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El blog de Mara Malibrán

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Una mujer que invita a pensar

“Soy una gran amante de las artes, las humanidades y las ciencias. Soy novelista y feminista.  También soy una lectora apasionada” Además de todo esto, Siri Hustvedt tiene un doctorado en literatura inglesa, varios premios literarios de fuste, y es una metódica estudiosa de las ciencias, de lo que ella llama “la pieza biológica”.

 

Si como novelista es francamente buena (imprescindible lectura, “Un verano sin hombres” Edit Anagrama; y “Todo cuanto amé” Edit Circe), su faceta intelectual de pensadora contemporánea es aún más interesante. “La mujer que miraba a los hombres que miran a las mujeres” (Edit, Seix Barral) es un compendio de ensayos, conferencias y artículos que van del psicoanálisis, la neurociencia o el feminismo a artistas, como Picasso a Susan Sontag, o Louise Bourgeois.

El atractivo de este libro reside en que a través de estos artículos, escritos con una prosa sencilla y amable, Siri reflexiona, con una facilidad formal pasmosa, sobre el feminismo, el sentir de las mujeres, el machismo el psicoanálisis o el suicidio.

De entre todos ellos, el que lleva por título, “No somos competencia”, es particularmente interesante.

 

Hutsvedt está casada con el conocido escritor estadounidense, Paul Auster; hecho que en la mayor parte de las entrevistas que se le han hecho, se pone siempre no solo de manifiesto sino en primer lugar, como una información determinante en su biografía.

Ella misma, en este artículo al que nos referimos, cuenta cómo un periodista chileno que la entrevistó insistía una y otra vez en que en realidad había sido su marido quien le había enseñado psicoanálisis y neurociencia “incluso después de que yo se lo desmintiera con rotundidad, pues mi marido tenía poco interés en ambas”.

 

Esta reveladora anécdota la introduce la novelista para reflexionar acerca del diferente tratamiento que tienen los novelistas frente a las novelistas, y como a estas las leen mayoritariamente las mujeres y, en cambio, a los novelistas los leen, de forma proporcional, hombres y mujeres. En otras palabras, como señala la autora, los hombres que escriben literatura de ficción cuentan con un público que es representativo del mundo en su conjunto, mientras que las mujeres no.

 

Otra anécdota personal es la que da sentido al título de este capítulo que comentamos, “No somos competencia”. La novelista noruega confiesa como hace años le preguntó, en una entrevista abierta al público, al también escritor noruego Karl Ove Knausgard, por qué en un libro en el que había cientos de referencias a escritores, solo mencionaba a una mujer, Julia Kristeva.

 

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¿No había –pregunto Siri– otras obras escritas por una mujer que hubieran tenido alguna influencia sobre él como escritor? La respuesta del emotivo escritor fue un lacónico: “No son competencia”.  Este ataque de descarada superioridad masculina, en un hombre del que la novelista nos informa que de niño fue objeto de burlas, lo llamaban jessie, afeminado, es revelador de cómo la escritura no es un mundo aparte; es un territorio más donde las mujeres padecen la marginación.

 

Hustvedt sigue,

 

Knausgard no es el único que descarta a las mujeres como competencia. De hecho, él tal vez sea más honesto que muchos escritores, académicos y compañeros que no ven o no escuchan a una mujer porque no es competencia (..) Intuyo que para él competir, literariamente o de otro modo, significa medir fuerzas con otros hombres. Las mujeres, por brillantes que sean, simplemente no cuentan.”

 

Y concluye,

“Todos, hombres y mujeres, codificamos la masculinidad y la feminidad en esquemas metafóricos implícitos que dividen el mundo por la mitad. Las ciencias y las matemáticas son difíciles, racionales, reales, serias y masculinas. La literatura y el arte son fáciles, emocionales, irreales, frívolos y femeninos (…) La novela ha sido siempre una forma vulgar e incluso menospreciada, estrechamente vinculada a la vida doméstica, las mujeres y sus sentimientos

 

Siri Hustvedt se apoya en las anécdotas, en los relatos, en la vida misma para llevarnos con inteligencia hacia el intrincado universo de la reflexión. En todos los ensayos de este oportuno y deslumbrante ensayo, trasluce la gran capacidad dialéctica de una escritora que de forma natural, aparentemente sencilla, conduce al lector de lo particular a los grandes temas de la vida, haciéndole disfrutar, sonreír y pensar.

 


 

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