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Taller de Lectura

El blog de Mara Malibrán

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La más larga historia de amor

“Daría mi vida por protegerte mañana, por que no te alcance nunca ninguna desdicha, ningún dolor, ningún veneno de los hombres”. Daniel, poema; en Ordesa.

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Por temor a que desaparezca la sensación inexplicable de melancólica felicidad que la lectura de este memorial deja en el alma, siente una el impulso de no volver a leer nada más. Quizás, porque la emoción que suscita proviene al compartir con el poeta –porque Vilas es un poeta que escribe en prosa– ese asombro sideral que produce la desaparición de los padres: “El hecho de que jamás pueda volver a hablar con ellos me parece el acontecimiento más espectacular del universo”. O tal vez porque la muerte de los seres más queridos, que siempre llega, nos conduce hacia el precipicio, esa idea tan concisamente expresada por el autor de que “justamente entre los muertos vive la verdad y lo hace de una forma luminosa”.

En este sentido, Ordesa tiene algo de revelación fantasmagórica. Lo que sucede es que los fantasmas de Vilas son los de todos nosotros. Los de la España de los 60, la de sus padres, y la de los los 70 y 80, “cuando la vida iba más despacio y podías verla”. Un niño de Barbastro, en una casa de alquiler, con un padre, representante comercial, que recorre España, con su Seat 1.430, vendiendo tejidos, “toda la vida detrás de una comisión a la intemperie que no te dio para nada”; y una madre, la divina indiferente, en su mundo, obsesionada por no desperdiciar.

Familias de la clase media baja, del ropero y de las piscinas públicas, que Vilas retrata con rabia desde la conciencia de clase: “Mira que fuimos pobres y desgraciados tú y yo, en esta España de grandes hijosdeputa enriquecidos hasta la abominación”. Y también desde el amor absoluto a su madre: “Y aun así, pobres como ratas tú y yo, mantuvimos el tipo como dos enamorados”. En capítulos cortos, sin dar tregua al lector, con la recompensa final de nueve poemas sobrecogedores. Ordesa es una de esas bendiciones inolvidables de la literatura.

DENUNCIA Te encontraré. En busca del hombre que me violó. Joanna Connors, Errata Naturae.

“Hace poco llegué a la conclusión de que la manera de superar el miedo es ahondar en él, en lo que hay detrás”. Es lo que hace la autora, una periodista americana, tras ser violada brutalmente. Cuando su agresor ya ha fallecido, decide investigar a fondo qué le llevó a hacer lo que hizo.

El resultado es una investigación periodística que la lleva a recorrer cárceles, a enfrentarse con los familiares, a bajar al submundo de la miseria, y allí comprobar cómo el racismo, el machismo y un sistema penal pervertido crean violadores que, a su vez, son víctimas.

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APASIONANTE Cuando sale la reclusa. Fred Vargas, Siruela Policiaca.

No es un recurso de marketing llamar a Fred Vargas la reina de la novela negra. Lo es, sin ninguna duda. Y en esta, que recomendamos encarecidamente, y que hará las delicias de sus seguidores, la escritora francesa da una vuelta de tuerca al género, rompiendo las costuras clásicas de la trama.

El comisario Adamsberg, tras unas vacaciones, se vuelca en solitario en el curioso caso de unas ancianas que han fallecido a causa de una plaga de arañas reclusas, portadoras de un veneno que no es letal pero que tiene consecuencias. La trama nos remonta a la Edad Media, que Vargas, como buena arqueóloga, domina magistralmente.

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Además…

Ese misterio asimétrico llamado amor
Ese perverso objeto de deseo
Experimentando la soledad

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