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El blog de Valérie Tasso

Problemas en la próstata

La próstata y sus problemas

El ejercicio de la traducción es verdaderamente fascinante. Un solo giro, quiebro o matiz incomprendido o variado por el traductor y todo se viene abajo. Y eso es algo perfectamente comprensible, no tan solo para lenguas tan distantes entre sí como el japonés y el español, sino incluso entre lenguas hermanadas y hasta en la propia lengua; ¿cuántas veces no hemos tenido que “traducir” lo que decimos a alguien que habla nuestro idioma pero no entiende lo que decimos? Los ejemplos de traducciones erróneas, algunas incluso capitales para nuestra comprensión de los hechos, son mucho más numerosos y condicionantes de lo que creemos; especialmente notables son los cometidos en La Biblia del hebreo y el arameo al griego (en la Septuaginta) o de ésta al latín (en la Vulgata), pero otros, más discretos y menos determinantes, también tienen su miga. Este es el caso, al parecer, de la próstata, que de haberse traducido bien hoy en día, no la llamaríamos así sino posiblemente algo parecido a “parastate” y es que, al parecer, en su traducción del griego al latín, se tradujo “parastataí” (que está al lado, que asiste) como si lo dicho fuera “prostátes” (el que va delante, el que manda)… Algo absurdo para una glándula que los antiguos griegos conocían bien y de la que supieron deducir sus funciones. Y es que, como decía aquel, no es lo mismo traducir “teacup” como lo que es; “una taza para servir té” que como una “tetaza”.

Las funciones de la próstata

La próstata (la seguiremos llamando así, no vayamos a liar más al personal…) es una glándula masculina ubicada en la el interior de la zona pélvica bajo la vejiga y frente al recto. Su tamaño es, en condiciones normales, similar al de una nuez y su forma anatómica recuerda a una castaña. Su función primordial es la que cumple, en las vías de los trenes, el “cambio de aguja”, es decir, el discriminar qué conducto de los que la atraviesan tiene preferencia de paso para la uretra; si el que permite al hombre orinar o el que permite expulsar el semen (prueben a que un hombre eyacule y haga pipí a la vez y verán a lo que me refiero). Pero esa función no es la única; de ella depende también el que, con sus contracciones (que en este caso son orgásmicas), el semen se impulse hasta la uretra. Un buen suelo pélvico, y por esa función referida, permite presionar a voluntad la próstata para mantener el control sobre la eyaculación. También cumple una función capital en la producción de líquido que contribuye, junto al esperma producido por los testículos (y que apenas es un 2% de lo eyaculado) y los otros fluidos seminales (procedentes de las vesículas seminales, las glándulas de Littre, las glándulas de Cowper o el epidídimo, entre otros), a conformar el semen. Una cuarta función sería la de devenir, para los hombres, especialmente a partir de los cincuenta años, una pesadilla…

Los problemas más frecuentes de la próstata

Las afectaciones más frecuentes de la próstata, especialmente a partir de la citada edad pero que pueden darse con antelación (parece que la próstata no está hecha para las longevidades que hoy alcanzamos), son la “prostatitis”, que sería una inflamación derivada de una infección bacteriana y que puede ser aguda o llegar a cronificarse, la “hiperplasia benigna de próstata” (HPB) que supone un agrandamiento de la próstata no por motivos cancerosos, que se da en la mayoría de hombres a partir de cierta edad (a los sesenta años, la mayoría de los hombres, en lugar de una nuez, tienen una próstata del tamaño de un limón) y que dificulta el orinar o aumenta la frecuencia al constreñir la uretra y presionar la vejiga, y el temido “cáncer de próstata” (el tercer cáncer que más mortalidad causa en los hombres) que produce efectos similares a la HPB pero por motivos cancerígenos.

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¿Cuáles son los síntomas de que algo va mal?

Entre los síntomas, trastornos y molestias a los que cualquier hombre debe prestar atención, relacionados con la próstata y que le permiten, en base a su ausencia o presencia, dictaminar el estado de su próstata, se podrían enumerar los siguientes:

  • – Aumento de la frecuencia en la necesidad de orinar (se pasa de aguantar sin darse cuenta unas cinco horas a dos o menos) o sensación de imposibilidad de control de la micción; un ejemplo de esto es durante el sueño, por ejemplo, al pasar de no levantarse durante la noche a tener que hacerlo dos o tres veces.
  • Disminución en la intensidad del flujo de la orina, interrupción involuntaria en la micción o sensación de que no se acaba de vaciar la vejiga al acabar de orinar.
  • Ardor o dolor durante la micción en la uretra.
  • Dolor abdominal bajo el vientre, en la ingle, la parte baja de la espalda o en el perineo.
  • – Problemas en la eyaculación o eyaculaciones dolorosas.
  • – Detección de sangre en la orina o en el semen.

¿A quién acudir para tener un diagnóstico?

Cualquiera de estas circunstancias, o la combinación de varias (que suele ser lo más frecuente), requieren un examen urológico con mayor amplitud, realizado por un especialista (urólogo, andrólogo) que, con relativa facilidad, puede hacer un diagnóstico rápido y certero de la situación. Del mismo modo, si no se manifiestan ninguno de esos síntomas pero el varón ya ha sobrepasado la cuarentena, nunca vendrá mal una revisión por parte del profesional… Y es que, a veces, también, la próstata sabe más por lo que calla que por lo que dice… (Y ahora vas y me traduces esta frase hecha al chino cantonés).

ESPERMA


Además…

 

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