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Comerse el mundo

El blog de Raquel Sánchez Silva

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Carta de reconciliación a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos: Han pasado muchos años desde la última vez que estuvimos en contacto. Lo cierto es que no me hubiera costado tanto mantener esta misiva y, de paso, no abandonar nuestra intensa relación pero llegó un momento en que la vida me ofreció tanto en tan poco tiempo, que vuestra frecuencia de paso fue demasiado, ¿cómo diría yo?.. Agónica. A eso se sumó que no entendí bien lo que ocurrió en la cabalgata de Reyes de 1979. Sí, ya sé que rompí a llorar cuando tuve el honor de ser recibida en los brazos del propio Melchor durante su paso. No fue una reacción adecuada si hablamos de protocolo pero su trono estaba muy alto, se movía con el inestable traqueteo de un tractor y confieso que ya tan pequeña me sentí algo ridícula entre esa lluvia de caramelos y sentada en las rodillas de un hombre sino extraño, sí al menos, muy lejano.

Nuestra relación acabo de romperse esa misma noche. Superado el disgusto de la exhibición en la cabalgata, me retiré a mi habitación esperando la magia. Aguanté despierta todo lo que pude teniendo en cuenta que me arropaba una cerrada oscuridad impuesta. “Tienes que dormir que esta noche vienen los Reyes”-susurró mi madre. No hice nada que no hubiera hecho todas las Noches de Reyes anteriores de mi breve vida en aquel momento. Me levanté en medio de la oscuridad calculando las distancias para no golpear los muebles y avancé por el pasillo de puntillas hasta la puerta del salón. Desde allí, si todo salía como yo esperaba, encontraría a Los Reyes como otros años colocando los regalos debajo del árbol. Empujé ligeramente la puerta escuchando voces masculinas y me dije “Ahí están”. Cuál fue mi sorpresa cuando al asomarme para poder chequear el tamaño de las cajas de regalos y así poder adivinar su contenido contrastando este con las peticiones de mi carta, me encontré al mismo Rey Melchor que me había cogido en brazos, charlando animadamente con mi padre y tomándose un copazo de whisky. Parecían no tener prisa y los regalos esperaban esparcidos por el suelo del salón. Me pareció distinguir la voz de Simón, el mejor amigo de mi padre, aunque no llegué a verle entrar ni salir del espacio. Todo me resultó muy extraño y temiendo que, una de dos, o Melchor volviera a cogerme, o mi padre me regañase por la expedición nocturna que no debía hacer, regresé a la cama.

A la mañana siguiente, los regalos estaban esplendidos bajo el árbol. La ilusión que sentí fue igual o más intensa aún que en años anteriores aunque yo sabía que algo había cambiado. Doce mese después, ya no fue igual de arrollador. Ya no escribí mi carta de Reyes con la misma dedicación y esa incipiente desidia se transformó en abandono. El hecho de que se estableciese el régimen “Un solo regalo en enero” ( cumplo años una semana después de Reyes) tampoco ayudó. El caso es que perdimos el contacto y…lo siento.

Sé que habéis estado en casa esta noche y me habéis dejado un libro espectacular sobre uno de los shows favoritos ‘Saturday Night Live’ y una caja llena de los cuentos ‘La Magia de mi nombre’ que contienen los nombres de los hijos de todas mis personas queridas: Pablo, Juan, Antón, Julieta, Carola, Alfredo, Álvaro, Leo, Hernán, Miguel, Aitana, Enrique, Mauro, Lucas… Gracias por el detalle que me tomo como un toque de atención.

Mensaje recibido. Me pongo manos a la obra para llamar a todas mis amigas y decirles que habéis dejado regalos en casa para sus hijos y me apunto nuestra cita inexcusable para el año que viene. Siento haberos dejado un poco de lado pero he estado muy liada con tanta…vida. El año que viene escribiré una carta más concreta y fomentaré vuestro regreso para revivir acompañada aquella ilusión que no puedo olvidar: aquella luz que entraba por la ventana mientras abríamos los regalos en pijama, el año que me trajisteis aquel muñeco-creo que se llamaba Mi Bebé- del que aún recuerdo el olor, la cocina de Barbie cuya minúscula batidora destrocé quemando su pequeño motorcito, el tacto de los mandos del Scalextric de mis primos, aquel biberón milagroso que se autorellenaba, el armario de la Nancy, su competidora Lesly, puzles, disfraces, cuentos, la colección hadas de Barriguitas…Lo recuerdo todo con tal claridad que ahora entiendo lo estúpido de esta ausencia.

Me toca ahora alimentar la ilusión de los Reyes de nuevo y volver a festejar esta mañana como hace más de 35 años. Hasta que ese momento llegue, ¿puedo pediros algo antes del 6 de enero de 2017? Por favor, ¿podríais poner otra iluminación navideña en casi todas las ciudades de España? Siento ser tan directa pero con los años , habéis perdido el exquisito gusto que inspirabais para iluminar. Menos mal que ayer, en Hervás, me topé con esta sencilla y preciosa estrella azul que me recordó vuestra magia.

Os espero de nuevo dentro de un año. Estaré levantada. Ya lo sabéis: Mi casa es vuestra casa.

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