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El blog de Valérie Tasso

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¿Qué es la vulvodinia?

Bajo ese nombre (vulvodinia) se engloba toda una serie de afecciones entre molestas y dolorosas (las más de las veces, manifestadas en forma de ardor, irritación o picazón) que pueden afectar parcial o totalmente el área genital femenina que conocemos con el nombre de vulva. Su causa no suele ser fácilmente determinable, su intensidad se muestra variable según distintas pacientes o en la misma paciente, no siempre presenta signos externos que la hagan detectable y su tratamiento se limita a ser sintomático (intentando paliar los efectos que produce pero no a erradicar la causa en sí misma). Existe la convención de que para hablar de “vulvodinia”, esos síntomas de amplitud y difícil catalogación deben prolongarse por un tiempo no inferior a los tres meses. La mujer que padece vulvodinia tiene, por tanto, un hándicap que afecta a muy diversos órdenes su vida cotidiana (hasta sentarse puede resultar un problema, pasando por dificultades de pareja), limitaciones que, además, se acentúan o agudizan en diversos procesos orgánicos o anímicos (por ejemplo durante la menstruación o en periodos de estrés) y, naturalmente, importantes coartaciones en el normal desarrollo de su vida sexual (suelen aparecer dispareunia o manifestaciones dolorosas diversas durante una interacción sexual así como dificultades sexuales comunes).

¿Qué es la vulva?

La vulva, en las hembras de nuestra especie, designa la parte externa y visible de los genitales femeninos, y comprende áreas como el Monte de Venus, los labios mayores y menores, el clítoris o la entrada de la vagina. Toda esa área es además una plataforma orgásmica primaria, es decir, su estimulación puede inducir al orgasmo, por lo que es un área muy sensible, atravesada de gran número de terminaciones nerviosas (en el clítoris son cerca de ocho mil el número de terminaciones sensitivas), con lo que es fácil suponer que cualquier afectación patológica que en ella se produzca magnífica la sensación de dolor.

Causas de la vulvodinia y tratamiento

Como mencionábamos antes, su etiología, es decir las causas o secuencia de causas que generan esta concreta afección, no se conocen con seguridad, pero sí hay otras conocidas que pueden provocar síntomas similares, por lo que es muy importante que, si se siente malestar en la vulva, se acuda a un o una profesional de la ginecología para que pueda descartar que lo que produce esa sintomatología no sean elementos que sí se pueden tratar y sanar, como por ejemplo la candidiasis, ETG (enfermedades de transmisión genital), infecciones por levaduras, lesiones cutáneas u otras. También enfermedades como la endometriosis, los fibromas uterinos, la fibromialgia, el colon irritable o hasta la dermatitis de contacto pueden producir efectos similares a los de la vulvodinia. Si ninguna de las reseñadas es el agente causante, entonces hay que recurrir a intentar paliar los síntomas con el uso de diversos recursos. Entre estos se pueden emplear los puramente farmacológicos, como antihistamínicos para reducir el picor, analgésicos, antidepresivos o anticonvulsivos y tratamientos anestésicos locales como la lidocaína, pero también se emplean terapias de suelo pélvico que le permitan a la mujer el reconocimiento, relajación y desensibilización del área afectada, terapias alternativas que puedan incluir el yoga, la meditación o la acupuntura (con el objetivo prioritario de conseguir mayores y más profundos estados de relajación general) y, en último extremo y en los casos que peor respondan y más localizadas tengan las molestias, la cirugía tendente a extirpar los tejidos afectados.

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Recomendaciones de higiene personal

Por último, los especialistas recomiendan una serie de prácticas diarias para intentar paliar los efectos o prevenir el que se produzcan. Entre ellas, señalaremos el evitar baños prolongados con agua demasiado caliente (si bien baños sentados con agua tibia pueden amortiguar las molestias), el no usar para la higiene íntima productos demasiado fuertes o perfumados, el evitar las duchas vaginales (limpieza exterior y sólo con agua sin frotar en exceso y con un conveniente secado posterior), procurar utilizar ropa interior de algodón (evitando el nailon), no utilizar ropa muy ceñida o mallas, así como intentar dormir sin ropa interior por la noche y utilizar en las interacciones sexuales lubricantes de base acuosa aunque no creamos que podemos necesitarlos.

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