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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

El condón femenino: ese gran desconocido

¡Cuando pagues tú el teléfono, entonces podrás hablar con tus “novietes” lo que te dé la gana!”. Esa era una frase que solían repetirme con insistencia cuando yo empezaba mis adolescentes devaneos eróticos y la tarificación telefónica era siempre proporcional al tiempo de conversación. La sentencia y la coacción reflejaban algo muy concreto; quien tiene la autonomía asume la responsabilidad de dicha autonomía. Un elemento tutorial (los padres en este caso) imponen sus condiciones a otro (la niña) porque dispone de la autonomía en el uso de algo (el teléfono en este caso), conseguida porque ellos tienen la responsabilidad (pagando las facturas telefónicas) del uso de este algo. “Cuando vivas en tu casa (la pagues y te responsabilices de ella), podrás hacer lo que te dé la gana en ella (tendrás más derecho y autonomía en tu casa)”, podría ser la sentencia maximalista del caso concreto del uso del teléfono. Un incremento de la autonomía o del derecho implica siempre un incremento de la responsabilidad o dicho a la inversa; mientras más responsable eres, más derechos tienes sobre eso de lo que te responsabilizas.

La conclusión parece de Perogrullo pero hay veces que da la sensación de que no nos entra en la mollera. Vayamos a otro caso muy concreto; ¿cuántas de nosotras nos hemos tenido que enzarzar en una interminable conversación con un cretino que no quería ponerse el preservativo? O, dicho de otro modo; ¿cuántas veces cada una de nosotras ha dependido (por no tener la autonomía suficiente) de que alguien (a quien le otorgamos la responsabilidad) se cubra o no la picha con una gomita para tener la garantía de que eso en que nosotras nos implicamos nos resulte satisfactorio? Y es que el hecho de llevar preservativos en el bolso como para alicatar un baño, tampoco era y es garantía para que el interfecto use eso y de forma honesta (sin hacer “juegos de manos”) que nosotras le podemos proporcionar, pues la responsabilidad (y por lo tanto, el derecho y la autonomía) siempre queda en manos de su decisión última. En este caso concreto, la solución y, por tanto, el asumir la responsabilidad y la autonomía sobre la profilaxis en nuestras interacciones sexuales, pasa por un sencillo mecanismo; el condón femenino… esa es una de sus ventajas.

Algunas informaciones sobre el condón femenino

Diaphragm Flat Design Female Reproduction Icon with Side Shadow

Creado a principios de los noventa del siglo pasado, su diseño es tan simple como el condón masculino y su colocación, pese a lo que algunos puedan creer, tan sencilla como éste, sin tener además la necesidad de la erección o la inmediatez de colocarlo en el momento de la interrelación (el preservativo femenino de última generación puede colocarse hasta ocho horas antes del encuentro). Es un método anticonceptivo, al igual que el condón masculino, de los llamados de “barrera”, por lo que resulta de enorme utilidad tanto en la profilaxis como en la prevención del embarazo. Su diseño es, como indicamos, muy similar al masculino (un cilindro de forma cónica), con la salvedad de que es de mayor tamaño, tiene dos anillas en los extremos (una para colocarse en el cérvix y otro de mayor tamaño para recubrir parcialmente la vulva) y, en ocasiones, varía en el material de su composición.

En un principio, se realizaban en poliuretano y con posterioridad, a mediados de la primera década de este siglo, se empezó a utilizar el material más frecuente hoy en día; el nitrilo. Tanto el poliuretano como el nitrilo son materiales más resistentes que el látex, además de evitar las posibles reacciones alérgicas en el caso del nitrilo, por lo que son más fiables en su función protectora frente a roturas o desgarros. La fiabilidad que se estima es muy alta (entre el 95 y 99 %) siempre que, al igual que sucede con el preservativo masculino, se utilice correctamente y, además, su área de protección es mayor que en el condón masculino, pues protege de enfermedades de transmisión genital o de infecciones (como el VPH) en áreas circundantes como la vulva (parcialmente) o el perineo. El precio de adquisición es algo mayor que el del masculino (suele rondar los dos euros largos el de nitrilo comprado individualmente) y, al igual que éste, es desechable y de un solo uso.

Una mayor autonomía en el cuidado de una misma

Sí, lo sé, algunas pensaréis que si difícil es que se extienda más el uso de algo tan sustancial como el condón masculino, pues más difícil es que lo haga el femenino… Pero, ¿qué queréis que os diga? Una, en su ingenuidad, tiende a creer que el mundo debe aspirar hacia el sentido común y hacia la adultez en el trato entre nosotros. Y ser adulto y responsable son las exigencias que imprimen un mayor derecho y una mayor autonomía en el cuidado de una misma.

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