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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

Recuperar a un ex

La moda de reconquistar al ex

Hoy en día, una de las máximas preocupaciones de los mercados, cuando ofertan sus productos, es el procurarle al potencial cliente una depurada garantía de compra. No basta ya con ensalzar las cualidades extraordinarias del producto que nos quieren colar, ni con ponernos bellas señoritas o apuestos caballeros en su publicidad. No. Hoy, en tiempos de la obsolescencia programada y de la percibida, hay que convencer al comprador de que lo que va a realizar es una compra segura y que puede devolver, que lo adquirido no le va a procurar sustos ni inconvenientes ni reparaciones, que su relación con él va a ser sólo el de obtener el máximo beneficio y el máximo gozo sin apenas realizar esfuerzos ni compromisos. En nuestras relaciones interpersonales, me temo, nos pasa un poco igual. Hemos dejado de ser buscados por debajo de las piedras al devenir todos elementos expuestos en una vitrina, hemos dejado de preservar nuestra composición para exponerla, como hacen los que recomiendan su restaurante en la calle de restaurantes de una población turística, ensalzando unas composiciones que, quizá, ni siquiera tenemos, y hemos dejado de recurrir al atractivo de nuestro secreto manteniendo una posición propia para contratar a una agencia de publicidad que nos visualice y nos “posicione”. Y todo eso hace que una tenga la impresión que, cuando se aventura en lo público (que hoy es sesenta veces por hora), no entre en un colectivo sino en un mercado, en un bazar. En gran medida, ya se nos seduce o seducimos; se nos adquiere y adquirimos. Si eso es así, debemos, como buenos consumidores, obtener una garantía de compra y devolución cuando iniciamos un proceso de captación del otro. Y un “ex” es un “producto” que cumple las dos exigencias, lo cual lo hace particularmente atractivo. De un “ex”, sabes si ha funcionado o no, con lo que si en términos generales ha ido bastante bien sin dar demasiado la lata y lo dejaste sólo porque podía haber mejores productos en el mercado, pues la garantía de uso está bastante asegurada. La de devolución también está implícita; si lo dejaste ya una vez, lo puedes hacer dos o tres o las que hagan falta y, además, una se evita el farragoso, comprometido y arriesgado proceso (el esfuerzo en definitiva) de tener que conocer a otro… Con el “ex”, ya has establecido un vínculo y sabes que se deja la tapa del váter abierta y que si, quizá, no es el mejor amante del mundo, pues por lo menos el chaval se esfuerza. Vamos, lo que pasa un poco con el éxito de las series televisivas; es más fácil seguir el hilo del capítulo anterior que empezar a ver otra película.

Un “ex” es como el bote de kétchup que tenemos en la nevera desde que lo compramos y que nos negamos sistemáticamente a tirar

Si nos atenemos a los millares de páginas en internet, consejeros y tutoriales que te explican, paso a paso y con ilustraciones, cómo recuperar al que desechaste, quizá sea esa “garantía” de compra la que hace que cada vez nos volquemos más en intentar readquirir a un “ex” que en conquistar una nueva plaza. También están los casos, evidentemente, de aquellos que quieren recuperar lo perdido, no porque lo hayan desechado sino porque o se lo han birlado o se les ha caído casi sin darse cuenta y estas personas están en todo el derecho del mundo de intentar el reincorporarse a la aventura (aunque, honestamente, intuyo que el porrón y medio de páginas en Internet no le van a ayudar gran cosa). Pero, lo que pasa con lo “ex” es algo que va más allá del lícito recuperar, espadín y votos en mano, al amor de su vida… Y es que con los “ex”, que suelen generar más interferencias que si se te hubieran posado tres cigüeñas en la antena, es que, emocionalmente, los soterramos pero nunca los acabamos de enterrar. Son un poco como el bote aquel de kétchup que tenemos en la nevera desde que lo compramos y que nos negamos sistemáticamente a tirar, no fuera a ser que un día… Pero, lo más probable es que no nos volvamos a poner kétchup nunca más en la vida, al menos no de ese bote que lleva, aunque nos neguemos a reconocerlo, más de treinta años caducado, y que, para lo único que sirve el pobre botecito es para darnos por culo cada vez que abrimos la nevera, y lo vemos allí con su cara lánguida o para que lo tengamos que ir moviendo como una ficha de dominó cada vez que nos falte espacio para colocar el melón que nos hemos traído a casa.

Una virtud importante es saber renunciar

Y es que si una virtud es el saber reconquistar, otra no menos importante es saber renunciar y, si se decide un día, quizá con buen criterio, quizá con mal criterio, el deshacer un vínculo establecido, lo mínimo que se puede pedir, una vez devuelto el rosario de las respectivas madres, es ser consecuente con la decisión y asumir las consecuencias de forma que el “ex” no se convierta en un engorro, ni para ti ni para los futuros “ex” que están por venir. Eso o comprarte una nevera americana…

Famosos infieles

 

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