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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

El pensador

¿Es cierto que los hombres solo piensan en sexo?

Si en nuestro conocimiento de las cosas hay algo más inquietante que un tópico es que ese tópico quiera ser llevado a la demostración. El que sirva de tesis sólo acaba certificando dos cosas; que cualquier estupidez de partida puede ser demostrada y que basta con que estemos firmemente condicionados por una creencia para que todo nos corrobore esa creencia. Y eso no sólo les pasa a los departamentos de humanidades de las universidades americanas sino que nos pasa a todos… Si a eso, le añades poco sentido crítico al presunto “investigador” o poca capacidad para ponerse en cuestión al individuo, la conclusión en forma de sandez está garantizada. Que uno quiere demostrar que el número tres es el que más se le aparece a lo largo del día y se detiene cada vez que ve uno, pues la “realidad” le dará la razón, que lo que quiere es demostrar que su creencia de que la natalidad aumenta y para ello cuenta las mujeres embarazadas que ve por la calle, pues su conclusión será inequívoca, indiscutible e irrefutable; cada vez hay más mujeres embarazadas. Y esto sucede porque nuestro interés no es tanto descubrir la verdad como ratificarnos en lo que creemos.

 

Un “hombre” no es una piedra caliza con propiedades constantes…

Cuando, además de eso, lo que se procura demostrar no es si dos moléculas de hidrógeno se combinan con una de oxígeno y dan agua sino algo como si los hombres piensan mucho en el sexo, los problemas epistemológicos de inicio son ya, simplemente, irresolubles. Y es que un hombre, por ejemplo, no es una piedra caliza, es decir, algo con propiedades constantes que no muta ni varía en el tiempo. Así, no basta con decir “hombre” para que tengamos un elemento “predictible” (algo sustancial a la ciencia, eso de la predictibilidad…) y ni siquiera si lo enumeramos en sus particularidades que hubiéramos previamente y erróneamente categorizado; si ese presunto “hombre” universal es adolescente o maduro, si está en paro o trabajando, si está sano o enfermo, si está encoñado o apático, si vive en Beluchistán o en Alcorcón … Si luego, además, lo que pretendemos demostrar es si piensa con frecuencia en el sexo, pues también habría que determinar qué coño es eso de “pensar” (si visualizar una imagen ya es pensar, si pensar es excitarse o si pensar en sexo es lo que hace que servidora ahora mismo esté escribiendo estas líneas, por citar algunos ejemplos), y también tendría que tener una definición inamovible y consensuada sobre lo que es eso que llamamos “sexo”, circunstancia esta de decir con rotundidad qué es el sexo que, afortunadamente, pues sólo los fanáticos y los locos tienen certezas absolutas, sigue y seguirá continuamente como elemento de reflexión entre nosotros.

No tenemos ni la más mínima idea (ni puñetera falta que nos hace)

Aún así, no faltan departamentos, normalmente de psicología (si los de metafísica se verían desbordados por esas dificultades epistemológicas que señalábamos, no digo ya cómo se encontrará uno de psicología) y normalmente anglosajones que obtienen subvenciones para realizar su “estudio” y sacar conclusiones irrefutables que se distribuirán por todos los medios de comunicación con el único fin de consolidar los tópicos o de captar la atención del personal. Y es que sí, los hombres y mujeres, pensamos con frecuencia en el sexo y todas sus múltiples variables y lo hacemos desde nuestra condición de sexuados, igual que pensamos en y con el lenguaje y, a veces, hasta sobre él. Para determinar esto no hace falta inventar la rueda.

Fantasías sexuales que aumentan el morbo

 

Pero saber eso no es suficiente, y así, los rigurosísimos estudios de comportamiento marcaban no hace mucho que un “hombre” piensa en sexo casi con la misma frecuencia con la que respira (unas 7.200 veces al día, llueva o haga sol) mientras que otros, más recientes, lo dejan en unas quince o veinte… Lo que viene a confirmar, en el mejor de los casos, que los hombres piensan en sexo y que lo hacen entre algo o casi nada y una burrada o porrón, o lo que es lo mismo, que no tenemos ni la más mínima repajolera idea (ni puñetera falta que nos hace) de cuántas veces piensa un “hombre” en sexo a lo largo del día. Pero, en fin, el mercado nuestro de cada día necesita de esas cositas para distraerse y tiende a enfurruñarse si no se le da respuestas “mascaditas” que vender a una clientela ansiosa por reafirmar su sesera de tópicos y lugares comunes. Afirmación ésta que, por cierto, tampoco podría demostrar con ningún estudio “científico”, pero que oye, que si hay una subvención para ello, la acepto…

Además…

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