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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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El Virus del Papiloma Humano (HPV): lo que conviene saber

En realidad, bajo los epígrafes del “HPV” o “VPH” (“Virus del Papiloma Humano”), no se esconde un virus sino varios cientos de tipos de virus y no todos ellos operan como una ETG (“Enfermedad de Transmisión Genital”), es decir, que su contagio y manifestación, si la hubiera, no se produce exclusivamente por esta vía. Los virus de este conjunto que sí lo hacen por vía de una interacción sexual son, según algunas relaciones médicas, unos cuarenta tipos diferentes y su peligrosidad y resistencia al sistema inmunológico dependen del tipo de virus que se trate. Así, hablar de “VPH” no implica indefectiblemente ni ETG ni que vaya a desembocar en un cáncer, pero sí la posibilidad de ambas cuestiones en función del virus con el que nos hayamos contagiado y de la reacción de nuestro organismo para con él.

 

Intentar detectar el virus debería ser tan necesario como lavarse los dientes

En materia sexual,  podríamos decir que prácticamente todo el mundo se ha infectado alguna vez del VPH en alguna interrelación sexual, y también podríamos decir que las personas que lo pueden transmitir por ese canal representan un porcentaje altísimo de la población. Por tanto, la prevalencia del VPH, es decir el número de sujetos que lo padecen, así como su incidencia (el número de nuevos sujetos que van contrayendo el virus) hacen del VPH, cuando así lo es, la enfermedad de transmisión genital más frecuente. La mayoría de esos contagios son inofensivos (alrededor del 90 %), pues además de operar de manera asintomática (lo que significa que nadie se entera, ni la pareja sexual ni la propia persona infectada), el propio sistema inmunológico del paciente puede eliminarlo en un plazo no mayor de dos años, pero hay algunas variantes que no son contrarrestadas por el propio organismo de cada individuo y pueden, como decíamos, provocar a la larga desde verrugas genitales (producidas normalmente por grupos de VPH llamados de “bajo riesgo”) hasta lesiones cancerosas (se estima, por ejemplo, que prácticamente el 100% de los cánceres de cuello de útero son atribuibles al VPH).

Su condición de ser indetectable de manera no clínica hasta que el daño es grande por operar sin síntomas hace que los métodos de detección del virus en vagina y útero y del tipo concreto de virus sean absolutamente necesarios, especialmente entre nosotras, las mujeres, pues en nosotras, el virus puede generar más estragos. Los métodos de detección deben formar parte de una rutina sanitaria tan necesaria o más que el lavarse los dientes. La detección del virus en esas áreas (en otras áreas de posible afectación como la garganta, vulva, pene, o ano no se puede detectar hasta que se produce una lesión) la realiza un laboratorio clínico a petición de una o un ginecóloga/o que realiza, en una inspección rutinaria, una citología vaginal (una toma no traumática de muestras de tejido celulares que se conoce técnicamente como “prueba de Papanicolaou”). Esta citología es la información más fiable, si bien no infalible (puede resultar negativa aun existiendo infección), para detectar precozmente la existencia del grupo de virus, su tipo concreto y el grado de daño que nos pueda estar produciendo con vistas a tomar las medidas más oportunas.

 

Las medidas preventivas son el uso del preservativo y la vacuna

Entre las medidas preventivas ante la más que posible infección por VPH que se avecina son dos: el preservativo y la vacuna. El uso del preservativo en nuestras interacciones sexuales disminuye considerablemente las posibilidades de contraerlo, pues si bien el condón no es tan eficaz como frente a otras ETGs (el condón o las barreras de látex cubren áreas determinadas pero el VPH puede localizarse en otras áreas más extensas), sí  es una medida profiláctica que amortigua notablemente su incidencia en las zonas más sensibles. En cuanto a la vacuna,  parece ser, si a los resultados clínicos y recomendaciones médicas nos ceñimos, el método más efectivo para su prevención y va destinada a afrontar, según la vacuna que se utilice, los tipos de VPH más dañinos (el 6, 11, 16, 18, 31, 33, 45, 52 y 58) y que son los responsables de distintos cánceres según el área que afecten. En España, se vacuna desde el 2008, si bien la vacuna ya se empezó a comercializar como producto farmacéutico en 2006 y se fue paulatinamente aprobando por las distintas legislaciones sanitarias nacionales.

La vacuna es gratuita y sistemática para niñas de 12 años (la eficacia es mayor si todavía no se han iniciado relaciones sexuales) en casi todas las Comunidades Autónomas y la vacunación se realiza en centros de salud y en los propios colegios. Para chicas de mayor edad, la vacuna se puede adquirir en farmacias y cada Comunidad Autónoma tiene sus propias recomendaciones de uso para grupos de población femenina que no se incluyan en la vacunación sistemática. Naturalmente, el uso de la vacuna no exime del sentido común y de la responsabilidad propia de realizarse las pruebas y revisiones ginecológicas establecidas ni de utilizar el preservativo en las relaciones sexuales.

El VPH es, en definitiva, algo que, sin espanto, conviene no perder de vista y que exige de nosotras un empleo refinado de las mejores herramientas que tenemos (que son muchas) para afrontar eso tan complejo de estar vivo: el conocimiento y el sentido común.

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