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Taller de Lectura

El blog de Mara Malibrán

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La extrañeza de vivir

“Siempre digo que sí, aunque me apetezca decir que no, porque yo siempre me reprimo.”  En La vida a ratos.

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Uno de los peligros que entraña la lectura del diario de un escritor es que la ausencia de la ficción acabe por hundir la narración en una monotonía soporífera que se produce por el exceso de subjetividad. Es lo contrario del caso que nos ocupa. Millás ha escrito una novela con estructura de diario, en la que no renuncia a la ficción. El protagonista es él, un escritor al que este mundo le resulta tan extraño y difícil que solo mediante la escritura logra sobrellevarlo. El poderoso narrador que se esconde tras este neurótico amasa deliberadamente la realidad a su antojo, la fantasea y la utiliza al servicio de la historia. El resultado es brillante. Ingenioso, conmovedor. De la mano de una prosa precisa, acompañamos a un pesimista existencial, seducido por el suicidio, por los escenarios de su cotidianidad: el taller de escritura creativa donde da clases, la psicoanalista, el metro, la tienda de los chinos, el tanatorio, las presentaciones de libros.
Por allí circulan el gato que atraviesa las paredes de la casa; su mujer que le observa, “con mirada clínica”; esa otra mujer fantasma que se cruza en el cuarto de baño; el hermano que recorre tiendas de animales para descubrir en los que se han reencarnado sus padres. Y los muertos, claro, la madre, siempre la madre. “No somos conscientes de lo raro que es venir a la vida, permanecer en ella durante tanto tiempo como vengo permaneciendo yo, observando la fragilidad de todo.”
Tierno y lúcido, este visionario también nos hace sonreír con su ingenio: “¿A qué va usted a Barcelona?”, me pregunta la mujer: “A volver”, digo yo”; y con cuentos perfectos, como el de Uri Geller, el ilusionista que doblaba cucharas. Piezas para coger aliento y respirar en el río de una novela feroz y soberbia que Millás cierra con un deseo imposible, el de regentar un kiosco: “Sería el punto final perfecto para una vida absurda. Todas lo son.”

MEMORIA. Pioneras. Historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi. Manuel Martorell, Txalaparta

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Está aún por escribirse la historia de las españolas que combatieron el franquismo. La vida de las hermanas Úriz llena en parte este vacío. Dos pedagogas navarras que trabajaron en la República lucharon por el feminismo, sufrieron un exilio convulso y ocuparon puestos de responsabilidad en organismos internacionales. Una biografía que nos revela la fuerte personalidad de dos hermanas cuyo trabajo estuvo condicionado por las durísimas luchas internas de los exiliados españoles en Europa.

 

EXQUISITO. Vida en el jardín. Penelope Lively, Impedimenta.

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¿Qué tendrá la dalia para haber sido la flor favorita de los impresionistas? Renoir y Monet la adoraban y la usaban en sus cuadros de naturaleza. Este último le dedicó parterres enteros en su jardín de Giverny, que creó para hallar inspiración y para pintarlo. La autora de este delicioso viaje por la jardinería visitó el de Monet cuando cumplió los 80. Es una jardinera de oficio y una escritora delicada y culta que nos seduce y relaja con sus consejos y curiosidades sobre este arte milenario.


Además…

 La mujer que escribe
Dolor, papel y lápiz
Amar una montaña

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