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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

Píldora poscoital

Todo sobre la píldora poscoital

Conocida también comúnmente con los nombres depíldora del día después o “píldora de emergencia”, la función de este grupo de fármacos es evitar la gestación (el embarazo) en caso de que se haya producido una situación de riesgo (desde, por ejemplo, rotura del preservativo o retención en la cavidad vaginal después de la eyaculación, pasando por error o fallo en el uso de los anticonceptivos tradicionales o el no uso de los mismos y hasta, desgraciadamente, la violación). Dependiendo del tipo de fármaco suministrado, su eficacia es muy alta (aunque no alcanza el 100%) siempre que se cumpla una regla de oro; emplearlo con la máxima celeridad tras la situación de riesgo; antes de las 24 horas es lo ideal y, a partir de ahí, la eficacia disminuye considerablemente por cada hora y día que pasan. Según estimaciones y según principio activo administrado, en las primeras horas su eficacia supera el 95 % de los casos, a las 48 horas alcanza el 85%, a las 72 horas se sitúa sobre el 50% y a los seis días, ya no tiene ninguna eficacia. El hecho de ser absolutamente infalible hace que, si tras emplear este método, la regla se nos retrasa más de quince días, conviene realizar la prueba de embarazo para ratificar el éxito del objetivo.

Los dos principios químicos que se emplean con mayor frecuencia por su eficacia y por producir pocos efectos secundarios son el “levonorgestrel”, una progestina sintética que se comercializa como píldora postcoital a una dosis de 1’5 mg., actúa según el momento del ciclo ovulatorio de la mujer, bien impidiendo el proceso de ovulación, bien dificultando la fertilización del óvulo por los espermatozoides o bien evitando que el óvulo fecundado se implante en el útero. El segundo principio activo más utilizado es el “acetato de ulipristal”, que no es una hormona sino un regulador de los receptores de progesterona, y que en combinación con el anterior conforma lo que se conoce como “píldora de los cinco días después” dentro de las píldoras postcoitales, pues su eficacia se alarga algo más que en la tradicional “píldora del día después”, si bien mantiene la misma regla de tener que tomarse cuanto antes. Como todos los fármacos, los empleados en este grupo y con este fin pueden tener algunos efectos secundarios si bien estos se catalogan de leves, poco frecuentes y transitorios, y los que suelen ser reseñados con mayor frecuencia son dolor de cabeza, desarreglos menstruales y vómitos (recuérdese que, en caso de vómito antes de transcurridas dos o tres horas desde su toma, se considera que el medicamento no ha sido asimilado y debe repetirse dicha toma).

Algunas consideraciones muy importantes a tener en cuenta sobre la píldora postcoital

Hay tres cuestiones importantes que conviene destacar. La primera es que la píldora postcoital es un método de emergencia; con ello, queremos referirnos a que no se puede pensar en este recurso como anticonceptivo, pues para ello existe infinidad de métodos más eficaces y menos traumáticos orgánicamente, con lo que sólo se debe considerar su uso en el citado caso de grave riesgo de embarazo no deseado por las causas que reseñábamos al principio. Segundo; no es un método profiláctico. No nos va a proteger en absoluto de cualquier ETG (Enfermedad de Transmisión Genital) a las que nos hayamos expuesto… Para eso está el preservativo (masculino o femenino) que también cumple la función anticonceptiva. Y tercero; no es abortiva y, por lo tanto, no tiene nada que ver con la píldora abortiva RU-486 (mifepristona) ni con ningún otro método químico de inducción al aborto. El que más de la mitad de las mujeres, según algunas estadísticas, puedan confundir lo uno con lo otro se debe, en primer lugar, a un desconocimiento mayúsculo de cómo funcionan ambos procedimientos (no saber ni lo que es la “gimnasia” ni la “magnesia”) y, en segundo lugar, por una intencionada confusión de orden moral (de ese orden moral que sólo entiende y autoriza las interrelaciones sexuales como “conceptivas”) que se basa en la presunción de que, en el hipotético caso de que si tras una situación riesgo el óvulo hubiera sido fecundado por el espermatozoide y no se permita su implantación en el útero eso ya es un aborto (lo que podría equivaler a decir que ponerse un condón y no permitir que el semen llegue al óvulo ya es una forma de abortar). Nada tiene que ver, insisto, por más que en algunos países (al parecer China y Rusia principalmente) se utilice la “mifepristona” en dosis muy bajas como anticonceptivo de emergencia, el que no se permita la implantación del embrión (por si se diera el hipotético e infrecuente caso, vuelvo a insistir, de que se pudiera haber producido la fertilización) con el que se realice químicamente un desprendimiento del óvulo fecundado y ya implantado (vamos, semanas después de que el test de embarazo te haya dado positivo).

¿Cómo y dónde conseguir la píldora postcoital?

En términos prácticos y con posterioridad a la situación de riesgo, mi consejo es que, o bien se acuda inmediatamente a la farmacia (la píldora postcoital se suministra sin receta y a un precio que ronda los 20 euros si se trata de la del día después y unos 35 euros si es la de los cinco días después) y allí nos dejemos asesorar por la farmacéutica, o bien que acudamos con la misma urgencia a un centro de salud, centro de planificación familiar o dispensario médico para que nos aconsejen y nos la suministren gratuitamente o permitan la adquisición gratuita en farmacias previa receta. Y una última cosa; algún farmacéutico (avalado por un fallo del Tribunal Constitucional de 2015) puede alegar objeción de conciencia para no facilitárnosla pero, en tal caso, está obligado a indicarnos cuál es la farmacia más cercana que la dispensa. Esta posible (aunque muy improbable) negativa puede sorprender, y con razón, a más de una, o inducirle a tener dudas sobre lo que está haciendo, pero sólo quiero recordar que cuando yo llegué a España, y no llegué aquí en el siglo XIV, lo mismo podía ocurrir puntualmente con los condones y una tenía que pedirlos, en ocasiones, como si fuera una descerebrada o una delincuente (y, ahora ya ves; lo que hay que ser es lo uno o lo otro para no dispensarlos…).

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