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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

¿Qué es la erotomanía?

El presentador se acomoda en su silla. Desde vestuario de producción, le han recomendado que hoy se ponga una corbata roja. Cuando se enciende el piloto de la cámara, la mira directamente siguiendo las instrucciones del regidor para dar la primera noticia que, desde redacción, consideran que debe iniciar el informativo. Esa noticia afecta a una persona de nombre Rosa. El fondo del plató es azul claro. Mientras expone la información, hace un gesto involuntario con el bolígrafo dando un pequeño golpe sobre los papeles que maneja. Hoy es 14 de Febrero.

En su casa, Celeste (nombre ficticio para ilustrar este ejemplo) observa a través del televisor toda la escena. Y ya no le queda ninguna duda; el presentador la ama, del mismo modo que ella lo ama a él. Y es que ella sabe leer los signos, los guiños con los que el presentador le declara su amor; simulando mirar a la cámara, en realidad la mira a ella, empieza hablando de Rosa, y la rosa es su flor favorita, se ha puesto una corbata roja y Celeste se ha puesto hoy un sujetador rojo, tras de él un fondo azul claro (celeste) que a buen seguro él ha elegido en homenaje a su nombre, el golpecito del boli sobre la mesa es una llamada de atención, por otra parte innecesaria, para que Celeste sepa que le está hablando a ella. Y hoy es el día de los enamorados. ¿Qué más pruebas necesita de que su amor por el presentador es correspondido? Todo cuadra a la perfección, todo tiene sentido, es la más bella declaración de amor que le han hecho nunca y Celeste sabrá cómo corresponderla.

En una persona se genera la inamovible certeza de que está destinada a tener una relación de carácter amoroso con alguien normalmente inasequible

Nietzsche sentenció un día que no es la duda la que nos vuelve locos sino la certeza. La certeza de Celeste, esa certeza concreta, incuestionable, evidente para ella y obtenida a través de un proceso delirante, es una manifestación de su psicosis. Celeste padece de un trastorno de delirio paranoico que encaja en los llamados originariamente “delirios pasionales” y que suelen venir asociados a psicosis como la esquizofrenia, un trastorno esquizo-afectivo o la melancolía severa y fue designada así como “locura erótica” por primera vez (si bien se tenía constancia desde antiguo de este desequilibrio) por el psiquiatra francés Gaëtan Gatian de Clérambault en 1921. Su manifestación es la referida; en el paciente se genera a través de un delirante razonamiento la inamovible certeza de que está destinado a concretar una relación de carácter amoroso con alguien normalmente inasequible (tan inasequible para el común de los mortales que hace que el paciente de erotomanía se auto convenza de que ha adquirido la condición de “elegido”) y a quien ni siquiera conoce personalmente o con el que ha tenido un mínimo contacto casual. Nada de lo que suceda en realidad, ni que su personaje amado se case con alguien, ni en caso de contacto directo la negación explícita o que éste emprenda acciones legales como una demanda de acoso, van a hacer nada más que reafirmar esa convicción.

En su proceso delirante, el erotomaníaco va a pasar por distintas fases; de “confirmación” de ser amado, pero también de despecho o de venganza, que sólo tienen el propósito de que su delirio se mantenga vivo. Decimos el “erotomaníaco”, pero en realidad es una psicosis eminentemente, aunque no exclusivamente, femenina (uno de los muchos nombres que ha recibido la erotomanía a lo largo de la literatura clínica ha sido, al parecer, el muy literario de “psicosis de la vieja doncella”) y que, además, tiene otra particularidad con relación a los desequilibrios esquizoides; no se suele activar en la adolescencia o en la primera juventud sino en edades normalmente coincidentes con una primera madurez. Las causas que suelen activarla suelen concordar con existencias consideradas por los mismos sujetos de particularmente miserables, tristes o sin sentido, y el consecuente nivel de estrés que producen que parecen requerir del paciente una cierta “solución” de orden disociativo entre su realidad y la que añoran. Como se habrá deducido, la erotomanía puede estar muy asociada al fenómeno “fan” y a las particulares estructuras psíquicas que lleva al individuo a participar de él, pero como venimos explicando, llevándolo hasta el paroxismo. Señalar también que si bien el erotomaníaco siempre busca establecer de manera insistente, atosigante e inquietante, contacto escrito, visual o verbal para hacerse con la absoluta “propiedad” de su imaginario objeto “amado”, el objetivo de acabar estableciendo una interacción sexual no es casi nunca una finalidad en sí mismo; la erotomanía obedece más a las finalidades propias de un amor de orden mucho más espiritual que carnal, a algo mucho más “escrito en el cielo” que forjado en las sábanas.

El amor puede convertirse en un patológico sentimiento destructor…

Y es que el amor, que en sus iniciales fases de enamoramiento siempre conlleva algo de disociación con la realidad, puede también devenir un patológico sentimiento destructor por más que lo podamos considerar un sentimiento noble y que nos eleva… En ocasiones, nos puede elevar y envilecer en exceso (y no sólo en la patología de la erotomanía…).

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