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El blog de Raquel Sánchez Silva

Raquel Sánchez Silva, en las cataratas de Iguazú vistas desde Argentina

Y llegó el espectáculo: las cataratas de Iguazú desde Argentina

No hay comparación. Y esta es la verdad. La visión de las cataratas del río Iguazú desde el lado brasileño es magnífica pero las posibilidades del paseo por los diferentes niveles que te permite la visita desde el lado argentino, es otra historia.

Para empezar, la posibilidad de tomar un tren hasta el arranque del salto más impresionante del parque: La Garganta del Diablo. Eso lo cambia todo. Poder situarte frente a ese monstruo que ruge y escupe agua como si quisiera arrasar el mundo. Es verdaderamente sobrecogedor. Y esa visión de la fuerza incontenible de la naturaleza, tiene su mejor ejemplo en las cataratas compartidas pero vistas y visitadas desde el lado argentino. En el recorrido de las distintas pasarelas, tienes opción de situarte bajo las cataratas y sobre ellas, así como en un punto intermedio para dejarte llevar.

Las cataratas de Iguazú, vistas desde Argentina

Las cataratas de Iguazú, vistas desde Argentina

Las cataratas de Iguazú, vistas desde Argentina

Las cataratas de Iguazú, vistas desde Argentina

Nuestra experiencia fue impresionante. Una fuerte tormenta nos pilló a unos minutos de La Garganta del Diablo. Ya empapados por el vapor de agua de las cataratas y por las oleadas de agua que empuja el viento, decidimos no parar y regresar a la entrada del parque bajo una lluvia similar a la de cualquier tarde asiática en pleno Monzón. No dejaba de llover. Una lluvia tremenda sobre la selva que recorríamos en zigzag chapoteando dentro de nuestras propias zapatillas. Acabamos en el porche de un Centro de Interpretación como si fuéramos esponjas. Afortunadamente se me había ocurrido llevar una toalla pequeña que (y aquí llega el fallo) había colocado al fondo de la mochila, por lo tanto, también estaba empapada. Con papeles del baño, logré secarme como pude y cambiarme al menos, la camiseta. El pelo chorreando, los shorts, las zapatillas y los calcetines en la mano…

Raquel Sánchez Silva, en las cataratas de Iguazú vistas desde Argentina

La vuelta en autobús a Puerto Iguazú me recordó algunos de los mejores momentos de mis viajes por Asia y la temporada de agua en la zona china de Las Tres Gargantas. Esas tardes en la furgoneta, secándonos el pelo con toallas mientras perseguíamos a concursantes de Pekín Express. Sólo en esos minutos, vencida por la naturaleza, sientes el calor interno físico que te regala la pasión por viajar. Ese placer que te puede llegar incluso a emocionarte unos segundos al recordar otro punto y otro momento, un ser querido que se ha marchado, un instante de la infancia… Los viajes abren compuertas internas que, a veces, como cataratas, se desbordan.

Raquel Sánchez Silva, en las cataratas de Iguazú vistas desde Argentina

El año pasado en El glaciar Perito Moreno y este en Las cataratas del Iguazú, ambos viajes me han confirmado algo que siempre intuí: el turismo natural en Argentina es majestuoso. Ya estoy pensando en los próximos destinos: Salta, Bariloche, regreso a La Patagonia… Es un país, como ellos dirían, hermoso y, como yo añado, brutal. Tiene algo de esa furia que esperas de la gran naturaleza. Esa que es indomable y superior a todo lo que podamos crear.

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