar” o “intercambiar”, mientras que como sustantivo significa, entre otras acepciones, “interruptor”. Ese término, que implica, como vemos, versatilidad y posibilidad de cambio, se aplica en la erótica BDSM (Bondage-Disciplina, Dominación-Sumisión, Sadismo-Masoquismo) a todas aquellas personas que no mantienen un papel fijo sino que pueden alternarlo pasando de un rol activo a pasivo o de uno dominante a sumiso en función de sus apetencias y circunstancias y de manera más o menos prolongada o intermitente (en una misma sesión, puede adoptar ambos roles consecutivamente). En inglés, también se emplea, aunque con menor frecuencia, el término “versatile” para designar esta particularidad y, en español, su equivalente “versátil”.

 

La figura “switch” no siempre es o ha sido bien aceptada: la “Old Guard

Hoy en día, y especialmente en los círculos más lúdicos y menos estrictos del BDSM, el o la “switch” es una figura bien aceptada e incluso se entiende que, bajo esta categoría, se suele encontrar una persona que quiere explorar al máximo las posibilidades que genera esa erótica así como empatizar y comprender la posición del otro cuando asume el papel opuesto (incluso para mejorar el que él mismo realiza). Esta buena apreciación corre paralela al signo de los tiempos que vivimos, donde la indefinición, la alternancia, lo mezclado y la flexibilidad de comportamiento son mucho más admitidos y hasta puestos en valor que en tiempos pretéritos, tanto en cuestiones de identidad de género como de preferencia sexual.

Frente a la identidad monolítica, bien definida e invariable, hoy entendemos como algo positivo y cierto la ambivalencia, la evolución y hasta la indefinición, y todo esto ayuda a la buena consideración del “switch” en su erótica preferente. Pero, no siempre ha sido así ni lo sigue siendo en todos los ámbitos. Por ejemplo: hacia finales de la década de los cuarenta y la de los cincuenta, se muestran unas primeras caracterizaciones y un núcleo germinal de lo que hoy entendemos por BDSM en una línea concreta dentro del mundo gay que se suele conocer con el apodo de “Old Guard”. La “Vieja Guardia” (así lo podríamos traducir en español) estaba mayoritariamente compuesta por veteranos de la II Guerra Mundial que adaptaban a su erótica las prácticas castrenses y de solidaridad en combate que habían vivido.

Para ellos, muy centrados todavía en las estrictas posiciones de dominación y sumisión (la amplitud caracterizadora del BDSM era todavía mucho más restringida) de corte militar, la disciplina, la jerarquía, el respeto a la autoridad y la obediencia, así como los signos externos (por ejemplo, la vestimenta de cuero) eran lo verdaderamente definitorio de sus preferencias eróticas. Para estos “soldados”, la indefinición entre ser sumiso o dominante era inconcebible o concebida como un signo lúdico o de falta de compromiso que restaba trascendencia y credibilidad a sus eróticos propósitos. En esto, la “Old Guard” seguía los principios que marcaban la virilidad (como ya hemos explicado en algún artículo) de los antiguos griegos y romanos; uno podía interactuar con una orientación sexual indeterminada (podía ser homosexual, heterosexual o bisexual, pues esas categorías ni siquiera existían) pero siempre debía hacerlo, en cuanto a hombre libre y viril, de manera “activa” (léase dominante).

La ambigüedad en esto era imperdonable y considerado símbolo inequívoco de “afeminados” (que, como decimos, nada tenía que ver con ser homosexual sino “débil hasta el extremo de rozar lo femenino”). Tampoco hoy en día, como apuntábamos, la persona “switch” está bien vista en todos los amplios parajes del BDSM; mejor aceptado, por ejemplo, en los ámbitos del “bondage” (uno/a puede atar o ser atado/a siempre que tenga maestría para ello sin que se cuestione necesariamente su autoridad) y peor visto en las líneas más ortodoxas de la dominación/sumisión por entender que uno es “por naturaleza” o sumiso o dominante y adoptar el rol contrario puede considerarse impostación y falta de virtud en ese rol. Con relación a esto último, hay estudiosos del BDSM que sostienen que los “switch” suelen ser con mayor frecuencia dominantes en su estructura psíquica que transigen con ser eventualmente sometidos, pero mi impresión personal es la contraria; dando por supuesto que exista siempre una estructura psíquica estable y caracterizada por la dominación o sumisión (cosa que no creo en absoluto y sobre la que habría mucho que discutir), detrás de muchos y muchas dominantes buenos/as y reputados/as (no hablamos de sádicos y masoquista) subyace una cierta fragilidad sumisa que se manifiesta, por ejemplo, en la verdadera imposibilidad de, después de asistir a una sesión, responder a la pregunta; ¿quién domina verdaderamente a quién?”.

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En mi opinión, ser “switch” engrandece la riqueza y complejidad humanista del BDSM

Sea como fuera, la figura “switch” es algo que, a mi parecer, engrandece la riqueza y complejidad humanista del BDSM y que hace patente esa ley universal de contrarios que expresa, por ejemplo el  gráfico “Taijitu” (el conocido símbolo de la alteridad y copertenencia del “ying” y el “yang”) del planteamiento taoísta o al concepto sexológico de “El continuo sexos” que expresa que, por más “amarrados” a un sexo que nos encontremos, siempre tenemos algo del opuesto (algo que gusta muy poco a los ortodoxos de “al pan, pan, y al vino, vino”…).


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