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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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La salud de los testículos

Los antiguos romanos tenían la costumbre de proferir los juramentos sujetándose con la mano derecha los testículos. Cualquier declaración que implicara un compromiso, y por tanto un acto de debido cumplimiento, por parte del varón que la realizaba y requería además una especie de fe notarial de la proclamación de lo dicho, se realizaba según el mismo ritual. Ya sabemos que para un romano pocas cosas (por no decir ninguna) tenían más importancia que aquel lugar donde creían que residía su “vir, es decir, su virilidad y su condición masculina, por lo que poner los testículos como valederos de la afirmación o compromiso que se realizaba no era un asunto baladí. Los llamados en la literatura médica “dídimos” (etimológicamente “gemelos”, “mellizos”) devenían así los testigos de tan solemne propósito, de ahí el nombre que a esas glándulas reproductivas masculinas le otorgamos hoy en día; testículos (que serían algo así como los “testiguillos”… los testigos pequeños). Se ve que eso de decir y hacer las cosas “por mis cojones” viene ya de antiguo

Tocarse los cojones” es una actividad más que recomendable…

Pero, los testículos, además de ser metafóricos testigos de la fiabilidad masculina en los propósitos que emprende, son literales testigos de la salud genital de su propietario a los que se les suele escuchar poco y mal. Es extraño, por ejemplo, el que un varón que no presente síntomas específicos que sean muy ostentosos (bien por alteración de la forma, bien por dolor intenso) se examine el estado de sus testículos, al igual que hacemos las mujeres con nuestros senos regularmente mediante una palpación y, sin embargo, es una práctica que debería cumplirse a rajatabla para encontrar anomalías, irregularidades o pequeños bultos… Vamos, que lo de “tocarse los cojones” es, de vez en cuando, una actividad más que recomendable. Y es que los testículos pueden verse afectados por una serie de problemas de salud específicos entre los que reseñaremos, a continuación, algunos.

Algunos problemas de salud que pueden sufrir los testículos

Por ejemplo, los problemas de tipo infeccioso como la orquitis y la epididimitis que se presentan por una súbita inflamación del testículo además de otros síntomas recurrentes como dolor en el testículo o zonas adyacentes, sangre en el semen, fiebre y secreciones por la uretra. Entre los virus y bacterias que pueden causar esta infección, parece que el más frecuente, especialmente entre la población masculina infantil, es el virus de las paperas, pero también algunas ETG (Enfermedades de Transmisión Genital) como la clamidia o la gonorrea pueden desencadenarla, además, naturalmente, de cualquier intervención quirúrgica que haya sufrido el paciente en sus vías urinarias o infecciones de cualquier tipo en dichas vías. Tras el correcto diagnóstico por parte del urólogo, el tratamiento suele ser de antibiótico combinado con tratamiento sintomático y reposo. La llamada hidrocele, consistente en una acumulación de líquido en el recubrimiento del testículo, tiene una sintomatología consistente en la inflación de uno o ambos testículos sin que necesariamente se produzca dolor (dependiendo éste del grado de inflamación), y es frecuente en los recién nacidos y suele desaparecer por si misma antes del primer año de vida, pero puede darse en varones adultos por distintas causas como lesión o inflamación en el escroto e infección con probabilidad que provenga de una ETG.

La hidrocele por sí misma no suele causar mayores problemas, pero si cursa con otras sintomatologías, requiere de la vigilancia inmediata de un profesional para descartar otras causas adyacentes. El varicocele designa un agrandamiento de las venas que transitan por el escroto (son similares a las varices de las piernas pero en el escroto). Puede operar de manera asintomática y normalmente no requiere de tratamiento, pero si ese fuera el caso y cursara con dolor y/o molestias, se puede tratar quirúrgicamente. Los temidos tumores testiculares (especialmente si cursan sin dolor) son inflamaciones o protuberancias que aparecen en uno o en ambos testículos y que deben ser en cualquier caso atendidos por un urólogo y extirpados quirúrgicamente para evaluar el motivo que los ha producido, pues puede ser la manifestación de un cáncer testicular. Este tipo de cáncer es posiblemente el de mejor tratamiento de los que se conocen, suele desarrollarse a edad temprana (entre los 15 y los 35 años) y afectar a un solo testículo. Entre sus síntomas más frecuentes están, además de la detección de un bulto, un dolor “sordo” e indefinido en la ingle, el abdomen o la espalda, acumulación de líquido en el escroto, y el aumento y sensibilidad en las mamas. Entre los problemas que afectan con mayor dolor (además de los traumatismos en la zona) y que requieren de una intervención profesional más rápida, se encuentra la torsión testicular. Ésta consiste en que el testículo gira, quedando estrangulado por el cordón espermático con lo que corta el riego sanguíneo a la zona. Eso produce un dolor súbito e intenso, además de poder venir acompañado de hinchazón, vómitos, fiebre, excesivas ganas de orinar y el aspecto de que el testículo se ha colocado más arriba o en un ángulo inusual. Si bien la torsión testicular se puede dar a cualquier edad, es más frecuente en la pubertad y en la primera juventud. Un último problema que señalaremos y que afecta a los niños varones es el de la criptorquidia o de los testículos no descendidos o los llamados en “ascensor”, que consiste básicamente en que uno o dos testículos no alcanza su posición en la bolsa escrotal de manera natural. Este problema suele tener fácil tratamiento en manos de un especialista y no conviene dejarlo pues puede ser causa de mayores complicaciones en edad adulta.

Los testículos necesitan una atención muy especial

Como vemos, también los “testiguillos” merecen nuestra atención y no sólo para lúdicas o solemnes cuestiones, y, por tanto, no hay que ningunearlos de manera alguna… Y es que, a veces, lo que cuelga, puede traer cola.

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