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El blog de Raquel Sánchez Silva

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El cerro tronador

Todas las lectoras y lectores de este blog sabéis que antepongo la experiencia y la aventura a casi cualquier incomodidad u obstáculo que haya que superar para vivir el momento. Pues en el caso de la visita al Cerro Tronador, en Bariloche, esto es imprescindible porque llegar hasta él no es precisamente rápido.

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El Cerro Tronador es único por muchas razones entre otras que es un volcán que no parece un volcán por los glaciares que lo van desgastando camino de Chile o de Argentina. Porque los 3554 metros de latitud del tronador son frontera en los Andes y destacan desde varios puntos del Parque Nahuel Huapi en Argentina. Puedo contar la experiencia desde el lado argentino porque no visité el chileno.

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Lo primero que debéis saber es que el acceso por carretera es bueno. Hay un largo recorrido por camino de tierra pero está cuidado y no es peligroso (no ,al menos, en verano). Pero, atención, porque es largo. Es más de una hora, casi una hora y media en coche desde la entrada en la reserva hasta el Ventisquero Negro ( el glaciar más singular del Cerro Tronador).

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Se trata de un único camino por lo tanto hay unas horas de ingreso y otras de salida. Básicamente puedes entrar hasta las dos de la tarde aproximadamente y el regreso empieza a las cuatro y media. Si vas, no olvides consultar estos horarios.

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Una vez llegues al cerro, no te sientas decepcionado por el color del glaciar. Si imaginas un glaciar blanco inmaculado como el Perito Moreno, este no es tu lugar. El Cerro Tronador cuenta entre sus glaciares con el más próximo al visitante: El Ventisquero negro que de tan largo recorrido y arrastre es precisamente de este color. Es un glaciar que, además, se alimenta de otro superior, a 700 metros de altura, el glaciar Manso.

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Es un lugar único y, desde luego, un paisaje muy diferente a todo lo que podáis ver. A mí, la singularidad, me encanta. Una vez visitéis el glaciar (repleto de tábanos en verano, imprescindible llevar repelente) podéis hacer varias rutas hacia los saltos de agua del Tronador que son varios.

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Para finalizar, os recomiendo una porción de tarta en la cafetería de madera a los pies de la montaña. Y quizás, un café. No olvidéis que , por delante, queda más de una hora de regreso por un camino de tierra, piedra y curvas. Paciencia y a disfrutar… Con un poco de suerte, la montaña os regalará uno de sus desprendimientos a los lejos, tan fuertes y temibles como los peores truenos, y entonces, comprenderéis por qué lo llaman El Tronador.

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