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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

Tiempo

La eyaculación retardada

Los antiguos griegos no distinguían, al parecer, en su vocabulario a una mosca de una avispa pero, sin embargo, tenían al menos tres o cuatro denominaciones distintas para ese concepto que nosotros llamamos, simplemente, “tiempo”. Dos de esas denominaciones que, a día de hoy, nos pueden resultar más comprensibles son “Kronos” y “kairós”. El primero, “Kronos”, se asemeja a lo que hoy entendemos unívocamente por tiempo, es decir, a aquello que pasa cuantitativamente, el tic-tac del reloj que nos lleva del nacimiento a la muerte, pero “kairós” hace explícito ese tiempo de la oportunidad, el momento en el que algo se puede producir de manera oportuna y adecuada, es el “justo en ese momento”. En materia sexual, y más concretamente durante una interacción sexual, los amantes son devotos del “kairós” con tal fervor que hasta llegan a olvidarse de “Kronos”. Si por el contrario, el “cronómetro” (de “Kronos”) determina esa relación sexual, ésta está inexorablemente abocada al fracaso; si el reloj, con sus mediciones, frecuencias y durabilidades se adueña de los amantes, estos caen presos de él y no el uno del otro. Detrás de muchas dificultades sexuales siempre está “Kronos” impidiendo la irrupción de “kairós”. En el varón y en sus dificultades creemos que el tiempo interfiere siempre con un “demasiado pronto”, o lo que es lo mismo, con lo que venimos comúnmente en llamar una “eyaculación precoz” (en realidad, es una percepción de eyaculación “prematura” derivada de la situación o el convencimiento de falta de control eyaculatorio). Pero también se produce con más frecuencia de la que creemos un “está tardando demasiado” (eyaculación retardada) o un “es que no llega nunca” (aneyaculación). En todos esos casos, lo que de verdad sucede es que el venerado “kairós” es interceptado por “Kronos”; nunca lo que sucede, sucede en el momento oportuno.

¿Qué es y cuáles son las causas de la eyaculación retardada?

La eyaculación retardada es por tanto esa dificultad sexual que interfiere en el varón el tránsito en su respuesta sexual entre la fase meseta y el orgasmo, o dicho de otro modo; lo que está a punto de suceder, cuando se quiere que suceda, no sucede. En estas circunstancias, el orgasmo se produce mal y tarde. Las causas de esta circunstancia, como suele acontecer en la mayoría de las dificultades sexuales, tienden a venir asociadas a las que podríamos llamar causas culturales y/o psicológicas, pero antes de afrontar el tratamiento desde ese ángulo, hay que destacar algún tipo de problemática de origen orgánico. Entre estas, que las confirma o elimina un urólogo con la posible ayuda de un endocrino o de un neurólogo, están, por ejemplo, una obstrucción en los canales seminales, lesiones medulares y/o neurológicas, diabetes, unos niveles elevados en sangre de la hormona “prolactica” (“hiperprolactilemia”) y el consumo de neurolépticos, drogas, alcohol o sustancias que interfieren en la respuesta sexual. En el caso, más habitual como decimos, de que estas causas orgánicas se puedan descartar, es cuando la sexóloga o el sexólogo deben intervenir para valorar lo que subyace bajo este síntoma a fin de buscar el normal restablecimiento del sujeto. Y casi todas esas circunstancias tienen un tronco común; el exceso de voluntad de control por parte del individuo (la excesiva fijación que mencionábamos por “Kronos”). El querer de manera un tanto obsesiva, por ejemplo, “durar” mucho (nuevamente en el sentido cronológico) durante una interacción sexual, el temor a contribuir a un embarazo no deseado, por ejemplo por estar utilizando un presunto método anticonceptivo como la “marcha atrás” o por no tener la suficiente confianza en un preservativo, la “hipervigilancia” en la propia respuesta sexual que inhibe el desarrollo natural de la misma, etcétera. También factores como dificultades conyugales o una comprensión del hecho sexual humano basada en valores que intentan reprimir el goce o la hedonia contribuyen a incrementar la ansiedad y a activar los mecanismos de inhibición eyaculatoria. La primera pregunta que solemos realizar a nuestros pacientes es cuándo y en qué circunstancias se produce esa eyaculación retardada. Es una pregunta (y una respuesta) clave para empezar a entender todo el mapa de situación del paciente y, por tanto, el origen de sus involuntarias y descontroladas inhibiciones y bloqueos. La respuesta, en la gran mayoría de casos, suele ser la misma; durante el coito y cuando tengo que eyacular en la vagina de mi pareja. Raramente, aunque no imposible, la eyaculación retardada se produce durante una masturbación en solitario y algo más frecuente, aunque tampoco es lo más habitual, si la erótica que se lleva a cabo con su pareja no es el coito sino cualquier otra (por ejemplo, una felación). A partir del análisis de esas circunstancias inductivas de la eyaculación retardada, los profesionales tenemos muchas herramientas de orden educativo funcional para solucionar la dificultad con relativa prontitud y con un elevado porcentaje de éxito.

Peliculas eroticas

Saber distinguir lo que es de verdad importante y lo que no…

Hemos empezado hablando de los antiguos griegos, que a buen seguro también padecían estas dificultades, porque hay algo de fascinante en su lenguaje y por tanto en la compresión y construcción del mundo; su enorme capacidad para saber distinguir lo que es de verdad importante y lo que no. Poder matizar con varios significados y significantes lo que pudiera ser eso del tiempo o, por ejemplo, lo del alma (para ese concepto también tenían plurales formas de referirse a ellas) hacía que su capacidad de análisis abstracto de lo que es un humano arrojado al mundo, dejara en pañales nuestro actual y común pensamiento abstracto y conceptual basado en neologismos insustanciales y continuas diferenciaciones estúpidas y sin fundamento. Y es que una cosa es intentar entender el tiempo como sentido de la existencia (y la inexistencia) humana y otra, estar todo el día mirando el reloj o pasarse el día escogiendo si me quiero comprar un reloj de tal marca y cuánto vale… Y es que el valor y la “aristocracia” de un ser humano no se miden por qué mecanismo cronológico usa sino por cómo sabe emplear su tiempo.

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Además…

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