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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

Qué es un gang bang

¿Qué es un gang-bang?

Seguro que todas más o menos hemos tenido que padecer alguna cola en algún momento; que si comprando el pan, que si cogiendo el autobús o en una sala de embarque, que si un día de rebajas en las cajas de unos grandes almacenes. El ponerse en fila esperando que a una le toque su turno siempre genera sentimientos molestos; por un lado acrecienta y agudiza nuestro sentido de competencia (“verás cómo esta tía se me cuela…”) y por otro, genera una molesta sensación de alienación que dispara en la línea de flotación de nuestro pequeño ego. Por último, genera otra tercera incomodidad; la sensación de que ese grupo humano no conforma de verdad colectivo sino que tan solo comparte una finalidad (pagar un vestidito, coger un avión, etcétera). Quizá por eso, en una cola, se suelen hacer muy pocos amigos. Estas tres incómodas percepciones apenas se contrabalancean con una circunstancia atenuante; la de tener la sensación de que todo está organizado, de que vivimos en una colectividad racionalmente ordenada, lo cual nos proporciona seguridad, y en la que los privilegios de ricos y pobres o guapos y feos quedan más o menos al margen lo que nos da sensación de justicia… Creemos que la ley de la selva, la del sálvese quien pueda, no va a darse allí. Y es que el invento de la cola es un logro de las sociedades racionales, ilustradas y civilizadas para contener uno de nuestros horrores; la avalancha y el pillaje propios del descontrol individual, con lo que no nos queda más remedio, en nombre de esa buena causa, que comernos un ratito el orgullo y la melancolía y pedir tanda. Una puede pensar que tan sensato mecanismo de la cola es exclusivamente aplicable a situaciones que están previamente bajo control, como por ejemplo las señaladas, pero que bastaría con que la tierra temblara un poco o alguien gritara “¡fuego!” para que la apolínea y resignada cola se convirtiera en una frenética estampida (y que volviera la ley de la selva). Y es que, naturalmente, hay situaciones en las que, por muy civilizados y educados que seamos, la cola queda fuera de lugar. Una de esas situaciones en la que podríamos pensar que una cola no importa un rábano es, por ejemplo, una orgía. Y lo podríamos pensar no sólo por el frenesí libidinoso que se le supone a una orgía donde nada pinta un guardia urbano haciendo de guardia urbano, sino también porque a diferencia de lo que enunciábamos antes, en una orgía, la muchedumbre no es una cola sino un colectivo que se ordena de manera afectiva y poco competencial. ¿Se imagina alguien, por ejemplo, una orgía en la que los caballeros desnuditos hacen cola ordenadamente para poder meterle el sablazo a una señorita convenientemente tumbada y con las piernas abiertas…? Pues si no se lo imaginan es porque tiene poca imaginación, porque esa es más o menos la escenificación de un “gang-bang”.  

fila

¿En qué consiste el ‘gang-bang’?

Lo que define esta práctica erótica son básicamente dos cuestiones; que hay varias personas de un mismo sexo (en los récords Guinness de “gang-bang”, hasta más de mil) que no van a interactuar sexualmente entre ellas sino todas con una sola del sexo opuesto, y el que se regule previamente la forma en la que se va a desarrollar; de ahí, por ejemplo, lo de poder establecer una cola, pero también el determinar previamente qué, cómo y cuánto está dispuesto a soportar el elemento “receptivo”. En teoría, un ‘gang-bang’ tanto lo pueden realizar varios hombres con una mujer (o con otro hombre) como varias mujeres con un solo hombre, en la práctica, y salvo honrosas excepciones, el “ordenado tumulto” suele estar conformado por hombres y no por mujeres (me evito dar explicación de este desequilibrio). Huelga también decir que las medidas profilácticas, los condones por entendernos, deben ser un elemento primordial de esta erótica, pues se podría incluir entre las prácticas de riesgo o las consideradas extremas

¿Cómo se “legisla” el encuentro?

Pero volvamos a lo de la “regulación”; el propósito de “ordenar el tráfico” en una interacción grupal con una persona (lo del “todos contra uno”) no es otro que el de intentar generar una sensación de orden, y por tanto de seguridad, en el solitario elemento “embestido” que da sentido al ‘gang-bang’ para que, así, sus lógicas inquietudes ante la estampida de búfalos en celo no coarte su capacidad de goce. El miedo y la adrenalina son un poderoso estímulo sexual, pero sólo hasta cierto punto… Y ese es el punto que hay que intentar encontrar “legislando” el encuentro. Pero hay una segunda causa quizá más siniestra; los ajusticiamientos públicos también siempre se ordenan o se auto ordenan de partida (aunque, en estos casos, sin contar con el que va a ser ajusticiado). Y es que el ‘gang-bang’ tiene, en su origen conceptual, algo de castigo y de escarnio público, reconvertido con la sofisticada y a veces siniestra capacidad simbólica, exclusivamente humana, de convertir el dolor en gozo o la penitencia en redención (a las particularidades eróticas del masoquista o a la mortificación piadosa nos referimos). Ejemplo de esto último es una de las prácticas eróticas que, con frecuencia, corona el ‘gang-bang’; nos referimos al ‘bukkake’. El ‘bukkake’, del que ya nos ocuparemos con mayor extensión, consiste en eyacular en grupo sobre el cuerpo o la cara del “chivo expiatorio” (normalmente una mujer) o en su vertiente más sofisticada, en hacerle beber en un vaso las eyaculaciones recogidas tras el regulado y libidinoso encuentro. Es fácil entender que eso, en su arcaico origen japonés (‘bukkake’ significaría, en japonés, algo así como “salpicar o verter hasta empapar”) era el castigo público al que una comunidad sometía a la mujer adúltera…Y es que los caminos entre el mal y el bien, en nosotros los humanos, son tan largos, retorcidos y variados que se podría hacer con ellos una infinita cola.

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