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Taller de Lectura

El blog de Mara Malibrán

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La vida que llevamos

“Nosotros íbamos a envejecer juntos. Lo digo en voz alta por escucharme y compruebo lo melodramático que suena”. Antonio, en Feliz final.

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¿Podemos evitar que la precariedad laboral, la ansiedad y la ambición penetren en nuestra vida amorosa y la arrasen? En estos tiempos de malvivir social y consumo exacerbado, ¿son las parejas como las camisetas, un producto de usar y tirar que se se renueva cada temporada? Esta novela soberbia y brillante va de eso, de la agonía del amor en el capitalismo incontrolado y de la desazón de sus víctimas. Ángela y Antonio, tras 13 años de relación amorosa y dos hijas, deciden romper.
Desde el título, Feliz final, hasta la estructura narrativa, todo cursa en esta novela al revés, un juego original que implica activamente al lector en la historia. Arranca el relato con la ruptura de la pareja, cada uno cuenta su particular visión del fracaso, repartiéndose reflexiones y culpas: el ERE que aprieta, los apuros, la pérdida de los ahorros, la infidelidad. Hay páginas sublimes. Ella está en casa en excedencia, después de la baja por el embarazo de la segunda niña, y él, inmerso en la crisis de la empresa, circulando a diferentes velocidades; como dice Angela: “Es entonces cuando comprendes que no es que nuestra normalidad sea incompatible con criar hijos, es que es incompatible con la vida”; o la discusión de la protagonista con su suegra, la madre natural frente a la madre feminista liberada de los años 70, que, vencida, exclama el día de su segunda boda: “Casarse consiste en elegir qué malestar estás dispuesta a aguantar en los próximos años.”
La historia culmina con ese momento único del enamoramiento, narrado magistralmente; la pasión vencida, que ya ha sido doblegada por el sistema, pero que hace exclamar a Antonio en un mensaje esperanzador: “Nunca habría entendido como hoy lo entiendo que nos merecemos otro amor, un amor mejor, un amor sin tanto esfuerzo ni rencor, un amor sereno, sin melodrama, sin látigo ni miedo a estar solos”.

OTRA MIRADA. Qué mundo tan maravilloso. Lola López Mondejar, Páginas de Espuma.

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Psicoanalista y escritora, nos deslumbró con su última novela, Cada noche, cada noche, donde revisaba y denunciaba la historia de Lolita. Ahora repite en otro registro más literario si cabe, con estos 11 relatos que se unen bajo un título tan estimulante como certero. Mujeres que se enfrentan a sus emociones y a sus dudas, en un escenario de lugares imprevistos, el Caribe, París, el Amazonas, donde la vida se detiene y cobra un pulso revelador. Un libro bellísimo, que habla del deseo, de la entrega y de la desconfianza, de esos mares de sentimientos que nos hacen sentir que el mundo podría ser maravilloso.

 

CLÁSICO IMPRESCINDIBLE. Lo que Maisie sabía. Henry James, Gatopardo ediciones.

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“James nos arrastra a un mundo perdido y nos ahogamos allí. Ese es su encanto y su desafío”. No encuentro mejor definición del mundo jamesiano que esta que Nora Catelli señala en el magnífico prólogo de esta pequeña joya de un escritor que, como bien dice, convirtió la novela, entre el siglo XIX y el XX, en un arte tan elevado como la poesía o el teatro.
La separación de sus padres obliga a la pequeña Maisie, desde los seis hasta los 11 años, a vivir seis meses con cada uno de ellos. “Será el sino de esta paciente niña ver mucho más de lo que podía entender…”, pero su mente perspicaz traspasa el triángulo sentimental y va mucho más allá.


 

Además…

Nada es lo que parece
Ese perverso objeto de deseo
El pasado que explica el presente

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