mujerHoy

Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

Coche con lluvia

¿Cómo decirle a tu pareja que no te ha gustado el sexo?

Lo de vivir en pareja es un poco como el conducir sobre hielo. Sabes que cualquier corrección que realices con el volante en la dirección o cualquier cambio brusco de la velocidad, bien tocando el freno o el acelerador, pueden ocasionar el patinazo y la salida de pista. Viviendo en pareja, el dilema que una se plantea con más frecuencia a lo largo del día es el de “¿debería decirle esto o aquello?”, “¿y si se lo digo lo hago ahora o se lo digo más tarde?”. Sin embargo, conducir sobre hielo es, ante todo, conducir; por poco o nada intervencionista que una sea, el vehículo tiene que mantener una trayectoria satisfactoria, no puedes soltar simplemente el volante o echarte a dormir en el asiento de atrás sólo porque la conducción es sobre hielo, porque la conducción sea particularmente complicada. El pensar “no toco nada, no vaya a ser que haga un trompo”, cuando llevamos una trayectoria de colisión contra un árbol no es la mejor de la medidas; lo mejor suele ser el mover el volante, pero hay que hacerlo con el máximo talento y con prudencia. Pues bien, en materia sexual, el cohabitar en pareja es como conducir sobre hielo con el cristal empañado, los neumáticos lisos y discutiendo sobre a quién le toca ahora conducir. Cuestionar las aptitudes, afectos y rendimientos en materia sexual de la persona que nos acompaña es abrir la puerta a herirlo en su faceta más sensible, invocar al diablo o ponerle tres velas al santo de todos los conflictos. Sin embargo, el no hacerlo cuando la situación lo requiere no es ya que habrá la posibilidad de merendarse un pino sino la seguridad de despeñarse por un barranco. Y, a diferencia de con un amante esporádico o casual, el “ya te llamaré yo”, aquí no vale. En este asunto, como en tantos órdenes de la vida, lo importante no es la decisión que determina el “qué” sino las formas que nos configurarán el “cómo”.

 

Las reglas de oro que no deberíamos saltarnos

En la comunicación entre dos personas que conforman esa unidad afectiva que llamamos pareja y, en especial, en el terreno tan minado de las interacciones sexuales, hay varias reglas de oro que no deberían saltarse nunca. Son de puro sentido común y no van a revelar ningún secreto oculto guardado en un templo shaolín de la China septentrional (aunque a algunos les den para escribir treinta libros de autoayuda… y venderlos) pero son efectivas. La primera es no culpabilizar al otro en la comunicación; es igual que tú pienses que tu pareja es más torpe que una lombriz con guantes, lo importante es que no le hagas sentir así. Por tanto, querer aislar al otro y que recaiga sobre él todo el peso de la culpa es tan efectivo para un diálogo como una cuchara para limpiarse los dientes. Por ejemplo, el uso del “tú” (“tú has…”, “tú deberías…”) en lugar del “nosotros” no trae nada bueno salvo que te guste, que gente hay “pa tó”, vivir en el permanente conflicto. Un segundo punto es saber encontrar el momento propicio, y éste es básicamente cuando la cosa se enfría, es decir, cuando la lógica y el razonamiento pueden fluir en una conversación y no está interferido por las emociones y el planteamiento irracional. Si justo después del “traqueteo”, le dices que la cosa podría salir mejor, lo más probable es que lo único que mejore sea la imposibilidad de resolver el problema. Si creemos que el momento es propicio, pero la conversación deriva al ámbito emocional (del tipo, “seguro que Manolito te lo hacía mucho mejor que yo”), mejor parar el planteamiento y la argumentación y esperar otro momento… Intentar meter lógica a un planteamiento irracional es entendido como un insulto para el irracional y eso sólo incrementará su disparate. Tampoco es bueno llevar un “registro contable” de los errores o torpezas que nuestra pareja haya podido cometer, y si se lleva, no exponerlo como si se tratara de una junta de accionistas; eso, evidentemente, sólo servirá para magnificar su sentido de culpa y la tarea de mejorar se le hará un mundo. Del mismo modo, ser sincera, cariñosa y concreta en señalar dónde están, a tu parecer, las dificultades y dejar la ironía y los sobreentendidos para otro momento. También es vital considerar que quizá no conoces a tu pareja tan bien como te crees y que eres capaz de anticipar lo que va a decir tres días antes, y por lo tanto, hacer el hoy en día prodigioso esfuerzo de escuchar. Escúchalo aunque sólo sea una vez, con la mente abierta, porque quizá quien se repite más que el ajo no es él en sus explicaciones sino tú en tus interpretaciones. Y no generalizar con el consabido “siempre” ni magnificar una dificultad con lo de “todo va mal”… Y pedir perdón siempre que convenga (que normalmente es diez veces más de las que crees).

Fantasías sexuales que aumentan el morbo

En casos que lo requieren, la figura del mediador puede ser muy útil

Si todo eso no sirviera para llevar al ámbito del diálogo con la pareja algo mejorable en el desarrollo de nuestras comunes interacciones sexuales, no dudes en considerar la intervención de la figura del mediador. En este caso, un terapeuta que, además de saber lo que hace, aleje las suspicacias de posicionamiento en una parte que pueda tener, por ejemplo, un amigo en común. ¡Ah!, y llenar el depósito del coche y armarte de paciencia antes de afrontar la pista, que lo de desembragar y meterla con ventisca no es algo que nos salga a la primera (ni a la undécima, me temo).

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Además….

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