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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

Side View of a Couple Kissing at Sunset on the Beach by the Sea

La fórmula para saber cuándo tienes que perder la virginidad

El titular es el siguiente; “Esta es la fórmula para calcular la edad a la que tienes que perder la virginidad”. De buenas a primeras, hay dos términos, un sustantivo y un verbo, que parecen resumirlo todo con relación a la “virginidad”; “fórmula” y “tienes que”.

Nos están convirtiendo en meros datos, en puro algoritmo sin pizca de humanidad

Uno de los elementos que configuran, según algunos autores, la llamada “Cuarta Revolución Industrial” que, en realidad, sería un desarrollo de la tercera, es además de las innovaciones tecnológicas en biotecnología, Inteligencia Artificial y robótica, la gestión de los datos en base a la digitalización y capacidad de procesamiento de los mismos. Todas son tecnologías llamadas “convergentes” pues, si bien por ellas mismas tienen una enorme capacidad transformadora, actuando en conjunto, son capaces de producir transformaciones en el mundo y en nosotros mismos que ni siquiera somos ahora mismo capaces de imaginar.

Entre ellas inician, con relación a cómo nos entendemos, mejoramos y desarrollamos, el llamado “post humanismo”; un cambio de paradigma en los métodos que utilizamos para desarrollar nuestras potencialidades humanas (como hicieran en su momento, por ejemplo, la alfabetización, la imprenta y la lectura) o el temido “transhumanismo”, que sería la sustitución de lo humano por “algo” que nos sobrepasa en todas las cualidades y que acaba por hacernos inútiles (un poco como les pasó a los neandertales con los cromañones). Pues bien, el convertirnos a todos en meros datos sin pizca de humanidad ni biografía, que deviene algo evaluable y controlable por una recopilación exhaustiva de información numérica y en base a ajustados algoritmos (por una puta “fórmula”), es algo que ya vivimos y que puede entroncar con nuestras más temidas distopías.

El que tú, yo o tu hija, seamos un puro algoritmo (y no una humanidad con una vida y complejísimos procesos de subjetivación ligados a ello) con el que se puede intervenir como se opera para calcular el stock de producto que queda en un almacén es hacer, como anunció Heidegger, de nuestra existencia (del modo en el que el tiempo de vida nos desplegamos en cuanto humano) una mera “existencia” (un “producto” de los que encontramos en las estanterías de un supermercado). De ahí que lo de “fórmula”, aplicada a un humano y a algo tan absolutamente ligado a su imprevisible existencia (además de conceptualmente mal definido) como es la pérdida de su “virginidad”, suene como un eructo en el oído a poco que una no esté más sorda que una tapia o le importe lo que nos resta de humanidad menos que un miserable pimiento.

Pretenden equipararnos a un surtidor de gasolina…

Luego está la acción, el “tienes que”. Implica un imperativo, un “hay que hacerlo”. Y es que el algoritmo (la “fórmula”) aplicado es infalible, no como tu miserable criterio de humano más perdido que un pulpo en un garaje. Si la fórmula dice que hay tres latas de gaseosa, hay tres por más que tú cuentes cuatro (tú puedes no saber contar pero la indiscutible fórmula no puede fallar). Así que, primero pretenden equipararte a un surtidor de gasolina y, después, te dicen cuándo tienes que empezar a surtir porque estás lo suficientemente llena como para chorrear en un depósito.

¡Ojo! El titular tiene trampa y ya sabemos que las trampas venden más que el rigor

Si de verdad la noticia fuera esa, que hay una fórmula para que cuando nazca tu hija, se la apliques de manera que la criaturita tenga indefectiblemente que abrirse de piernas por primera vez, tal día a tal hora, la cosa sería como para dejar de escribir (pensar, reflexionar, existir…) inmediatamente. Pero el titular, ¿cómo no?, tiene trampa, pues las trampas venden más que el rigor. En realidad, el presunto “descubrimiento” trata simplemente de una estadística más que en base a cuatro factores que a los autores del “estudio” les han parecido determinantes para evaluar el nivel de satisfacción de tu “primera vez” (cuatro factores de formulación que podrían ser diez, cien mil o cuatro completamente distintos) y que intenta, la citada estadística, determinar cuándo “conviene” o es más satisfactorio el que te pongan el himen por montera. La muestra de las entrevistas realizadas a los individuos con la que se pretende elaborar la imperativa fórmula aplicable a toda la humanidad sexuada es de unas mil personas (más o menos los que caben en dos o tres aviones) y de procedencia británica o norteamericana… Todo un ejemplo de rigor y de proyección de lo que los 7.678.174.700 (siete mil setecientos millones aproximadamente) habitantes del mundo (incluye Algete y Ulam Bator) deben hacer con su sexualidad en sus cada una de sus particularísimas e irrepetibles existencias.

Otro mal chiste…

En fin, otro mal chiste que muestra el lamentable estado de lo que nos venden como información y educación sexual (lo que es y nunca debería ser) que debería a todas hacernos pensar mucho más en por quién nos toman y qué quieren hacer de nosotras que en eso de qué día y a qué hora estará una “virgen” obligada y predestinada a dejar, gustosamente, de serlo.

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