mujerHoy

Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

sindrome-koro

¿Qué es el síndrome de Koro?

Estamos a principios del siglo XVI en la ciudad de Estrasburgo. Un día de julio de 1518, Mme. Troffea vuelve andando a su casa. Súbitamente y sin causa aparente, empieza a bailar. Y no puede parar de hacerlo. Se la intenta sujetar, se intenta razonar con ella, se la somete a exorcismo, pero sin éxito. Tres días después, fallece. A la semana del inicio de su baile ya hay una quincena de vecinos bailando por las calles de Estrasburgo. Al mes ya rondan los quinientos. Los fallecimientos por extenuación, ahogos o fallos cardíacos alcanzan la cifra de más de una docena al día. A día de hoy nadie sabe lo que sucedió ese verano en Estrasburgo. Se descartan las hipótesis más plausibles (rituales orgiásticos heréticos, intoxicación por alguna levadura del pan, etcétera) y sólo nos queda una hipotética explicación: un episodio de histeria en grupo, una psicosis colectiva inducida por las durísimas condiciones de vida y por un sistema de creencias basado en la superstición, el miedo y el pensamiento mágico. La constatación de decenas de casos de coreomanía colectiva desde el inicio de la Edad Media en Centroeuropa y áreas colindantes parece reafirmar la hipótesis. Los humanos somos fascinantes.

Un síndrome que puede afectar a hombres y mujeres

El síndrome de Koro es la creencia que tiene un individuo de que sus genitales se están progresivamente retrayendo hasta acabar desapareciendo u ocultarse bajo el abdomen y producir la muerte. Toma el nombre, al parecer, del término “koro” con el que, en lengua malaya o en javanés, se designaría la cabeza de la tortuga y su particular capacidad retráctil y extensiva con relación al caparazón (en malayo, se emplea el término “keruk” para referirse a la acción de “encoger”). Afecta con enorme preeminencia a hombres, pero también puede darse en mujeres que, alteradas por este síndrome, creen que sus pezones o la vulva, mayoritariamente en los labios mayores y menores, se están contrayendo. De las personas afectadas, la inmensa mayoría vive en el sudeste asiático y regiones meridional del este chino, pero también se han detectado casos de esta particular alteración perceptiva en África y puntualmente en occidente. Al menos se conocen cinco “epidemias” de este síndrome desde 1960 hasta 1990 que, como el caso de Estrasburgo y el Baile de San Vito, afectaron simultáneamente a comunidades enteras.

Un curioso síndrome

En cuanto trastorno, el síndrome de Koro se encuentra, dada la irracionalidad de la creencia, englobado dentro de un muy genérico epígrafe de “trastorno mental” y solía asociarse erróneamente a  los llamados “trastornos dismórfico- corporales” (una errónea percepción del propio cuerpo o sus componentes) pero lo más común, hoy en día, es asociarlo a manifestaciones de trastornos obsesivos-compulsivos, neurosis de ansiedad o delirios psicóticos. En el DSM IV (el manual psiquiátrico de diagnóstico y estadísticas), se incluyó entre las llamadas “Enfermedades culturales”. Cabe distinguir, si bien existe muy poca literatura científica al respecto sobre su diagnosis, evolución y tratamiento, si este síndrome se presenta como alteración exclusiva y en las áreas  geográfico/culturales mencionadas (a eso, algunos lo denominan un Koro primario) de cuando se produce en áreas sin tanta influencia cultural, en ese sentido como occidente, y como sintomatología de otra afectación de base (en estos casos se suele hablar de Koro secundario).

alimentos-mas-sexy

Causas y efectos del síndrome

Los efectos psicológicos que producen en el paciente suelen ser los propios de los grandes estados de ansiedad; pánico y sensación de colapso y muerte, sudoración, parestesia (hormigueo, calores o fríos), disnea (ahogos), etcétera. Los efectos físicos suelen derivarse de las medidas que el paciente adopta para intentar evitar la retracción que considera inminente; las lesiones de mayor o menor gravedad producidas por intentar retener el pene en su lugar, por realizar alargamientos para recuperar su forma original, etcétera. Las causas que los pacientes suelen manifestar como responsables de esa progresiva mengua de sus genitales son variopintas pero tienen muchas veces el pensamiento mágico o la superstición como fundamento (un hechizo, una posesión, un maleficio) y suelen venir siempre acompañados, además de un profundo desconocimiento en materia de educación sexual, de un sentimiento de culpa por haber defraudado de alguna manera (a través de la masturbación, o de una relación sexual inapropiada) las leyes humanas o divinas que rigen el orden moral establecido.

Realicé gran parte de mis estudios superiores en Estrasburgo. En su catedral, de la que se cuenta que el diablo está representado en la fachada principal pero nadie sabe muy bien dónde, se produce un curioso fenómeno. Los días más fríos, y en Estrasburgo hace un frío que se las pela, siempre sopla un viento particularmente fuerte y helado alrededor de ella. Se cuenta que es el mismísimo diablo moviéndose a velocidad de vértigo bien porque no consigue captar su imagen, bien porque el influjo de la catedral lo mantuvo eternamente condenado a circundarla. Lo cierto es que será el frío o el relato pero una, casi sin quererlo, se suele quedar petrificada cuando se acerca al templo. Y es que el peso de la cultura, tanto como el de la física o la bioquímica, transforma un cuerpo… y lo que es más sorprendente; esa alteración de orden cultural pero experimentada en mi propio cuerpo se puede “contagiar”, como si de un virus se tratase, a los demás miembros del colectivo. Y es que los humanos no sabemos, para bien y para mal, hasta qué punto somos fascinantes (las tortugas también, pero menos).


Además…

El vídeo promocional del Salón Erótico de Barcelona
La moda de reconquistar al ex
¿Por qué no te pone el preservativo de una puñetera vez?

|

Comentarios