mujerHoy

Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

Foto del video del Salón erótico de Barcelona 2018

El vídeo promocional del Salón Erótico de Barcelona

Estoy segura de que no soy la única que, tras ver el vídeo promocional de la edición de este año del SEB (“Salón Erótico de Barcelona”), se le han encogido las tripas y le ha subido a la boca un cierto sabor amargo (muy amargo) y algo de leche (muy mala leche), no a las tetas sino a la sesera. El motivo de este súbito “entripao” o del disparo de prolactina es una reacción fisiológico/cognitiva que se produce en determinadas condiciones y en determinados perfiles. Por ejemplo, cuando una empresa cárnica te pone en el envoltorio de sus filetes de lomo el dibujo de un simpático y sonriente cerdito rosa para que compres, con confianza, y no te fijes en lo que han hecho con los cerdos, ni cuál es, de verdad, su negocio. Y es que siempre es una sensación incómoda el detectar, por utilizar el lenguaje del anuncio en cuestión, que la están intentando meter doblada y que lo están haciendo no por donde suele hacerse sino por el “recto camino”… Y ambas cuestiones, llevarte a donde de verdad quieren (el “metértela” o el venderte los filetes de cerdo) y hacerlo por la captación a través de lo emocional, de lo conveniente, lo correcto y lo justo (el “recto camino” del cerdito risueño) es una práctica muy antigua y con un nombre muy concreto; la demagogia. Práctica especialmente inquietante sobre todo cuando, como en este vídeo, se hace bien y con recursos.

 

Las garantías del éxito demagogo

Como técnica de manipulación populista de masas, la demagogia no ha dejado nunca de mostrarse eficaz y nunca ha dudado en utilizar múltiples recursos. Entre ellos, el primero ha sido siempre el de señalar hasta la extenuación el gran enemigo común o el que puede recabar más adeptos a su (falsa) causa, algo contra lo que estemos todos de acuerdo; la falta de educación sexual, la dominación patriarcal o/y la violencia machista. Una vez señalado el contramotivo (el “feminismo”, en este caso) que atrapará a los gentiles como moscas en un tarro de miel, son muy importantes las formas del discurso; el elevar la emoción de las masas enardecidas ante las tropelías que denuncia el demagogo (oye, que si hay que recurrir a la Séptima de Beethoven, se recurre) y emplear un lenguaje directo, determinado, agresivo, que no contenga matices ni interrogantes, pero cargado de respuestas evidentes y a voz en grito, si es posible… Vamos, el propio del porno; “follar”, “meterla” o “mamada” son apostillas convincentes y los tatuajes, la voz inquisidora y el marchar marcial, garantías estéticas del éxito demagogo. Y después, hay truquitos y astucias para disfrazar la demagogia. Por ejemplo, esa máxima de que la mejor defensa es un buen ataque y más si se dirige contra uno mismo (hay hasta demagogia en el “mea culpa” que se entona); nosotros, casi sin darnos cuenta y sin pretenderlo, somos los responsables de todos esos males (el “enemigo”, en el discurso populista), pero todo esto va a cambiar gracias a nosotros (el “salvador” populista). La conclusión final no puede ser más clara: “En una sociedad sin educación sexual era obligatorio que el porno cambiara”. ¿Y cómo va a cambiar esto?, se puede preguntar una, ingenuamente. La respuesta es un lacónico rótulo que pone el pirotécnico “chin pum”; “Ahora mandamos nosotras”. ¡Ah, vale! Pues haber empezado por ahí. Así que, como ahora un genérico e inmaculado “nosotras” (las mujeres no lastimamos ni somos interesadas) se va a hacer cargo del porno, de su industria, de su finalidad (pornográfica), de las relaciones contractuales que establece, del marco ideológico que ha permitido al porno emerger y convertirlo en una industria floreciente, y hasta de explicarnos lo que es sexo y lo que no, pues ¡tranquilas!, que todo va a cambiar y, ahora, el porno ya no va a ser más porno, va a ser otra cosa… Sólo hace falta ir a la próxima edición del SEB y ver, entre espectáculos y bambalinas, ese inmenso y renovador poderío del “nosotras” en el porno.

Si algo me repatea es que se use el nombre del feminismo como denominación de origen para vender algo y no para reflexionar

Los que me conocen y han seguido mi trayectoria durante los últimos tres lustros, saben que no tengo nada contra el porno pero sí contra el hecho de que nos traten a todos, empezando por las mujeres, como estúpidas. Del porno y de su industria en España, conozco bien a las personas (entre las que tengo amigas y amigos… y espero tener más después de este artículo) y conozco sus entresijos (que no se van a clarear por un “nosotras”, ni aunque fuera cierto, que no lo es, ese “nosotras”). Me he interesado por todos los movimientos de renovación y orientación “femenina”, del “pos porno” al mal llamado “porno feminista” o el “porno para mujeres” y, a veces, los he aplaudido y otras los he puesto en cuestión. Soy consumidora de porno y creo entender su funcionalidad y auge en una sociedad de la transparencia como la nuestra. Pero, si algo me repatea es que se use el nombre del feminismo como denominación de origen para vender algo y no para reflexionar. Eso es lo que hace el puritanismo sexual más rancio y resentido, que viene a colocarnos sus santificadas y castradoras premisas en nombre de nuestra supuesta liberación… Y eso es, también, lo que hace esta publicidad, diseñando un anuncio para vender entradas de un festival porno (sí, porno). Así no. Así no vamos a conquistar ni a cambiar nada, sólo iremos depurando y haciendo más efectiva nuestra demagogia (y quizá también, como quiere el patrón, la de la venta de entradas). Las cosas las empezaremos a cambiar, “nosotras” y “nosotros”, cuando empecemos a tratar a las personas como adultas y no como un rebaño al que conducir, cuando nuestro interés mercantil deje de sobreponerse a nuestras inclinaciones éticas, y cuando nuestra preocupación sea el cerdo y no el vender, cada año, un diez por ciento más de filetitos de lomo.

Fantasías sexuales

Otros post de Valérie Tasso

|

Comentarios