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Taller de Lectura

El blog de Mara Malibrán

Fleur Jaeggy, escritora

Un mundo inquietante

Reúne todos los rasgos de los escritores de culto. Una voz única, reconocimiento de la crítica, lectores selectos y una trayectoria sólida, alejada de la voraz industria editorial. Fleur Jaeggy, de lengua madre alemana y que escribe en italiano, pertenece a esa tradición de voces europeas inimitables, que van de Hölderlin a Thomas Bernhardt.

Su obra se reparte entre la novela corta y los libros de relatos, como ‘El último de la estirpe’: 19 cuentos espléndidos que transcurren en los espacios recurrentes de la escritora: habitaciones cerradas, castillos, campos de concentración, ciudades vacías. Allí se entretejen las historias de niños, adolescentes, hermanos y mujeres, sobre todo mujeres: que se aman, se odian y no encuentran salida, como las protagonistas de “Agnes” (“Cásate con un hombre. La pequeña frase se había vuelto una letanía insistente. Yo limpiaba la casa, mi novia dormía”); niñas crueles, como la de “La heredera” (“Quería la destrucción de aquella mujer que quería su bien”), uno de los más escalofriantes.

Los libros de Fleur Jaeggy

Jaeggy nos sirve, en la bandeja de plata de su prosa fría, impecable y esencial, una verdad siniestra y a veces insoportable. Esa atmósfera de misterio y soledad que envuelve sus cuentos se extiende también a su vida. Que más que discreta, es clandestina.

Por las escasas entrevistas que ha concedido, sabemos que tiene una gata, Tsanga, que está casada con el escritor Roberto Calasso y que fue íntima de la gran poeta austriaca Ingebor Bachmann. En ‘Los hermosos años del castigo’, una soberbia novela corta, autobiográfica, nos traslada al elitista internado suizo donde la narradora pasa su adolescencia en un ambiente claustrofóbico y perverso. Allí se siente atraída por la severa e inteligente Frédérique: “Me declaré, declaré mi amor. Más que a ella, me dirigía al paisaje”.

La frase: “Algunos años después, Fréderiqué intentó quemar su casa de Ginebra, las cortinas, los cuadros y a la madre. La madre leía en el salón”. Fleur Jaeggy, en ‘Los hermosos años del castigo’.

 

Los libros del taller de lectura de Mara Malibran

‘La flor y nata”, Mamen Sánchez. (Ed. Espasa) 

El vértigo del éxito ha acompañado siempre a esta escritora, que se ha convertido en una de las voces más brillantes de la actual comedia romántica. Mamen Sánchez la borda, haciendo gala de una prosa cuidada y un agudo sentido del humor. Esta vez, lo logra con un libro que es casi una autobiografía. La historia de una joven, inteligente y desenfadada periodista de clase acomodada, que trabaja en el medio estrella del periodismo amable, la revista ¡Hola!, cuyo padre dirige.

Estamos en los 90 y la protagonista busca su primera gran exclusiva. La novela es una delicia que se lee de un tirón y nos descubre el mundo de la alta sociedad. Tras esta trama, tan entretenida como amable, por donde desfilan famosos de entonces y de hoy, late otro trasfondo de mayor calado, el que contrapone a la familia protagonista, unida en sus valores, frente a esa frivolidad.

Es esa historia la que discurre sumergida a lo largo de la novela. Un homenaje a la familia de la autora y, especialmente, a su padre. “No hay en este mundo un abrazo comparable al de un padre. Nadie que lo iguale: amigo, novio, marido, hijo”.

¿Cómo debería leerse un libro?, de Virgina Woolf.
Un consejo: “Si cuando leemos pudiésemos ahuyentar las ideas preconcebidas, sería un comienzo admirable. No dictemos al autor, procuremos ser él. Seamos su colega y su complice”. Virginia Woolf.

Este texto está extraído de la conferencia “¿Cómo debería leerse un libro?” (editada en España por Olañeta), pronunciada por la escritora Virginia Woolf en un colegio privado de Hayes Court (Kent), en 1926.

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