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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

¿Sigo siendo “virgen” si me masturbo?

La llamada “virginidad” es uno de los conceptos más cachondos y arcaicos (si no fuera porque en ocasiones deviene dramático) de los que se maneja en esto de regular, controlar, apropiarse y privatizar la capacidad reproductiva de las mujeres. Desde que la antropológica “ley de la exogamia”, que obliga a no compartir hembra del mismo linaje (tabú del incesto) y evitar las del mismo clan, tribu o grupo más cercano y la inauguración del patriarcado como fundamento de la ordenación social, la mujer devino un bien, propiedad del masculino responsable del grupo que debía ser intercambiado (enviada reproductivamente hacia “lo lejos”) en condiciones que garantizaran la unívoca y legítima línea patrilineal de su nuevo propietario. Esa garantía de calidad y fiabilidad del “producto” era la virginidad.

La virginidad tiene, todavía hoy en día, dos concepciones: una moral y otra biológica

Como concepto, la virginidad tiene, todavía hoy en día, dos concepciones; una moral y otra biológica (con el “hecho” de la pérdida del himen) y que suele ser empleada como refrendo de certificación de la anterior. Este proceso de encontrarle a lo moral una prueba “certifical” en lo inmanente suele ser habitual; se fundamenta un dogma moral y luego se encuentra “algo” que, en lo fáctico, en el mundo de los hechos, ratifique y certifique el dogma moral que se quiere imponer. Así, la virginidad como concepto moral implicaba que la mujer era “inmaculada” (no había padecido “mácula” o mancha alguna) en el “locus genitalis” (en el lugar donde se procrea y que ha marcado durante siglos todo un paradigma de la sexualidad), con lo que la progenie del primer varón que la “pillara” estaba asegurada en su propiedad. En lo biológico, se descubrió (o se construyó) una prueba física de que aquello que se pretendía moralmente se podía verificar; el himen.

En realidad, el himen es simplemente una frágil membrana que cubre parcialmente e intenta proteger de la exterioridad (un poco como pasa con los pelos de las orejas o de la nariz) la cavidad vaginal mientras ésta es todavía inmadura y que, normalmente, ha desaparecido para facilitar la primera menstruación. Pero no es algo taxativo ni uniforme; hay niñas que no lo tienen o por su extensión es inapreciable, hay veces en que es más duro y cartilaginoso, hay veces que produce un pequeño sangrando al desprenderse, pero muchas otras en las que no produce el más mínimo síntoma apreciable…Y sobre todo; el motivo que produce que se desprenda es imprevisible y suele pasar inadvertido ese hecho hasta para la propia chiquilla. El himen se va progresivamente debilitando hasta que un buen día (sabe Dios cuándo y por qué motivo traumático o no traumático), se hace indetectable (ya no está). Con todo ello, decir que el himen (su existencia o no) es una prueba irrefutable de que la mujer sigue siendo virgen (que “certifica” que, por la entrada de la cavidad vaginal, “no ha pasado nada”) es poco más o menos como querer certificar que un perro no muerde por el color de su pelaje.

Conservar el himen es poco probable si se ha jugado con introducirse un dildo o los dedos, de igual manera que si se ha saltado, montado en bici o corrido

No hace mucho, me contactó a través de un mensaje una chiquilla que me planteaba una particular duda; no sabía si por el hecho de masturbarse hubiera podido perder la virginidad. El que una jovencita de nuestra cultura pudiera seguir preocupada por cuestiones como ésta (digo de nuestra cultura, pues en otras, esas dudas no son meras curiosidades sino una inquietud terrorífica pues puede ser el paso entre la vida y la muerte o entre la aceptación y el desprecio social) debería inducirnos a todos a varias cuestiones. La primera de ellas es el qué carajos y sobre todo a quién carajos le importa el que ese difuso concepto se de en ella, y luego el qué entiende ella por “virginidad”. Si entiende el aspecto moral que implica que esa joven no ha sido “tocada” ni por su propia mano, en sus reproductivos genitales con finalidades eróticas o de gozo (algo extraordinariamente improbable el que se de en el mundo el que una chiquilla que no haya sentido curiosidad y una incipiente experimentación por lo que hay allá abajo), pues posiblemente por el hecho de masturbarse pueda considerarse a sí misma en la categoría (benditamente mayoritaria) de “no virgen”. Si lo que entiende por “virginidad” es que si conserva su himen, debe saber que si la masturbación o su intento ha sido producida en la exploración de la vulva, pues posiblemente lo conserve (o no) pero, si en la masturbación ha jugado con la introducción de algún dildo o de los dedos, pues posiblemente del himen no quede ya gran cosa (como posiblemente tampoco quedaría gran cosa a poco que corra, salte, o monte en bici).

Un asunto preocupante

Lo cierto, y lo constatamos los que estamos a diario en las trincheras de la educación sexual, es que en nuestras latitudes, la virginidad (aún sin saber la mayoría la génesis de su sentido y su “pragmática” finalidad) sigue siendo para muchas chicas un tema de preocupación… Lo cual es, en sí mismo, un asunto preocupante para todos.

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