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Taller de Lectura

El blog de Mara Malibrán

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Taller de lectura: “Dolor, papel y lápiz”

“Nosotros la llamamos abuela. La gente la llama la Bruja. Ella nos llama ‘hijos de perra'”.
Claus y Lucas, Agota Kristof.

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Una prosa que anda como un títere homicida. Así definía un gran crítico italiano el estilo de Claus y Lucas, la novela más emblemática de esta autora húngara. Y así es. Descarnado, desnudo, sin piel ni artificios, directo a la sensibilidad del lector, a ahogarle en una historia desoladora, que no es otra que la derrota de la vida en la Europa de la II Guerra Mundial.
Agota Kristof cruzó la frontera húngara con 21 años, detrás de su marido, implicado en la revolución fallida del 56. Se instaló en Suiza y trabajó de obrera; abandonó, pues, su país y su lengua, aprendió el francés y, 30 años mas tarde, publicó El gran cuaderno, la primera entrega de la trilogía que conforma esta novela, sin duda la más estremecedora. En una de sus escasas entrevistas, confesó: “Más habría valido que él (su marido) hubiera estado dos años en la cárcel que yo cinco en una fábrica. Lo pasé mal”. Sufrimiento y desarraigo, la mueca del exilio. Agota escribió para exorcizar ese dolor. La escritura como salvación. Dos gemelos de apenas seis años son los protagonistas de este libro imprescindible, que alguna vez hay que leer, aunque nos cueste, aunque sintamos las ganas de dejarlo y no podamos, tan adictivo como una droga. Su madre huye de lo que suponemos es la invasión nazi y los deja en casa de una abuela miserable. Ellos devuelven a los demás la crueldad con la que se les trata. Fríos y despiadados, se autoimponen una dura disciplina.

Víctimas y verdugos, no juegan, pero estudian y escriben todo lo que les sucede en un gran cuaderno que esconden. En La prueba, la segunda parte, se separan. Cuando Claus regresa a Hungría en busca de su hermano, exclama de Occidente: “Es una sociedad basada en el dinero. He vivido 30 años en una soledad mortal”. La misma que padece Lucas bajo el régimen comunista. No hay salida pues, parece decirnos Agota. O, tal vez, la única esperanza sea la escritura, porque, como dice Claus, “un libro nunca puede ser tan triste como la vida”.

LEÍDO EN… No tan incendiario. Marta Sanz, Periférica

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“Las mujeres no aplican nuevos valores para combatir comportamientos machistas, sino que se apropian de los mismos métodos cavernarios”. Hay que agradecer a esta escritora, una de las más interesantes novelistas y ensayistas, su estilo directo, pero siempre crítico y polémico. En la tensión entre lo nuevo y lo viejo, la reedición de este libro de pequeños y agudos textos es una bocanada de aire fresco en tiempos de calentamiento global. Plagado de preguntas, de reflexiones inteligentes, de dudas y certezas; donde se toca desde lo divino a lo humano, pasando por Zizek, el feminismo, los intelectuales y, por supuesto, la literatura y la política.

 

NUEVE JOYAS: Nueve cuentos malvados. Margaret Atwood, Salamandra.

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Le debemos tan buenos ratos a esta escritora canadiense, que es un regalo descubrir sus cuentos, que van de la ciencia ficción al thriller, pasando por el terror gótico, todo bien sazonado con ironía y retranca. Comenzad por el último, A la hoguera con los carcamales, se desarrolla en una residencia de ancianos y es uno de los mejores. Un retrato sin compasión de la vejez. Especialmente sarcástico, Lusus naturae, la niña monstruo que lee a Lord Byron y en primera persona nos habla de su condición; o, como no, Colchón de piedra, donde una cazamaridos descubre a su amor en un crucero por el Ártico. Y así hasta nueve buenos y divertidos ratos.


Además…

 El antihéroe globalizado
La novela: geografía del dolor
La gallina y el ama de casa

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