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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

Close up of peeled banana, Illuminated by the light of the sun.

La fimosis: explicación y curiosidades

Entre las distintas cosas que conocemos de los griegos, en relación con los perros, se pueden señalar dos; que los podían pasear con correa y que, en ocasiones, utilizaban con ellos un bozal. El llamado “kinodesme” (que significaría algo así como “nudo de perro”) era el normalmente empleado para sujetar al can y que no campara a sus anchas, pero como término conocemos el “kinodesme” porque era el nudo que solían hacerse los atletas griegos en el prepucio, bien con un cordel, cinta, hilo o trozo de cuero para que, durante el esfuerzo, no se mostrara lo que ellos consideraban obsceno, que no era el pene en sí (pues se exhibían y competían en Grecia desnudos ) sino el glande. Pero, si además de llevar al perro sujeto, el perrito tenía “malas pulgas”, para impedir que pudiera morder se empleaba una especie de bozal rudimentario que se le colocaba sobre el hocico; el “phimós” y que, para algunos autores, tanto significaba el hocico en sí como el lazo que lo amordazaba, impidiendo que mordiera. De este término, “phimós”, procede el nombre con el que la incipiente clínica francesa del XVI designó una enfermedad concreta que afecta al pene; la fimosis (como término, fue en su tiempo un neologismo, pues los griegos nunca llamaron a la fimosis, “fimosis”).

La circuncisión: de lo funcional a lo religioso

Por la etimología del nombre del padecimiento, se comprenderá que la fimosis es, básicamente, aquella dolencia en la que el prepucio actúa involuntariamente como lo hacía el “kinodesme”; cerrándose de forma que actúa como una mordaza (“phimós”) sobre el glande, de manera que se produce una dificultad o una imposibilidad en la retracción de la piel prepucial sobre el glande, con lo que éste no puede quedar expuesto produciendo las subsiguientes consecuencias de muy diverso orden (desde la proliferación de infecciones en la zona, a dolor en las relaciones sexuales pasando por la imposibilidad de orinar). Como padecimiento, se conoce desde que los hombres tienen pito (que viene a ser desde hace mucho tiempo) y, de hecho, su incidencia ha debido ser tan alta a lo largo de la historia que es más que probable que esa fuera la causa principal para que se adoptara, en algunas creencias, una medida preventiva radical (lo de “cortar por lo sano”) como es la circuncisión. En efecto, como procedimiento quirúrgico, la circuncisión, que consiste en cortar en redondo una parte significativa del prepucio, es posiblemente la intervención quirúrgica más antigua de la que tenemos constancia. Se conserva, por ejemplo, un fresco egipcio funerario de hace unos 4.500 años que representa claramente esta intervención a un adulto. Bien es cierto que si, como decimos, la causa más probable de que la adopción cultural de la circuncisión en varones tuviera un origen meramente funcional (la incidencia como reseñábamos de la fimosis y otras infecciones peneanas), pronto se revistió esta causa bajo parámetros más de orden religioso (de tipo sacrificial o de filiación), como fue el que, por ejemplo, algunas religiones semíticas como el judaísmo (en el Islam, es una práctica más “relajada” y aunque favorecida, consideraba preislámica) la adoptaran hace más de 3.500 años como circunstancia de su propia condición de judío (los mencionados griegos, por ejemplo, repudiaban esta intervención y discriminaban a quien se la había realizado… Posiblemente no por la intervención en sí y por su repudio a mostrar al glande, sino por diferenciarse de las culturas que sí la habían adoptado).

Explicación de lo que es la fimosis y edades más propicias para sufrir esta dolencia

Como padecimiento en sí, la fimosis se puede presentar a cualquier edad de un varón, si bien en los recién nacidos, esa dificultad de retraer el prepucio del glande es enormemente frecuente sin que por ello implique que el chiquillo tenga que tener fimosis; muchas veces, la causa de dicha dificultad es simplemente la falta de desarrollo genital que conlleva adherencias balanoprepuciales, que suelen desaparecer entre los 3 y 4 años de vida, de forma que la normal movilidad del prepucio sobre el glande suele quedar resuelta en la inmensa mayoría de los casos al final de la adolescencia. En el caso contrario de que no se resolviera y sugiera esa disfunción entre el prepucio y el glande, sí se podría empezar a hablar de fimosis (no confundir en ningún caso tampoco el que haya un exceso de piel por la propia configuración del pene; si esta piel, por abundante que sea, desciende y recupera su posición sin dificultad, no hay fimosis). Lo generalmente aconsejable por la urología, por tanto, suele ser, en nuestras latitudes, que se espere a determinar la existencia de fimosis hasta los doce años de edad aproximadamente antes de proceder a un tratamiento quirúrgico. Cuando la dolencia se presenta en adultos, hay un primer tratamiento medicamentoso recomendado a base de pomadas esteroides que suele tener buenos resultados, pero en caso contrario, conviene realizar la citada intervención (la circuncisión o postectomía) que tiene normalmente carácter ambulatorio con anestesia local, un postoperatorio relativamente sencillo y no muy traumático (aunque un poco molesto). Hay casos derivados de una fimosis no tratada en los que la intervención quirúrgica de urgencia puede ser necesaria, como es la llamada “parafimosis“, en la que el prepucio que no circula bien, acaba estrangulando el glande por debajo (se queda bajo la corona del glande), de manera que corta la irrigación sanguínea.

Más curiosidades…

Representaciones fálicas de carácter realista de la antigüedad conservamos muchas. Una de las más célebres es quizá la representación del dios Príapo que se conservó en Pompeya en la llamada Casa de los Vettii. En ella, se puede ver a la divinidad de monstruoso pene, pesándose orgulloso el miembro. Pero si se observa con más detenimiento, se puede contemplar un pene que apunta con inquietante claridad a estar padeciendo fimosis. Lo mismo sucede con multitud de “fascinus” (pequeñas representaciones, en bronce, de falos que los legionarios romanos solían llevar al cuello para darse vigor y protegerse del mal de ojo); muchos de ellos están literalmente estrangulados por un prepucio excesivo y cerrado. Y es que muchas de esas representaciones puedan tener también una función votiva tanto de agradecimiento o ruego por sanar como para evitar el que suceda (un “Que Dios nos libre”), y es que ya sabemos que de antiguo, el horror que procuraba a un varón cualquier cosa que pudiera poner en cuestión la virilidad masculina y el que una fimosis impidiera con normalidad una erección o una eyaculación era una de ellas… Vamos, que para ellos, la fimosis debía procurarles una “vida de perros”…

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